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El teléfono, o el amor a tres

Siempre hay que recibir con aplausos las actividades y eventos que una entidad como el Teatro real de Madrid organiza de cara a los niños y jóvenes. Hace mucha falta que se multipliquen las citas de los menores con el mundo de la cultura y, en concreto, con la ópera

25 mar 2019 / 10:00 h - Actualizado: 25 mar 2019 / 10:14 h.
  • Sonia de Munck, Pepe Viyuela y Gerardo Bullón. / El Correo
    Sonia de Munck, Pepe Viyuela y Gerardo Bullón. / El Correo

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La mañana en Madrid era espléndida. Todo invitaba a dar un paseo por la ciudad. A eso o a ir a escuchar la ópera de Gian Carlo Menotti, en el Teatro Real de Madrid, una obra que lleva por título El teléfono, o el amor a tres. Menotti, al escribir la obra, ni siquiera fue incapaz de intuir que en pleno siglo XXI su obra sería tan moderna y se podría presentar ante los jóvenes que ya utilizan otros teléfonos (el autor habla de los antiguos fijos), que incluso pueden escribir con ellos y que dependen de esos objetos como de cualquier órgano vital (eso creen algunos).

La ópera de Menotti no es nada del otro mundo. La partitura es divertida y poco más; el libreto es divertido y poco más. Pero es muy agradable. El director musical, Jordi Navarro, trabaja bien con los integrantes de la Orquesta Titular del Teatro Real de Madrid y sale airoso de un compromiso menor.

Cuenta el espectáculo con un presentador, Pepe Viyuela, que sí logra arrancar las primeras sonrisas en las butacas desde el primer momento. Algo histriónico en algunos momentos aunque cumple bien.

Gerardo Bullón (justo de voz y con su interpretación) y Sonia de Munck (más entonada en todos los sentidos) fueron los cantantes que defendieron los papeles de Ben y Lucy, únicos en la ópera. El reto no era exigente en absoluto, ni vocal ni actoralmente. La historia que trata de contarse trata de cómo en una pareja pueden producirse desencuentros al hacerse un mal uso del teléfono, cómo un objeto puede ser motivo de disputas y decepciones. Los niños y los adultos conocen el asunto y entienden el mensaje perfectamente. La verdad es que es un mensaje maravilloso el que les llega desde el escenario.

El Teatro Real no se llenó aunque sumó una entrada más que aceptable. Es mucho el aforo y pocas las familias interesadas en la ópera. Una pena. Aunque insisto en que este tipo de iniciativas son formidables y terminarán calando en sectores de la sociedad que, de momento, se encuentran al margen de estas ofertas.


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