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La Gazapera

Papeles y números de la Bienal

«Repasando un poco los contratos de la pasada edición del festival sevillano, confieso que me he quedado turulato con algunos»

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
21 feb 2020 / 08:17 h - Actualizado: 21 feb 2020 / 08:26 h.
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  • El espectáculo ‘Arena’ de Israel Galván en la Maestranza. / Jesús Barrera
    El espectáculo ‘Arena’ de Israel Galván en la Maestranza. / Jesús Barrera

Se dice que los artistas flamencos no vienen a la Bienal por dinero, sino buscando promoción, pero cobran una pasta. En el Festival de Jerez cobrarán seguramente menos, pero sí tienen mucha promoción. Repasando un poco los contratos de la pasada edición del festival sevillano, confieso que me he quedado turulato con algunos. Lo de la apertura de Israel Galván en la Plaza de Toros de la Real Maestranza, Arena, es para que no le hubieran renovado el contrato al director, don Antonio Zoido Naranjo. Por cierto, un buen contrato: 47. 313,75 euros anuales en catorce pagas.

¿Saben cuánto costó la apertura? 172. 000 euros. 91.000 de caché y 81.000 de la cesión de la plaza de toros, de la que Zoido es mozo, si no me equivoco. Y fue un aburrimiento total. Menos mal que fueron miles de personas, aunque regalarían casi tantas entradas como se vendieron. Entre la apertura de Galván y la clausura de Dorantes, 220.000 euros, céntimo arriba o abajo. Dorantes cobró 42.400 euros. O eso, al menos, es lo que consta en la factura. Seis mil euros más que María Pagés, que trajo al Maestranza toda una obra, Oda al tiempo.

Hay cosas verdaderamente inexplicables. Por ejemplo, que un joven guitarrista, David Carmona, costara más que todo un clásico como Gualberto. 7. 260 euros el primero, y 6.000 el segundo. Que el Quijote de Andrés Marín costara más que Gitanas, con Remedios Amaya, Dolores Agujetas y Juana la del Pipa. 32. 670 euros y 27.830, respectivamente. Lo de Marín, por cierto, algo infumable, lejos de la calidad jonda que mostraron las tres geniales calés. O que Rafaela Carrasco, con su Salón de baile, cobrara más del doble que un espectáculo con Alicia Gil, Rafael Campallo, Manuel Cástulo y Luisa Palicio. 31. 800 frente a 12. 500 euros.

En la Bienal no solo hay un grave problema de programación, sino de contabilidad. ¿En qué festival les dan casi veinte mil euros a artistas como Argentina o José Valencia? O 36. 300 euros a Tomatito. Menos mal que vienen, o eso dicen, porque la Bienal es un escaparate inmejorable para presentar una nueva obra con la que poder recorrer luego el mundo, algo que sucede muy poco. Recuerdo una obra de Enrique Morente, como el percusionista norteamericano Mark Roa, que costó 30 millones de pesetas y fue estreno y despedida. Y encima los morenitos de la banda regresaron a su país con unas diarreas cogidas en Cazalla de la Sierra, que casi nos cuestan un conflicto diplomático.

Lo bonito es hablar de arte, de compás y de pellizco, pero es que estos papeles son una perita en dulce, como diría Mario Maya.


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