López Vázquez, el centenario del actor de las mil caras

08 mar 2022 / 13:33 h - Actualizado: 08 mar 2022 / 13:34 h.
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  • López Vázquez, el centenario del actor de las mil caras

Como oficinista servil o como ese hombre del 600 desesperado por ligar con una sueca, José Luis López Vázquez (1922-2009) encarnó como pocos al llamado españolito medio de los 60 y 70 pero también demostró su versatilidad junto a directores como Saura o Berlanga. Este viernes se celebra el centenario de su nacimiento.

Cómico por excelencia, apreciado por la crítica y por el público, Berlanga decía de él que no había conocido a otro actor con su capacidad de improvisación, Pedro Olea le definió como el Jack Lemmon español y George Cukor estaba convencido de que si hubiese hablado inglés se habría convertido en una estrella internacional.

Pudoroso y más cercano al sentido del humor británico que a la socarronería española que le tocó interpretar, protagonizó más de 200 películas de todo tipo, en parte por ese miedo del actor a no recibir la siguiente llamada, según él mismo llegó a confesar.

Nacido en Madrid el 11 de marzo de 1922, su padre funcionario de Justicia y su madre modista se separaron al poco de su nacimiento. En sus inicios se inclinaba más por el dibujo que por la interpretación y en 1940, cuando aún no había llegado a la mayoría de edad, el director José López Rubio lo fichó como figurinista para su ambiciosa producción «Sucedió en Damasco» (1941).

La Filmoteca Española inaugura mañana una exposición que redescubre esa faceta menos conocida de López Vázquez. Después de la guerra, en el Teatro Español Universitario, siguió ejerciendo de diseñador de vestuario pero también hacía puntualmente tareas de ayudante de dirección o de actor suplente.

La histórica «Eugenia de Montijo» (1944) y «María Fernanda la Jerezana» (1947) de Enrique Herreros contaron también con sus diseños, pero fue en esta última película cuando debutó delante de la cámara con algún personaje anecdótico, un borracho en la taberna o un transeúnte despistado.

Según Luis Lorente, su biógrafo, Herreros le dio el consejo de su vida cuando le dijo que lo suyo era la actuación. Y parece que le hizo caso porque empezó así a desempeñar papeles secundarios como el dependiente de «Esa pareja feliz» (1951) de Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem o el Juanito Renovales de «Novio a la vista» (1954), con la que entra en la órbita de Rafael Azcona.

Azcona fue el guionista de sus dos primeras películas como protagonista, «El pisito» (1958) de Marco Ferreri y «Se vende un tranvía» (1959) de Juan Estelrich. A partir de este momento, López Vázquez ya se entrega a la actuación.

Solía decir que al no tener palmito de galán se volcó en el humor y durante las décadas de los 60 y 70 encadenó comedias ligeras de Pedro Lazaga, Mariano Ozores o José Luis Sáenz de Heredia como «Fin de semana» (1962), «40 grados a la sombra» (1967), «El turismo es un gran invento» (1968) o «Objetivo Bi-ki-ni» (1968).

Pero también otras más apreciadas por la crítica como «Atraco a las tres» (1962) y «Un millón en la basura» (1967) de José María Forqué y por supuesto las de Berlanga con quien formó tándem en títulos como «Plácido» (1961), «El verdugo» (1963) y la Trilogía Nacional.

«Sin decirme nunca nada y sin que haya un sistema entramos en un lenguaje en el que convergemos en lo que deseamos», decía el actor sobre Berlanga.

Fue Carlos Saura quien intuyó sus posibilidades dramáticas y le ofreció «Peppermint Frappé» (1967), con la que obtuvo el premio al mejor actor del Círculo de Escritores Cinematográficos y se le abrieron las puertas a otro tipo de trabajos que consolidaron su prestigio como actor.

Papeles como el empresario amnésico de «El jardín de las delicias’ (1970), el Luis de «La prima Angélica» (1974), ambas de Saura con guion de Azcona, el asesino de «El bosque del lobo» (1971) de Pedro Olea o el protagonista con problemas de identidad sexual de «Mi querida señorita» (1972) de Jaime de Armiñán.

«Habla mudita» (1972) de Gutiérrez Aragón, «La verdad sobre el caso Savolta» (1978) de Antonio Drove o «La Colmena» (1982) de Mario Camus son otros de sus trabajos más apreciados junto a sus éxitos de televisión con Antonio Mercero, la serie «Este señor de negro» (1976) y sobre todo el mediometraje «La cabina» (1972).

Aunque no recibió ningún Goya al mejor actor, en 2005 la Academia de Cine saldó su deuda con un Goya de Honor y también obtuvo otros reconocimientos como la Medalla de Oro de Bellas Artes (1985) o el Premio Nacional de Teatro (2002).


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