Desvariando

Medallas para el arte flamenco

Ayer fueron concedidas cinco para el flamenco: María Vargas, Serranito, El Pele, la Peña el Taranto de Almería y la Peña la Platería de Granada

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
21 dic 2019 / 10:15 h - Actualizado: 21 dic 2019 / 10:43 h.
"Desvariando"
  • Foto: Deflamenco.com
    Foto: Deflamenco.com

Hubo un tiempo en el que a los artistas flamencos no les daban nunca nada, sobre todo en la época que crearon esta maravilla de arte que ha cautivado al mundo. Es una lástima que se fueran sin ningún tipo de reconocimiento oficial artistas ilustres del siglo XIX como el cantaor sevillano Silverio, la bailaora malagueña La Cuenca o el guitarrista sanluqueño Paco el Barbero.

Curiosamente, en el franquismo se empezó a reconocer a lo grande a algunos artistas de talla internacional como Carmen Amaya o Manolo Caracol, a quienes les entregaron el Lazo de Isabel la Católica. A la célebre bailaora se lo concedieron en noviembre de 1963, en reconocimiento a su arte y, sobre todo, a lo que hizo por el baile flamenco en todo el mundo. Y porque le faltaban tres días para morir.

Fue Lola Flores la que invitó al Gobierno español a que reconociera la labor de la bailaora más grande de todos los tiempos, precisamente el año en que ella lo recibió de manos del ministro José Solís, en 1962. Carmen era ya una artista cargada de condecoraciones, sin duda la que más reconocimientos tuvo del mundo del flamenco.

El primer cantaor en recibir la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes fue Antonio Mairena, en 1983, el año de su muerte, para lo que fue importante la opinión de Felipe González, ya presidente del Gobierno, gran admirador del cante del maestro y amigo personal. Ese galardón no lo olían nunca los artistas flamencos. Pilar López lo recibió un año antes, en 1982, pero la consideraban bailarina y no bailaora. Y el maño anterior la recibió Marienma, artista de la danza española.

En 1991 se la otorgaron a Antonio el Bailarín y en 1993 a Camarón -a título póstumo-, y a Paco de Lucía. Un año más tarde, en 1994, a Cristina Hoyos, anunciada también como bailarina. Seguía sin aparecer la palabra bailaora. En 1998, la distinción fue para la Niña de la Puebla, como cantaora. En 2002, a Juan Valderrama, también como cantaor y no como cantante. Y ya había flamencos casi todos los años: Fosforito, Paco Cepero, Manuela Vargas, Vicente Amigo, Israel Galván o Manuela Carrasco.

Ayer fueron concedidas cinco para el flamenco: María Vargas, Serranito, El Pele, la Peña el Taranto de Almería y la Peña la Platería de Granada. La novedad, darles el galardón a peñas flamencas. Desde luego, dos señoras peñas. Lástima que hayan dejado fuera a la sevillana Torres Macarena o a la malagueña Juan Breva.

El de ayer fue un día histórico para el flamenco, con esas cinco Medallas al Mérito de las Bellas Artes. Un día en el que me acordé de tantos y tantos artistas, grandes de verdad, que se fueron sin reconocimiento alguno. Seguro que cuando los premiados ayer vayan a recoger el galardón tendrán un recuerdo para ellos.


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