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Genios incomprendidos (valga la redundancia)

Tuvieron en común una hipersensibilidad condenada al sufrimiento y la convirtieron en arte. Un libro de María Jesús y Antonio Lorente les rinde ahora homenaje

23 jun 2018 / 17:54 h - Actualizado: 23 jun 2018 / 18:04 h.
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Antes de que esté definitivamente mal vista, la genialidad ha recibido un homenaje digno de esa palabra. Los hermanos María Jesús y Antonio Lorente –escritora ella, ilustrador él y andaluces los dos– publican ahora con Edelvives la obra Genios, un libro que lleva como subtítulo El eco fantasma de sus voces y que reúne a una veintena de personalidades que, desde distintas disciplinas y ocupaciones, supieron hacer de la transgresión un arte y un camino que iluminaron con su propia luz. García Lorca, Coco Chanel, Frida Kahlo, Picasso, Freddy Mercury, Bette Davis, García Márquez... Un ramillete de seres, como se indica en el libro, «apasionados, incombustibles, visionarios, seductores, concienzudos, soñadores, extravagantes, rompedores, admirables».

Tras dos obras anteriores, La princesa aburrida y Yago, dirigidas a público infantil y juvenil, a ambos les apetecía lanzarse a un terreno de adultos, entre quienes los álbumes ilustrados despiertan un creciente interés. «Nuestra idea era conseguir la conjugación perfecta entre lo visual y lo literario, potenciando la sensibilidad de los lectores en ambos ámbitos, ofreciendo una manera dinámica y original a la hora de enfocar al genio», explica María Jesús Lorente.

«Todos y cada uno de los genios presentes tienen en común una vida azarosa, unos pensamientos adelantados a su sociedad y una sensibilidad extraordinaria», comenta la escritora. «Se trata de veinte personajes del siglo XX que sufrieron incomprensión, unos más que otros, debido a su condición, pensamiento y transgresión, pero que cambiaron la percepción del arte con su contribución». Les habría gustado ser paritarios, «pero ha sido un gran esfuerzo encontrar a genios femeninos que no hubieran sido silenciados. Había mujeres de extraordinarias cualidades, anuladas por la presión social de su época, y excepto las mujeres más icónicas (Chanel, Frida o Bette Davis), en el libro aparecen otras muy poco conocidas».

No son biografías. Ni siquiera microbiografías. «Desde el primer momento tenía claro que los textos no debían ser informativos, así que busqué la forma de conectar al lector emocionalmente con el personaje», dice María Jesús Lorente. «Genios es una especie de anecdotario, un caleidoscopio desde el que puedes observar al genio en su vertiente humana y artística. Los textos son dinámicos y diferentes entre sí: un genio habla en primera persona, otro escribe una carta póstuma, un admirador describe una casa museo por la noche, el periodista recrea su última entrevista con el personaje... La lectura de Genios conecta íntimamente con sus protagonistas, ofreciendo un detalle biográfico desde la ficción e imaginación».

A la dificultad de dar con palabras, historias, anécdotas o pasajes vitales susceptibles de recoger la esencia de un genio, se ha unido en este libro la de hacer lo mismo pero con imágenes. «Más que el parecido a la hora de retratar a los genios, la dificultad ha estado en buscar el momento idóneo para retratarlos», cuenta Antonio Lorente. «He intentado reflejar su alma con la mirada, que se viese bien el estado de ánimo con solo mirar sus rostros. En algunos de ellos la ambientación ha sido clave para poder contar una historia. Muchos de ellos están llenos de simbología; aparecen hormigas, trajes, bebidas, habitaciones, peinados, cuadros y un sinfín de curiosidades que el lector tendrá que descifrar una vez que se adentre en mis ilustraciones».

«Lo que he intentado sobre todo es que mis ilustraciones contasen una historia diferente al texto que escribe mi hermana», prosigue. «Veía interesante el hecho de que el lector profundizase en la ilustración y que esta misma narrase un relato distinto. De ese modo te encuentras no solo con un maravilloso texto, sino con una ilustración que te invita a conocer un poco más al personaje. En el caso de Walt Disney se puede ver cómo un pequeño ratoncito negro se cuela en su estudio y mesa de trabajo y empieza a crear su querido Mickey. Picasso se está pegando un baño de espuma con su musa de la cola de caballo y Bette Davis posa con su mirada lánguida y cansada, cigarrillo en mano, con todos sus premios y reconocimientos».

Para conseguir esta mirada psicoanalítica, podría decirse, el ilustrador no le ha hecho ascos a las últimas tecnologías. «La técnica es digital. Trabajo con tableta gráfica y utilizo pintura digital. También realizo trabajo pictórico a mano, pero para todo el tema editorial prefiero enviar las ilustraciones digitales. De esa manera ahorro mucho en tiempo, escaneado y materiales. La pintura digital me permite trabajar más cómodamente en el sector editorial, aunque también realizo ilustraciones con gouache y óleo, pero esa técnica la utilizo para exponer mi trabajo en galerías y que la gente pueda ver mis pinceladas de cerca».

Aunque cada cual se haya encargado de una parcela aparentemente autónoma de estos retratos, la literaria y la pictórica, la confluencia de las dos formas de entender al personaje es lo que verdaderamente ha producido la chispa de este libro. «Cuando mi hermana me pasaba los textos, los leía, y al tiempo realizaba la ilustración para que esta tuviese una lectura diferente al texto y así contarle al lector dos historias completamente diferentes», dice Antonio Lorente. A partir de ahí, cada cual tiene a sus preferidos, sus debilidades. «Mi ilustración favorita sería la de Federico García Lorca, una conversación con su yo niño sentados el uno frente al otro y conversando. La ilustración más complicada podría ser la de la poetisa Alejandra Pizarnik, no conocía en profundidad al personaje y tuve que dar varias vueltas para poder expresar lo que tenía en mi cabeza. Al final el resultado quedó genial».

En cuanto a la escritora, «lo que más me impactó fue el trabajo obsesivo, el perfeccionismo y la creatividad bestial que todos llevaron a cabo. También me resulta entrañable que todos ellos tengan una sensibilidad tan fuera de lo común que les hacía sufrir».


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