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«Sin la memoria, ¿desde qué trampolín saltaremos al futuro?»

A sus 88 años, Emilio Lledó, autor de libros esenciales sobre el pensamiento, uno de los últimos sabios españoles vivos, ha sido reconocido como Hijo Predilecto de su Sevilla natal

06 jun 2016 / 12:20 h - Actualizado: 06 jun 2016 / 13:26 h.
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Emilio Lledó (Sevilla, 1927), hijo de saltereños y criado en Triana hasta la edad de seis años, académico de la lengua, profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid, es uno de los pocos sabios españoles vivos. El pensamiento griego, la historia de la filosofía, el lenguaje y la memoria articulan su obra, en la que destacan títulos como La memoria del logos, El epicureísmo, Elogio de la infelicidad o Fidelidad a Grecia, entre otros. Aunque reside en Madrid, mantiene un vínculo muy estrecho con su Andalucía natal. La semana pasada fue reconocido como Hijo Predilecto de Sevilla.

—La Grecia que usted estudió a fondo, ¿guarda alguna relación con la de hoy, o son dos países distintos que solo comparten nombre?

—No conozco muy bien la Grecia contemporánea, he estado allí sólo un par de veces, pero qué duda cabe de que los griegos de hoy son herederos de esa tradición. Me compré allí un par de ediciones de Diálogos de Platón y resultó que eran bilingües, en griego clásico y traducción al moderno. Me llamó la atención la belleza del clásico, no se podía decir, ni de lejos, que estuviera mejor dicho en moderno.

—Entonces, la Fidelidad a Grecia que usted defendía en un libro, ¿es extensible al presente?

—Por supuesto. Fidelidad y solidaridad.

—Y paradójicamente, cada vez estamos más lejos de ella, al menos en los planes de estudio.

—Me sorprende que en los planes, o los desplanes, o los desplantes de estudio, no se dé la importancia que se debe al Humanismo. Por supuesto que la tecnología es importante en la sociedad que vivimos, pero ese poso, esa relación con el lenguaje, el continuo diálogo, no sólo con los griegos...

—Hay generaciones de estudiosos que han aprendido alemán sólo para poder leer a Hegel o Heidegger. ¿Hay idiomas más indicados que otros para la Filosofía?

—Creo que no. Cuando el pensamiento es poderoso, se puede decir en cualquier lengua. Los griegos hicieron un prodigio de cultura con la griega. Para el pensamiento todos estamos dotados. Si no, estamos mal.

—Gran parte las obras de Aristóteles nos han llegado a través de traducciones de los árabes. ¿Por qué sabemos tan poco sobre ellos?

—Me sorprende, no sé a qué atribuirlo. Todo pensamiento fanático, dogmático, que además implica una negativa para pensar en algo que no sea lo que el dogma dice, es en el fondo un freno para la racionalidad. Me choca que esa enorme explosión que hubo precisamente aquí, de libertad, con los Averroes y los Avicena, no haya vuelto a reproducirse.

—¿Y las mujeres? ¿No le da la impresión que en la Filosofía la tasa de féminas es aún menor que en otras ramas?

—En la cultura griega parece que hay cierto antifeminismo, la mujer tenía otro papel... Sin embargo, en el Banquete de Platón, el discurso más hermoso sobre lo que es el amor lo dice una mujer, Diótima de Mantinea. No he investigado sobre ella, tal vez fue un invento. Pero es curioso que habiendo distintos comensales y teorías sobre qué es el amor, el mejor discurso es de una mujer. Y por supuesto, las figuras más grandiosas de la tragedia griega son mujeres. No sólo Helena. Atribuir el concepto de machismo en la cultura griega, es inadecuado. Hay que estudiarlo a fondo.

—Reprochan a la RAE que mantenga un lenguaje que se tilda de sexista por el genérico masculino. ¿Tiene sentido modificar el idioma para que cambien los conceptos sociales?

—No creo que sea un tema importante, la verdad. Es sociológicamente digno, pero lo realmente importante es que nos escapemos de las frases hechas. Vivimos como si el lenguaje fuera un lago helado, y patinamos sobre él. Debajo de esa pátina helada, está el mar del lenguaje, el mar de los sentidos, el mar de los significados. Por eso la verdadera educación se fundamenta sobre todo en la enseñanza del lenguaje. No en la gramática, que será importante, sino en hacer pensar a los jóvenes, a los niños, en las palabras que usan.

—En sus memorias, Juan Cruz lo recuerda a usted como un profesor que no exigía la acumulación de conocimientos, sino que sus alumnos fueran reflexivos y creativos.

—Por eso debemos fijarnos en cómo muchos políticos hablan con frases hechas, con conceptos estereotipados que no llevan a nada, ni dicen nada, ni pretenden nada, ni solucionan nada. Soy un apasionado del lenguaje, es lo que somos, somos lenguaje, comunicación, memoria, transmisión. Por eso me parece que una de las grandes insensateces que se dicen hoy es que no hay que tener memoria histórica, ¡pero bueno, si eso es el fundamento de lo que somos! No hay futuro sin memoria, ¿desde qué trampolín saltaremos al futuro si no tenemos el de la memoria?

—Uno de sus textos se preguntaba quién privatiza a los políticos. ¿Ha encontrado respuesta en estos años?

—No, pero lo dejo abierto, porque se han privatizado, por supuesto. Sobre todo un tipo de político derechoide está privatizado por esas ideas conservaduristas, que son muy distintas de conservadoras. Cualquier político que tenga un poder real, y quiera influir en la sociedad, no tiene más remedio que no dejarse privatizar, a nos ser que sea por los ideales de cultura, educación y bienestar colectivo.

—¿Se puede ser proletario y epicúreo, o es una filosofía reservada para personas con posibles?

—Fíjate cómo aprende uno continuamente, nunca me había planteado ese problema. Yo diría que Epicuro fue una figura popular, en su jardín entraban mujeres, cosa que por ejemplo era más problemático en el Liceo de Aristóteles o en la Academia de Platón. No había nada de elitismo en él. Y por otro lado, del epicureísmo no queda nada, tres cantos, unos cuantos fragmentos, fue barrido por la Historia. Y me huelo que fue arrasado ideológicamente, porque ese afán del cuerpo, procurar que sea feliz, que tenga alimento, alegría, esperanza, una cierta oligarquía lo rechazaba, le rechinaba. La ideología que subyace en Epicuro es una filosofía del más acá.

—Hoy parece que nos exigen pertenecer al extremo opuesto, ser estoicos. Nos remiten a Epicteto...

—A veces un cierto conformismo con la realidad también es saludable, sobre todo no aspirar a lo imposible, ni a la riqueza económica desmesurada, porque nadie puede controlar toda esa desmesura.

—¿Ha llegado a explicarse alguna vez por qué el Eros ha sido tan combatido por todas las iglesias?

—Es lo que realmente somos. Es una manifestación del gozo del cuerpo. Eso los negadores de la vida, del gozo, no lo pueden soportar. Además, es una forma de liberación. El amor es una forma de salir de ti, encontrar un vínculo enormemente intenso, poderoso y creativo a su vez, que da vida. Somos lenguaje y amor. Por eso hay que educar también en eso a los niños en la escuela. Enseñarles la sensibilidad, a mirar un cuadro.

—Usted ayudó a los emigrantes andaluces en Alemania. ¿Cómo está viviendo la actitud de Europa en el drama de los refugiados?

—Una de las cosas que me sorprenden es que se hable de refugiados con tanta intensidad, pero nadie nos explique por qué hay esas guerras. Si hubiera que establecer un porcentaje, sería el 95 por ciento es teoría del refugiado, y solo el 5 se dedica al porqué. Hay que insistir, exigir que nos digan las causas de que la gente huya. ¿Por qué hay guerra?


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