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Las Victorias Aladas recuperan el vuelo

En marzo concluye la intervención sobre las esculturas de la Plaza de América, sin restaurar desde su creación en 1914

12 dic 2017 / 17:25 h - Actualizado: 12 dic 2017 / 19:38 h.
  • Las Victorias Aladas recuperan el vuelo
  • Postal utilizada por los restauradores, entre otras referencias históricas.
    Postal utilizada por los restauradores, entre otras referencias históricas.

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Para marzo próximo, tras cuatro meses de trabajo, se prevé que haya concluido la restauración de las Victorias Aladas de la Plaza de América, en el Parque de María Luisa; una tarea emprendida en noviembre pasado por el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla, mediante adjudicación a la empresa especializada Dédalo Bienes Culturales SL con un presupuesto total de 54.054,55 euros, y cuyo historiador encargado de la asistencia cultural de la intervención, José León Calzado, comentaba ayer el alcance de los daños que se están corrigiendo y las notas generales acerca de esta operación, que entre el material histórico usado para las reconstrucciones de las figuras incluye antiguas postales del lugar.

Como explica José León, «rodeando la Plaza de América, lo que fue el epicentro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, se encuentra un conjunto de dieciséis Victorias Aladas, esculpidas en piedra y dispuestas sobre esbeltas columnas. Fueron ideadas por Aníbal González como exorno de la Plaza de América en 1913 y ejecutadas en la primavera de 1914 tras un concurso al que se presentaron los escultores más notables del momento y que terminarían ganando los artistas Lorenzo Coullaut Valera, Manuel Delgado Brackenbury y Pedro Carbonell. Las esculturas representan victorias en distintas poses, están ejecutadas en piedra arenisca y alcanzaron en su día el coste íntegro de 69.750 ptas, que el Comité Ejecutivo repartió equitativamente entre sus tres artífices».

«Desde entonces», comenta el historiador, «no habían sido intervenidas, salvo puntualmente en 2015 para poner unas medidas cautelares de protección debido a unas grietas que ponían en serio peligro de desprendimiento algunos volúmenes. La piedra arenisca en la que están realizadas, especialmente sensible a la humedad por su elevada porosidad, ha ido sufriendo a lo largo de este tiempo un proceso degenerativo que se ha ido traduciendo en disgregaciones, descamaciones, grietas y fisuras y, por último, desprendimientos de partes constitutivas. Estas lagunas, además, fueron propiciadas por los anclajes y elementos metálicos que al oxidarse estallaron la piedra, provocando la merma de numerosos miembros, atributos y otros volúmenes».

A lo largo de los cuatro meses de plazo, como explica el experto, los restauradores están efectuando la intervención en dos fases. La primera, actualmente en transcurso, es de conservación y consiste en la aplicación de tratamientos paliativos de las patologías que los agentes medioambientales habían generado sobre la piedra. De esta forma, se está ejecutando una limpieza cuyos resultados están desvelando la riqueza plástica de estas figuras, que ha permanecido oculta durante décadas de suciedad, contaminación y vegetación. Otras soluciones previstas en esta fase son la consolidación –que volverá a aportar firmeza al material lítico– y la protección hidrofugante y antigrafitis al final. «La fase de restauración persigue la reintegración de los volúmenes perdidos con criterio invisible, es decir, la restitución de aquellos elementos desaparecidos como alas, brazos y atributos en la misma piedra original. Para ello y en cumplimiento de la Ley del Patrimonio Histórico de Andalucía se está acometiendo un profundo estudio histórico con el fin de rescatar imágenes antiguas que permitan realizar estas reintegraciones con absoluta autenticidad y con todo el rigor histórico posible».

«La restauración de las Victorias Aladas supone», afirma José León, «la recuperación de un conjunto escultórico realizado por artistas de primer orden en el ámbito de la escultura sevillana de principios de siglo», y la recuperación del esplendor a unas esculturas que «en sí mismas son la mejor representación del ímpetu triunfalista y el espíritu emprendedor que caracterizaron a los autores de aquel evento que terminaría transformando la ciudad e introduciendo a Sevilla en el siglo XX».


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