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Platero trota este año por El Rocío más íntimo

En el segundo año sin romería por culpa de la pandemia, la exposición de artistas plásticos en la Diputación de Huelva recalará esta semana en Moguer, el pueblo que universalizó Juan Ramón Jiménez y que Santi Padilla, el presidente de la Hermandad Matriz, vincula con la devoción mariana más potente de España

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
09 may 2021 / 13:21 h - Actualizado: 09 may 2021 / 13:22 h.
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Que no se celebre la romería de El Rocío por segundo año consecutivo no es tanto una desgracia en la eternidad del espacio marismeño y del tiempo sin tiempo de una devoción que no termina como otro acto de responsabilidad más de la Hermandad Matriz. Su presidente, Santiago Padilla, que ha ideado en estos últimos tiempos tantas alternativas culturales para enriquecer ese vacío que dejó el imposible salto a la reja de 2020, no tardó en aprovechar dos libros de su propia cosecha, El Rocío en Platero y yo (Facediciones, 2014), una profunda investigación sobre lo que da de sí el capítulo dedicado a la romería del Rocío en la obra más célebre del Premio Nobel de 1956, y Al Rocío con Platero (Niebla, 2016), un relato infantil sobre la misma temática, para idear incluso una exposición de pintura, esculturas, grabados y fotografías en la que ha participado medio centenar de artistas con obras expuestas, durante todo el mes de abril y hasta este pasado viernes, en la Sala de la Provincia de la Diputación de Huelva. El primer libro de Padilla fue elogiado por la sobrina nieta de Juan Ramón, Carmen Hernández-Pinzón, quien felicitó al ahora presidente de la Hermandad Matriz por “la cantidad de dato que aporta”, algunos incluso desconocidos para ella, “en un texto riquísimo, muy sugestivo y completo”.

Esa misma exposición multidisciplinar aterriza este próximo jueves día 13, y hasta final de mes, en la Casa Natal del poeta de Moguer, lo cual no deja de ser un potentísimo símbolo de la universalidad de Platero, de El Rocío y de las vinculaciones entre la creatividad y la fe en una de las tierras más ricas y vetustas del mundo. La exposición se enmarca en el programa de actividades diseñado por las Hermandades Matriz de Almonte, El Rocío y la de Emigrantes, que precisamente el año pasado celebraba las Bodas de Oro de su fundación. En la expo, además de pinturas que vinculan al burrito universal con la Virgen, las carretas con la mirada de Juan Ramón, emocionantes fotografías, o grabados y esculturas de Platero trotando por un paisaje estrechamente vinculado a la Blanca Paloma, pueden verse también otras ilustraciones, ya publicadas, de distintas ediciones de la obra universal publicada por primera vez en 1914.

Platero trota este año por El Rocío más íntimo

Y todo por un capítulo, el 47, de apenas dos páginas –en el primer tercio de Platero y yo- en el que el autor de Dios deseado y deseante universaliza las fuerzas cósmicas que se concentran en torno a unas cuantas estampas del camino hacia El Rocío. “Platero –le dije-, vamos a esperar las Carretas. Traen el rumor del lejano bosque de Doñana, el misterio del pinar de las Ánimas, la frescura de las Madres y de los dos Fresnos, el olor de la Rocina...”. Así comienza el famoso capítulo que dio a Santi Padilla para un libro tan profundo. “Juan Ramón es, ante todo, un observador avezado y un poeta exquisito”, asegura él. “Y El Rocío era una devoción muy importante en el Moguer de principios del siglo XX, con una componente lírica muy significativa, como la tiene hoy. Y pudo tener distintos ámbitos de influencia, incluso en su entorno afectivo más próximo”.

Juan Ramón y la Virgen del Rocío

Preguntado sobre la cuestión, Padilla explica que “Juan Ramón no fue rociero, al menos como hoy lo entendemos, y tampoco sabemos con certeza si en algún momento de su vida llegó a ser devoto de la Virgen del Rocío, pero desde luego sí estuvo muy cerca de esta realidad, porque lo estuvo su círculo social y de amistades de juventud”. Y subraya: “De lo que sí tenemos certeza es que, en 1929, visitó a la Virgen en la parroquia de la Asunción de Almonte”.

Por otro lado, Padilla es consciente de que “Platero y yo ha sido el primer contacto con El Rocío de cientos de miles de lectores en España y en todo el mundo, cuando la tecnología digital no existía”. Que un año sin romería sirva para concentrar la mirada en Platero dice mucho de hasta qué punto El Rocío es más que un territorio, que una fe, que una Virgen. En Platero y yo, además, es “la primera vez que vemos asociado, conceptual y nominalmente, El Rocío con Doñana”, insiste Padilla, y agrega: “Es el texto literario en lengua hispana, traducido a multitud de lenguas, más importante de la historia del Rocío, por el significado y proyección de su autor y de la obra”.

El capítulo, sin duda, es de lo más sugerente: “Pasaron, primero, en burros, mulas y caballos ataviados a la moruna y la crin trenzada, las alegres parejas de novios, ellos, alegres, valientes ellas. El rico y vivo tropel iba, volvía, se alcanzaba incesantemente en una locura sin sentido. Seguía luego el carro de los borrachos, estrepitoso, agrio y trastornado”. Y continúa: “Detrás, las carretas, como lechos, colgadas de blanco, con las muchachas morenas, duras y floridas, sentadas bajo el dosel, repicando panderetas y chillando sevillanas. Más caballos, más burros... Y el mayordomo —¡Viva la Virgen del Rocíoooo! ¡Vivaaaaa!— calvo, seco y rojo, el sombrero ancho a la espalda y la vara de oro descansada en el estribo. Al fin, mansamente tirado por dos grandes bueyes píos, que parecían obispos con sus frontales de colorines y espejos, en los que chispeaba el trastorno del sol mojado, cabeceando con la desigual tirada de la yunta, el Sin Pecado, amatista y de plata en su carro blanco, todo en flor, como un cargado jardín mustio”.

El capítulo termina con una demostración de fe del burro más literario de la Historia: “Se oía ya la música, ahogada entre el campaneo y los cohetes negros y el duro herir de los cascos herrados en las piedras... Platero, entonces, dobló sus manos, y, como una mujer, se arrodilló —¡una habilidad suya!—, blando, humilde y consentido”.

Si Juan Ramón levantara la cabeza

Cree Padilla que si Juan Ramón contemplase una romería de la actualidad “le seguiría llamando la atención su poder de convocatoria, su estampa netamente andaluza y su relación visual con el paisaje, especialmente con Doñana; y hoy, si cabe, más deslumbrante aún, por el avance del mundo urbano sobre el rural”. Y si fuésemos nosotros quienes viajásemos en el tiempo, más de un siglo atrás, “nos llamaría la atención los medios precarios con los que se desplazaban y vivían la Romería; su indumentaria y sus manifestaciones espontáneas, desnudas de fe y amor a la Virgen del Rocío, de la que nos dejan una visión muy certera las letras de las seguidillas de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, como aquella que dice: ‘Ayunando y escarza, callá y andando, La Ermita del Rocío voy divisando. ¡Madre del Arma, Qué chaparrón de Salves Er que te aguarda!”.


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