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Impresiones frente a una caja

16 jul 2016 / 19:14 h - Actualizado: 16 jul 2016 / 19:42 h.
"Música"
  • Los componentes de Dardanus Ensemble, en una imagen promocional. / El Correo
    Los componentes de Dardanus Ensemble, en una imagen promocional. / El Correo

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Con casi un mes de retraso como consecuencia de unos incómodos problemas burocráticos, dieron comienzo los tradicionales conciertos a la luz de la luna en los jardines del Alcázar, una impagable iniciativa de Actidea que cumple ya diecisiete ediciones y continúa cosechando un éxito de público incontestable. Una platea siempre nueva a juzgar por los inoportunos aplausos que rompen constantemente la unidad de las obras propuestas. Con todo, eso no fue lo peor. Independientemente de la necesidad del uso del sonido amplificado para llegar a todos los rincones de tan dilatado espacio, lo que no se entiende es que para dos que dejamos nuestra impresión escrita de lo que acontece en cada cita, a unos nos coloquen en lugar tan inapropiado como un extremo de la primera fila justo delante de uno de los altavoces, con el perjuicio para la observación de los intérpretes y la recepción acústica que ello supone.

Así las cosas, nos resistimos a aceptar que los jóvenes músicos convocados en el conjunto que lleva por nombre el título de la afamada ópera de Rameau, y que en otras ocasiones nos han convencido con su interpretación agrupados o por separado, ofreciesen en esta ocasión un rendimiento tan por debajo de sus posibilidades. Decididamente decepcionante nos pareció su versión reducida a cuatro instrumentos de la Suite Burlesque de Quixotte de Telemann, consecuencia de la amplia difusión en Europa de la obra cervantina, fuente inagotable de inspiración para la música de los compositores de la época y posteriores, siendo esta pieza la más relevante al respecto dentro del repertorio de música de cámara del S. XVIII. Su carácter programático permitió a Rafael Núñez recitar algunos pasajes de la obra relacionados con unas ilustraciones musicales resueltas con más languidez que decisión. Poco se pudo apreciar frente a la caja acústica que nos tocó enfrente el carácter galante de la pieza, reducida a una amalgama difusa y amorfa de sonidos en los que no se pudo distinguir la habitualmente atenta pulsación de Sampedro, el delicado fraseo de Ruibérriz o la seguridad de Serranillos al bajo continuo.

Quizás porque a todo acabamos acostumbrándonos, o simplemente porque las prestaciones mejoraron, más nos convenció Don Quichotte chez la Duchesse, un híbrido entre ballet, ópera y comedia lírica de Joseph Bodin de Boismortier con notable protagonismo de la flauta en la suite de piezas instrumentales articulada para la ocasión, en la que también Núñez encontró un mayor equilibrio al violín. Pero fue sobre todo en el descubrimiento de una sonata de José Pla, seguramente compuesta junto a su hermano Juan, que combina a la perfección las corrientes italiana y alemana imperantes en la época, donde estos jóvenes y aplicados intérpretes brillaron con un poco más de luz, siempre desde la nefasta impresión que provocó nuestra desafortunada posición.

Cervantes sigue sin disfrutar de homenajes medianamente a su altura, y lo dice alguien que estuvo en Alcalá de Henares el 22 de abril de 2016.


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