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Homenaje al espíritu creativo de Antonio el Bailarín

Flamenco Viene del Sur cierra en el ciclo en Teatro Central con Antonio... cien años de arte, con la que rinde homenaje a Antonio El Bailarín.

09 oct 2021 / 10:04 h - Actualizado: 09 oct 2021 / 10:09 h.
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  • Homenaje al espíritu creativo de Antonio el Bailarín

Con un aforo lleno hasta la bandera, se presentó ayer en el Teatro Central sevillano el espectáculo, ‘Antonio... cien años de arte’ un montaje del Ballet Flamenco de Andalucía que nace de un encargo del ‘Festival Internacional de Música y Danza de Granada’.

Y es que este año se cumple el centenario del nacimiento de Antonio Soler, ‘El Bailarín’ y precisamente él estuvo en la inauguración del festival granadino, hace la friolera de 70 años. De ahí que la organización del certamen encargara al Ballet Flamenco de Andalucía este espectáculo, que a manera de homenaje rememora las coreografía que Antonio el Bailarín interpretó, junto a Rosario, el 16 y 17 de junio de 1952 en el Patio de los Aljibes.

Así, tras un arduo trabajo de investigación, liderado por la directora del Ballet, Úrsula López, esta obra recoge las diferentes disciplinas que Antonio Ruiz Soler incorporó a sus espectáculos, como la escuela bolera y el clásico español, además del baile flamenco que él revolucionó con sus creaciones.

El público, entre el que se encontraba una nutrida nómina de artistas flamencos dispuestos a rendir pleitesía al maestro, abarrotaba la sala del Teatro Central, ya por fin sin ningún tipo de restricción de aforo. Un fuerte y sentido aplauso precedió al primer número, una pieza de danza bolera coral generosa en pasos, piruetas y castañuelas. Aunque se inspira en la danza bolera del genial bailarín sevillano, es una coreografía de Tamara López con la sonanta de Pau Vallet y el cante de Vicente Gelo y Sebastián Cruz. Tras este número pudimos disfrutar de Bolero. Puerta Triana, una pieza de danza bolera con música de Isaac AlbAlbeniz, interpretada con gracilidad y donosura por Isaac Tovar y Ana Almagro. Es la coreografía original de Antonio Ruiz Soler, aunque con una adaptación libre de Úrsula López.

La música de Albeniz preside también las coreografías que se adentran en el clásico español: Albaicin, Triana, El Puerto y Asturias. Aunque, según programa de mano, lo que oímos son adaptaciones de esas piezas musicales. La primera a cargo del guitarrista Pau Vallet y las dos últimas de la cantante y guitarrista María Marín, que a juzgar por los aplausos hizo las delicias del público.

Tras esas piezas corales que dieron buena cuenta de la presencia del clásico español en los espectáculos que Antonio El Balarín llevó por medio mundo, la obra se sumergió de lleno en el lenguaje del baile flamenco con La Caña una pieza que reproduce fielmente la coreografía original de Antonio, con la que el bailaor Federico Núñez derrochó poderio y elegancia, vistiendo un traje corto negro con adornos rojos. Los mismos colores que el traje flamenco de Úrsula López, que puso el toque de figura individual al espectáculo con el número siguiente, el Zorongo Gitano, con letras de García Lorca y adaptación musical de María Marín. A pesar de su fondo musical y poético tradicional, es tal vez el número más vanguardista de la obra, lo que probablemente, teniendo en cuenta su espíritu creativo, hubiera aplaudido el maestro ya que tanto Úrsula como María se entregan a una revisión plenamente contemporánea que va del desplante a la ternura, salpicado de sensualidad. Todo ello se torna en frescura en la pieza siguiente, el baile de Isaac Tovar y Gloria del Rosario por alegrías, que la pareja baila magníficamente arropados por el ritmo vertiginoso de la música de Juanma Torres y el cante, rotundo y valiente, de Sebastian Cruz y Vicente Gelo.

Hasta ese momento el vestuario se había decantado por una suerte de combinación de blancos y negros. Tal vez por ello dejaron para el final los fandangos verdiales, un número grupal que puso la nota de color a la obra, constituyendo un curioso, aunque un tanto extraño, fin de fiesta.


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