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Murillo, el pintor que mueve los hilos

El SEFF estrena un desmitificador documental sobre el artista en su IV Centenario

07 nov 2017 / 08:33 h - Actualizado: 07 nov 2017 / 08:33 h.
  • Isabel Ojeda y el equipo de ‘Murillo, el último viaje’, el documental estrenado dentro del Festival de Cine Europeo de Sevilla. / Manuel Gómez
    Isabel Ojeda y el equipo de ‘Murillo, el último viaje’, el documental estrenado dentro del Festival de Cine Europeo de Sevilla. / Manuel Gómez
  • El director, José Manuel Gómez Vidal, en un momento del rodaje. / El Correo
    El director, José Manuel Gómez Vidal, en un momento del rodaje. / El Correo

Caravaggio fue un pintor de vida tumultuosa, asesino, homosexual en un momento en el que esto era pecado capital y cuya muerte acaeció en extrañas circunstancias. ¿Y Murillo? Nada de lo anterior. Fue un pintor al que todo le fue bien. Y cuya obra algunos califican de dulzona, ñoña y beata. Por esta razón, plantear un documental, Murillo, el último viaje, era un triple salto mortal. ¿Cómo y por qué contar un relato con tan poco relato como la vida de Murillo? «Fue un pintor barroco cuya vida transcurrió sin apenas conflictos», reconoció ayer el director del filme, José Manuel Gómez Vidal, en la presentación en el Festival de Cine.

Con la ayuda y el asesoramiento de los mayores especialistas en la obra del pintor sevillano, el documental comenzó a gestarse hace ahora casi tres años. «Tuve muy claro que había que hacer algo con rigor y actualidad, un proyecto que satisficiera a los especialistas y al público más profano en la materia», según contó Benito Navarrete, catedrático de Historia del Arte y cómplice en la realización del documental. «Murillo es un artista manoseado y mal conocido. Había que construir una historia con él; una película llena de sensaciones porque él fue un maestro creándolas», dijo.

Sentencia en un momento de la cinta el anticuario y humorista Miguel Caiceo que «Murillo es Sevilla». «Y es que es y fue así, porque el pintor se hizo con toda la clientela de la ciudad, Murillo fue el responsable de su fama, manejó las redes sociales de su época como nadie, gozó del favor de mecenas, de las familias más acaudaladas e importantes de la ciudad y todas las hermandades sacramentales querían encargarle obras», detalló Navarrete.

Y, aunque ahora, con la película terminada el prisma ha cambiado, los responsables de Murillo, el último viaje, no lo tuvieron tan claro al principio. El productor, Bernabé Rico, frunció el ceño cuando el director, Gómez Vidal, le propuso la idea. «Cinematográficamente este es un artista muy difícil de vender, adinerado y sin conflictos. Cualquier otro, Caravaggio, El Greco o Velázquez tuvieron vidas más intensas y aventureras», reconoció. Por eso necesitaban un hilo del que tirar. Y lo encontraron en una coincidencia, el viaje que hizo, desde el parisino Museo del Louvre al Hospital de los Venerables de Sevilla el cuadro El joven mendigo con motivo de la exposición que, en 2016, celebró la Fundación Focus. «Esa obra que nació aquí y que vive en Francia es el enganche emocional de la película», argumentó el realizador. Pronto, al sumergirse en la elaboración del filme, todo el equipo se dio cuenta de lo «superficialmente» que se conoce a Murillo en su propia ciudad.

Y claro que podían contarse cosas. Por ejemplo la inmensa vanidad del artista, sabedor de que movía los hilos del arte en su ciudad. «Murillo quiso que su fama fuera eterna, él fue consciente de su inmensa trascendencia. Supo que, con su arte, había conquistado al público, y se valió de múltiples estrategias para llegar a donde llegó», razonó Navarrete. También están aquí los roces y las competencias, con Velázquez, 25 años mayor que él, y con Zurbarán. «A este lo desplazó de la ciudad, prácticamente Murillo lo desterró. Zurbarán se tuvo que marchar a Madrid porque se quedó sin clientela aquí. Este se tomó la revancha tres siglos después, cuando las vanguardias europeas pusieron en valor el carácter conceptual y más geométrico de la obra de Zurbarán por encima del estilo dulce de Murillo», esgrimió Gómez Vidal.

Por parte del Ayuntamiento de Sevilla, que ha colaborado en el documental, la directora general de Cultura, Isabel Ojeda, dijo ayer que «no es intención del Consistorio abrir la caja de Pandora y pedir la devolución a la ciudad de todas las obras de Murillo que hay en colecciones públicas por todo el mundo. Lo que sí queremos es que, en la exposición que se inaugurará en noviembre de 2018 con motivo del Año Murillo, tengamos una selección valiosa y muy amplia. Además, esperamos poder mostrar una Resurrección que está en la Real Academia de Bellas Arte de San Fernando y que encargó la Hermandad del Museo de Sevilla», avanzó.

Caravaggio fue un pintor de vida tumultuosa, asesino, homosexual en un momento en el que esto era pecado capital y cuya muerte acaeció en extrañas circunstancias. ¿Y Murillo? Nada de lo anterior. Fue un pintor al que todo le fue bien. Y cuya obra algunos califican de dulzona, ñoña y beata. Por esta razón, plantear un documental, Murillo, el último viaje, era un triple salto mortal. ¿Cómo y por qué contar un relato con tan poco relato como la vida de Murillo? «Fue un pintor barroco cuya vida transcurrió sin apenas conflictos», reconoció ayer el director del filme, José Manuel Gómez Vidal, en la presentación en el Festival de Cine.

Con la ayuda y el asesoramiento de los mayores especialistas en la obra del pintor sevillano, el documental comenzó a gestarse hace ahora casi tres años. «Tuve muy claro que había que hacer algo con rigor y actualidad, un proyecto que satisficiera a los especialistas y al público más profano en la materia», según contó Benito Navarrete, catedrático de Historia del Arte y cómplice en la realización del documental. «Murillo es un artista manoseado y mal conocido. Había que construir una historia con él; una película llena de sensaciones porque él fue un maestro creándolas», dijo.

Sentencia en un momento de la cinta el anticuario y humorista Miguel Caiceo que «Murillo es Sevilla». «Y es que es y fue así, porque el pintor se hizo con toda la clientela de la ciudad, Murillo fue el responsable de su fama, manejó las redes sociales de su época como nadie, gozó del favor de mecenas, de las familias más acaudaladas e importantes de la ciudad y todas las hermandades sacramentales querían encargarle obras», detalló Navarrete.

Y, aunque ahora, con la película terminada el prisma ha cambiado, los responsables de Murillo, el último viaje, no lo tuvieron tan claro al principio. El productor, Bernabé Rico, frunció el ceño cuando el director, Gómez Vidal, le propuso la idea. «Cinematográficamente este es un artista muy difícil de vender, adinerado y sin conflictos. Cualquier otro, Caravaggio, El Greco o Velázquez tuvieron vidas más intensas y aventureras», reconoció. Por eso necesitaban un hilo del que tirar. Y lo encontraron en una coincidencia, el viaje que hizo, desde el parisino Museo del Louvre al Hospital de los Venerables de Sevilla el cuadro El joven mendigo con motivo de la exposición que, en 2016, celebró la Fundación Focus. «Esa obra que nació aquí y que vive en Francia es el enganche emocional de la película», argumentó el realizador. Pronto, al sumergirse en la elaboración del filme, todo el equipo se dio cuenta de lo «superficialmente» que se conoce a Murillo en su propia ciudad.

Y claro que podían contarse cosas. Por ejemplo la inmensa vanidad del artista, sabedor de que movía los hilos del arte en su ciudad. «Murillo quiso que su fama fuera eterna, él fue consciente de su inmensa trascendencia. Supo que, con su arte, había conquistado al público, y se valió de múltiples estrategias para llegar a donde llegó», razonó Navarrete. También están aquí los roces y las competencias, con Velázquez, 25 años mayor que él, y con Zurbarán. «A este lo desplazó de la ciudad, prácticamente Murillo lo desterró. Zurbarán se tuvo que marchar a Madrid porque se quedó sin clientela aquí. Este se tomó la revancha tres siglos después, cuando las vanguardias europeas pusieron en valor el carácter conceptual y más geométrico de la obra de Zurbarán por encima del estilo dulce de Murillo», esgrimió Gómez Vidal.

Por parte del Ayuntamiento de Sevilla, que ha colaborado en el documental, la directora general de Cultura, Isabel Ojeda, dijo ayer que «no es intención del Consistorio abrir la caja de Pandora y pedir la devolución a la ciudad de todas las obras de Murillo que hay en colecciones públicas por todo el mundo. Lo que sí queremos es que, en la exposición que se inaugurará en noviembre de 2018 con motivo del Año Murillo, tengamos una selección valiosa y muy amplia. Además, esperamos poder mostrar una Resurrección que está en la Real Academia de Bellas Arte de San Fernando y que encargó la Hermandad del Museo de Sevilla», avanzó.


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