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Vicente Amigo recogiendo el testigo del estrellato

Vicente Amigo llenó el aforo del Teatro de la Maestranza con un público entregado que no dejó de vitorearle desde que hizo su aparición en escena.

13 sep 2022 / 14:48 h - Actualizado: 13 sep 2022 / 14:52 h.
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  • Vicente Amigo recogiendo el testigo del estrellato

Que gusto da, después de estos dos malditos años de pandemia, ver un teatro de gran aforo lleno hasta la bandera con un público claramente emocionado. Es lo que consiguió ayer Vicente Amigo, un guitarrista de concierto que, tras la reciente muerte de Manolo Sanlúcar, a quien dedicó el concierto, va camino de recoger el testigo del estrellato de la guitarra flamenca de concierto.

No es que sea el único. Gracias a Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, la guitarra flamenca ha llegado a alcanzar cotas insospechadas de virtuosismo y creatividad. Esta Bienal nos da la oportunidad de conocer a una buena nómina de sus artífices con el ciclo ‘Guitarra Desnuda’ . Sin duda son artistas que tienen sus seguidores y que mantienen en alto la figura del guitarrista solista de concierto. Pero solo algunos pueden llegar a convocar a un público masivo. Entre ellos, tal vez el que más es Vicente Amigo, un compositor con un estilo muy definido capaz de llegar a un público heterogéneo, de diferentes edades y procedencias. Pudimos comprobarlo ayer en el Teatro de la Maestranza, donde se congregó un público entregado que no paró de vitorearle desde que apareció en escena.

Vicente salió solo, guitarra en mano y tras un breve y respetuoso saludo se sentó en su silla, situada en el centro del escenario, y nos brindó una pieza larga (15 minutos) que comenzó por tarantas y aires de levante y terminó por soleá. Una pieza con la que el maestro cordobés dio rienda suelta a su creatividad y su capacidad para dotar a la sonanta de una dulzura melódica libre de ataduras, aunque sujeta a compás. El público, entre el que se encontraban una buena representación de guitarristas emergentes, parecía contener el aliento con un silencio que nos recordó a las funciones de la Bienal pasada, donde el miedo al contagio no nos dejaba ni toser bajo las mascarillas.

Tras esta primera pieza que embelesó al respetable, aparecieron los músicos y el maestro de Córdoba cambió la melodía por el ritmo con los Tangos del Arco Bajo, el Autorretrato por bulerías, la Luna de Talavante y la rumba Amoralí. Un soberbio Rafael de Utrera acompañó con su cante a la sonanta con unos agudos imposibles que nos encogieron el estómago y Los Mellis de Huelva, ese par de hermanos que según el propio Vicente Amigo son el amor personificado, caldearon el ambiente con sus palmas y sus coros, junto a la espléndida segunda guitarra de Antonio Fernández Perona, Añil, la magnífica percusión de Francisco González Agudo y el toque solemne y brillante de José Manuel Posada, Popo, al bajo.

Tras el derroche rítmico de esos palos Amigo volvió a la soleá con Sevilla, un tema que dedicó a un torero que, en palabras textuales, “le tiene ilusionado”. Es Pablo Aguado, que al parecer estaba entre el público visiblemente emocionado. Y es que, esa noche Vicente parecía más entregado que nunca a ensalzar la tauromagia, un arte al que su maestro, Manolo Sanlúcar, dedicó uno de los discos más soberbios de la guitarra flamenca.

Cuando el concierto estaba a punto de saturarnos con el desenfreno rítmico del compás de doce tiempos, El Choro, que había permanecido durante todo el concierto asumiendo el rol de palmero, salió a escena y bailó con más corazón que técnica una pieza por bulerías que pareció despertar de nuevo la pasión del respetable. Y es que, a esas alturas el público había bajado unos cuantos grados su euforia inicial, debido quizás a la impronta homogénea del concierto, que por fortuna, Amigo supo romper al final, cuando decidió cambiar de tercio y tocar el Requiem, un tema con el que enardeció de nuevo a ese público que desde el principio se mostró rendido ante su impronta estelar.

Obra: Vicente Amigo en concierto

Lugar: Teatro Maestranza 12 de septiembre

Intérpretes: Vicente Amigo (guitarra), Antonio Fernández Perona, Añil (guitarra), Francisco González Agudo (percusión), Rafael de Utrera (cante), Los Mellis de Huelva (palmas y coros), José Manuel Posada Popo, (bajo), El Choro (baile).

Calificación: ****


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