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La Gazapera

Figuras y figurones

Cuando Juan Valderrama le tocó salir al escenario, con el teatro lleno, se reían de él porque nunca lo habían visto con un traje sino con la típica vestimenta del campo...

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
06 mar 2021 / 10:27 h - Actualizado: 06 mar 2021 / 16:15 h.
"Flamenco","Teatro","Arte","Facebook","La Gazapera"
  • Juanito Valderrama. / El Correo
    Juanito Valderrama. / El Correo

Me contaba el maestro Juan Valderrama que cuando no existía Internet, ni desde luego las redes sociales, había en los pueblos algunos artistas de escasa calidad que se dejaban ver por los ambientes flamencos para hacerse fotos con los cantaores de renombre, con las que luego fardaban en sus pueblos. Me contó también que uno de estos le interesó porque era famoso en su comarca y le ofreció cantar en su compañía solo esa noche. Como era de escaso poder económico, le compró un traje para la actuación y el traje trajo cola.

Cuando le tocó salir al escenario, con el teatro lleno, se reían de él porque nunca lo habían visto con un traje sino con la típica vestimenta del campo. Algo abochornado, les dijo a sus paisanos: “Ustedes reíros, pero mañana tendréis que ir todos a coger algodón y yo ya me codeo con Valderrama, que me va a dar 20 duros”. El tío se creía ya que era artista, se le había subido el traje a la cabeza. No era buen cantaor, pero Valderrama lo metió en el cartel para que sus paisanos llenaran el teatro. Era una estrategia que utilizaban también Marchena o la Niña de la Puebla para meter público en los pueblos.

Hoy están las redes sociales y hay decenas y decenas de intérpretes que son verdaderos maestros de la autopromoción y que incuso dan sus recitales en peñas o festivales de poca monta. Algunos tienen miles de seguidores en Facebook. Son auténticos buscavidas, con una habilidad asombrosa. Suelen ser críticos con los críticos, algunos con mala educación, porque nos responsabilizan de tener la nevera medio vacía en estos tiempos de crisis, en los que hasta las primeras figuras lo están pasando regular.

Me contó también Valderrama que la estrategia citada daba a veces sorpresas nada agradables a los grandes artistas, como Marchena o él mismo. Cuando Antonio Molina entraba ya en decadencia y había perdido facultades, estando una noche en un teatro de un pueblo de Córdoba pidió, que si alguien cantaba mejor que él subiera al escenario. Levantó la mano un gañán, subió al escenario y le dio tal paliza a Molina que lo destempló haciendo el propio repertorio de la estrella malagueña e imitándolo a la perfección. Viéndose el maestro en evidencia, le dijo: “Canta usted bien, pero el verdadero Molina soy yo”.

En la próxima Bienal habría que dedicarles un ciclo a los artistas flamencos de Facebook. Sería un éxito, porque aunque no sean fenómenos, se venden de una manera sorprendente. No necesitan ni críticos que analicen su arte. Se hacen ellos mismos las críticas y nunca les coge mal. “Anoche canté en Olivares y me visitaron los duendes”, por ejemplo. Algunos están sembrados. Y siempre entran en su muro los amigos, los primos y los cuñados para decir que sí, que le pilló inspirado y que no es justo que Poveda esté rico y ellos tengan que buscarse la vida en otras cosas.


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