lunes, 24 febrero 2020
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M.ª del Mar Suárez ‘La Chachi’: afán de trasgresión

El Teatro Central acoge en su sala B el último espectáculo de La Chachi, una divertida performance en la que se vuelca su afán de trasgresión.

08 feb 2020 / 14:55 h - Actualizado: 08 feb 2020 / 16:39 h.
"Flamenco","Música","Espacio","Producción","Teatro Central"
  • M.ª del Mar Suárez ‘La Chachi’: afán de trasgresión

Una suerte de rave, donde el flamenco se funde con la música tecno, protagonizada por una monja que espera abrazar la fe. Es el punto de partida de esta propuesta, con la que M.ª del Mar Suárez “La Chachi” nos brinda una performance que es pura trasgresión.

Según el programa de mano, la obra gira en torno al concepto de la espera, algo que se apunta en la primera escena, donde el gesto se impone al baile con una acción tan sencilla como la de fumar. Claro que si quien fuma es una monja vestida de blanco y calzada con tacones flamencos, la estampa tiene su mijita de “guasa”. Por no hablar que la acción de fumar, aunque habitual en nuestras vidas cotidianas, se ha convertido en pocos años en algo tan políticamente incorrecto que en el escenario se carga de irreverencia. De esta manera, desde el principio La Chachi nos previene de su rebeldía a someterse a un código cerrado, tanto musical o dancístico. En ese sentido podría decirse que se encuadra de lleno en las tendencias vanguardistas del momento. Si por algo puede distinguirse el siglo XXI, en cuanto a las artes escénicas, es por su voluntad de mestizaje y esta performance flamenca es un claro ejemplo.

En ella nos encontramos con un espacio sonoro, sin duda lo mejor de la propuesta, que mezcla sin ningún tipo de cortapisas ni complejos los ritmos flamencos con la música tecno, y no sólo los palos más festeros o rítmicos, que también, sino que incluso se atreve con la soleá, que junto con la seguiriya es el palo que mejor expresa el contenido trágico del cante flamenco. Con ese material La Chachi nos propone un baile flamenco impregnado de gestos, en el que el taconeo clásico del flamenco contrasta con las figuras angulosas que describe el movimiento de sus brazos. Un baile entrecortado que nos desconcierta y nos impide llegar a emocionarnos del todo. Todo lo contrario que la música de Paloma Peñarrubia, que describe una atmósfera envolvente y ascendente que llega a su culmen en las bulerías, donde se funden con deliciosa desverguenza el grito mítico de la Paquera con los ritmos de la música pastillera por excelencia.

La puesta en escena, aunque sugerente, recurre a una simbología en la que el concepto de la espera se pierde en la imagen. Todo lo que se pone encima de un escenario se convierte en un signo, y todo símbolo parte de un referente. Pero al situar a una monja en una fiesta rave, más que el concepto de la espera y la necesidad de trascender, lo que La Chachi nos sugiere no pasa de ser un mero ejercicio de irreverencia, más o menos divertido. En ese sentido se diría que el espectáculo, aunque apunta maneras, no acaba de cumplir con su objetivo. Aunque, desde luego, nos brinda algunos momentos soberbios de baile y consigue descolocarnos lo suficiente para animarnos seguir a esta particular bailaora.

Obra: La Espera

Lugar: Teatro Central 8 de febrero

Producción: Teatro Cánovas y Teatros del Canal

Dirección e interpretación: M.ª del Mar Suárez “La Chachi”

Concepto y dirección musical: Paloma Peñarrubia

Calificación: ***


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