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Patricia Guerrero en el país de los sueños

Patricia Guerrero puso en pie al público del Teatro de la Maestranza, entre el que se encontraba una nutrida y expectante nómina de artistas flamencos.

16 sep 2022 / 08:19 h - Actualizado: 16 sep 2022 / 08:22 h.
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Patricia Guerrero, flamante Premio Nacional de Danza 2021, puso en pie al público del Teatro de la Maestranza, entre el que se encontraba una nutrida y expectante nómina de artistas flamencos, tras la representación de ‘Deliranza’, un espectáculo que, como su nombre indica, intenta reflejar el proceso de creación de sus obras, que ella define como una suerte de delirio vertiginoso con un toque surrealista.

En la primera escena Patricia se presenta en solitario vestida con un traje de fiesta dorado, aunque un tanto apagado y poco voluminoso. Al principio baila en silencio y se entrega a un singular soliloquio dancístico que parece querer ir más allá del lenguaje flamenco, delimitando toda una gama de vueltas quebradas, insinuantes meneos de cadera y brazos desafiantes que apuntan a la danza contemporánea. Pero de inmediato Patricia incorpora el taconeo y la música envuelve nuestros sentidos con aires de soleá para, en complicidad con la iluminación, recrear una atmósfera de ensoñación. A partir de ahí el ensayo ha terminado para dar lugar a una exhibición de poderío, virtuosismo y frescura creativa y la bailaora cordobesa, ya junto al cuerpo de baile, nos sorprende con una genial combinación de pasos y figuras clásicas junto a otras nuevas, como las vueltas a pie cojito, o la típica salida de las bulerías a las que da un aire nuevo con un marcaje tan lento que rayaría lo grotesco, si no fuera porque rápidamente incorpora un fulminante taconeo de contras imposibles.

Sale de escena y el cuerpo de baile, vestido de riguroso negro, se adueña de la escena con un baile impregnado de teatralidad. No en vano el espectáculo está dirigido por Juan Dolores Caballero, alias El Chino, quien incorpora algunos elementos recurrentes de su lenguaje escénico: grupos de personajes deformes moviéndose muy juntos por el escenario -en busca de un rayito de luz que no acaban de encontrar- apariciones mágicas en el escenario de la protagonistas y elementos que, como los bastones en la cabeza, aportan una cierta inquietud al discurso al estar fuera de contexto.

La obra nos sorprende también con las carreras con las que una y otra vez, tal vez demasiadas, recorre el escenario el cuerpo de baile. No es un recurso nuevo. La danza contemporánea lo ha explotado hasta la saciedad. Pero no es habitual en el flamenco, sobre todo si, como aquí ocurre, se ajusta al ritmo de una música flamenca. Y es que, aunque juega a desdibujar los palos en un discurso sin solución de continuidad, tiene aires de soleá, bulerías, tangos, tanguillos, mariana y seguiriya. Una espléndida y arrebatadora composición que, a manera de una banda sonora cinematográfica, incide en recalcar los sentimientos, emociones y pulsiones que propone la coreográfa, esto es, el vértigo de exigirse siempre más y más rápido (de ahí las carreras) la obsesión de ser libre y romper con lo establecido y la incapacidad de no poder encontrar un final.

Podemos comprobarlo en los tangos, en los que Patricia cambia el dorado pálido de su vestido por un azul claro brillante y nos brinda un número desbordante de ritmo, fuerza y genialidad. Lástima que, a partir de ahí, el espectáculo se viniera un poco abajo. Y es que, a fuerza de retratar el surrealismo, la iluminación abusa de la penumbra, y cuando ella sale de escena, el negro se adueña del escenario y el discurso se torna un tanto reiterativo. Por otra parte aunque los bailarines nos regalan algunas piezas dignas de una primera figura de baile, en general no acaban de elevar sus personajes a primer plano.

Por fortuna, justo cuando la obra parece hundirse, Patricia se pasea por el fondo del escenario con impresionante traje rojo con grandes mangas de farol y una larguísima cola. Y al término de su recorrido se desprende de mangas y cola con apabullante facilidad y se planta en el centro del escenario para brindarnos una magnífica seguiriya coral, que la confirman como una prometedora coreógrafa de ballet.

Obra: Deliranza

Lugar: Teatro de la Maestranza 14 de septiembre

Dirección artística, coreografía y baile principal: Patricia Guerrero

Dirección escénica: Juan Dolores Caballero, “El Chino” y Patricia Guerrero

Dramaturgia: Juan Dolores Caballero, “El Chino”

Dirección musical: Dani de Morón

Composición musical: Dani de Morón, Óscar Álvarez, Agustín Diassera, Sergio “El Colorao” y Amparo Lagares.

Interpretación musical: Dani de Morón (guitarra flamenca), Óscar A. Rifbjerg (teclados), Agustín Diassera (percusiones).

Cante: Sergio “El Colorao” y Amparo Lagares.

Bailarines: Martí Córbera, Maise Márquez, Gloria del Rosario, Ana Pérez, Hugo Sánchez, Ángel Fariña, Fernando Jiménez.

Calificación: ****


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