Una síntesis tan ambiciosa como fallida

El Teatro Lope de Vega acoge este fin de semana la última producción del Teatro Arriaga de Bilbao, que sintetiza, con poco acierto, ocho tragedias históricas de Shakespeare.

22 may 2022 / 13:23 h - Actualizado: 22 may 2022 / 16:59 h.
"Críticas"
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Una ambiciosa, aunque fallida, síntesis de las dos tetralogías con las que Shakespeare denunció los mecanismos de poder de los monarcas ingleses durante un periodo que abarca desde el reinado de Ricardo II al de Enrique V. Es la propuesta de Calixto Beitio y el Teatro Arriaga de Bilbao que acoge este fin de semana el Teatro Lope de Vega.

De manera inversa en el tiempo, Shakespeare comienza la primera tetralogía por el reinado de Enrique VI y acaba con el de Ricardo III. Son cuatro tragedias que se centran en la inestabilidad política que siguió a la muerte de Enrique V durante el reinado de Enrique VI, la guerra civil y el poder destructivo Ricardo III. La segunda tetralogía da un paso atrás en el tiempo para situar en su lugar histórico todos los acontecimientos de las tragedias anteriores. Para ello comienza con Ricardo II, sigue con la Primera y la Segunda Parte de Enrique IV y culmina con Enrique V. Al final de esta teatrología, Shakespeare establece las condiciones y señala algunas de las causas que dieron lugar a los cincuenta años de cataclismos políticos posteriores que ya había presentado en la primera tetralogía. Aunque cabría matizar que, más que reflejar fielmente la historia, lo que a Shakespeare le interesa es elaborar una reflexión crítica sobre el deseo de poder y su potencial para corromper al ser humano, hasta llevarlo a límites de crueldad insospechados. Y para ello el insigne escritor inglés no duda en subrayar y realzar, e incluso incorporar elementos al material histórico de su propia cosecha, hasta dotar a sus historias y personajes de un carácter épico que hacía las delicias del público de la época.

Calixto Bieito decide hacer lo contrario que Shakespeare y respetar el orden cronológico de los personajes, cuyos nombres se indican al principio de cada acto en la pantalla del fondo. Con ello facilita el contenido de la dramaturgia, que en términos generales resulta un tanto confusa y es más bien grandilocuente. Fundamentalmente se centra en los grandes monólogos que albergan las tragedias, pero por desgracia, y aun cuando esos monólogos recogen la riqueza del verso shakesperiano, a fuerza de sacarlos de contexto y eliminar los diálogos Bieito se carga el poder seductor de la pluma de Shakespeare cuyas obras, aun siendo tragedias, destilan ironía y lirismo. Aquí todo eso se diluye con una dramaturgia que no retrata los acontecimientos históricos, y una puesta en escena que, aunque espectacular, impone un ritmo irregular y recoge una simbología que no acaba de entenderse.

El reparto es también bastante irregular. Como cabía esperar, destaca sobremanera la interpretación de José María Pou en su personaje de Fastaff. Solo por verle ya merece la pena asistir a la obra. Destaca también Miren Gaztañaga colmando de humanidad al personaje de Ricardo III, gracias a una actuación repleta de matices que recoge el humor soterrado con el que Shakespeare salpica sus tragedias. Un humor que se vuelca también en el asesino cínico y despiadado al que Mitxel Santamarina consigue imprimir una buena dosis de socarronería.

El resto de los personajes van de la grandilocuencia maniquea de todos los reyes al intimismo de los personajes femeninos que, como el personaje de Margarita D’Anjou en manos de Ylenia Baglietto o el de Lady Ann a quien Lucía Astigarraga perfila como a una suerte de Lolita, no acaban de encajar en la tragedia. Al igual que el personaje de Juana de Arco, al que Bieito se empeña en torturar en escena durante más de media hora con un tormento láctico que impide el lucimiento de su intérprete, Ainhoa Etxebarría.

La obra, en definitiva, es un intento fallido de aunar en una las ocho tragedias históricas de Sakespeare, un batiburrillo de personajes que más que aclarar confunde los hechos históricos que intentan reflejar. Aunque eso sí, se trata de un espléndida producción que pone al servicio de Calixto Beitio, además de a once intérpretes, un magnífico entramado formal, un espacio escénico impactante que reproduce la atmósfera del género gore con grandes muebles, expositores de carnicería, cubos de sangre y trozos de carne cruda. Y por si todo eso nos produce repugnancia, el montaje nos ofrece también la posibilidad de evadirnos con las imágenes de un partido de fútbol que proyecta la pantalla de fondo.

Título: Erresuma, Kindong, Reino

Lugar: Teatro Lope de Vega, 21 de mayo

Producción:Teatro Arriaga de Bilbao

Versión, dirección y espacio escénico: Calixto Bietio

Intérpretes: José María Pou, Joseba Apaolaza, Lucía Astigarraga, Miren Gaztañaga, Ylenia Baglietto, Ainhoa Exebarria, Iñaki Maruri, Koldo Olabarri, Lander Otaola, Mixel Santamaría y Anne Pikaza.

Calificación: 2 estrellas


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