Emilio Rivas nos lleva a las entrañas del teatro

El Teatro Lope de Vega abre la nueva temporada con ‘Take a walk on the wild side’, una propuesta de teatro de la experiencia del creador gaditano Emilio Rivas

02 oct 2021 / 21:15 h - Actualizado: 02 oct 2021 / 21:19 h.
"Música","Poesía","Teatro Lope de Vega"
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El Teatro Lope de Vega abre hoy su temporada teatral con ‘Take a walk on the wild side’ una singular propuesta del creador gaditano Emilio Rivas que se conforma como un recorrido experiencial, cargado de poesía, que se adentra en las entrañas del edificio.

El trayecto comienza en la calle, frente del edificio del Casino que colinda con el teatro. Las acomodadoras nos dan unos auriculares que, a manera de audioguía, deberemos llevar puesto durante la singladura. Emilio Rivas aparece al fondo, en la explanada que hay justo antes de la puerta principal del Casino y su voz se cuela por los auriculares. Con tono acariciante el artista nos habla de la etimología y el significado de la palabra teatro, que viene del latín theatrum, que a su vez viene del término griego théatron que significa “lugar para contemplar”.

Es justo lo que Rivas nos propone, un ejercicio de contemplación activa del edificio que comienza en los jardines, que por cierto no están muy cuidados. Tampoco el edificio del teatro, que él define como “dejado”, lo que desde luego podemos comprobar cuando accedemos a algunos de sus espacios a los que normalmente no tenemos acceso, como la terraza, donde la pieza se detiene para ofrecernos una suerte de conversación cotidiana entre dos chicas que nos han acompañado hasta entonces disfrazadas de dinosaurios. Al final de su conversación, y antes de proseguir su singular andadura, nuestros oídos recogen una música discotequera con la que el artista reivindica la alegría que quiere imprimir a la pieza, una alegría que contrasta con su discurso, que a pesar de su tratamiento poético destila un cierto halo de melancolía.

Acompañados por su voz subimos y bajamos escaleras adentrándonos en las entrañas del teatro, hasta llegar al mismísimo escenario, donde el artista nos habla de su entrevista con el jefe técnico del Lope de Vega, que lleva allí ejerciendo su oficio desde los años 80, lo que le ha permitido conocer e interactuar con una nutrida nómina de grandes artistas. Tal vez por ello reconozca que lo más bello no radica en el hecho artístico en sí, sino en las relaciones humanas.

Y tras esa conclusión, se abre ante nosotros el telón y nos encontramos en primer plano con esa impresionante lámpara que llama la atención de los espectadores nada más entrar en el patio de butacas. Pero ahora está abajo, justo a la altura de nuestros ojos, proporcionándonos una perspectiva muy diferente que cambia cuando, una vez en el patio de butacas, nos sentamos para contemplar la escena final, ya sin los auriculares, con la que Rivas reivindica que el teatro sea una manifestación más de la vida.


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