domingo, 25 octubre 2020
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Bienal de Flamenco

Y Dorantes desnudó su corazón

Dorantes estrena en la Bienal de Flamenco un soberbio recital de piano que nace de la intención de desnudar las emociones que conforman identidad musical.

01 oct 2020 / 18:27 h - Actualizado: 01 oct 2020 / 18:29 h.
"Bienal de Flamenco"
  • Y Dorantes desnudó su corazón

David Peña, 'Dorantes' cerró la Bienal de Flamenco de 2018 con 'La Roda del viento', un montaje espectacular que emulaba la vuelta al mundo de Magallanes, rodeado de grandes contenedores en el Puerto de Sevilla. En esta ocasión, en cambio, ha optado por un recital de corte intimista, solo él y su piano, aunque eso sí, arropado con el exultante barroco de la Iglesia de San Luis de los Franceses y rodeado de un público entregado y consciente de su privilegio.

Porque desde luego, asistir a un concierto como el que ayer nos ofreció el pianista lebrijano es un absoluto privilegio. Un regalo que, en principio, estaba concebido para un público más amplio. El proyecto inicial contemplaba ofrecer varias sesiones del mismo recital en días diferentes. Pero llegó el maldito virus y mando parar. Para compensarlo, el concierto fue retransmitido en directo por streaming, lo que permitió a sus seguidores, que son muchos y de distintas partes del mundo, compartir con el músico esta singular experiencia. Un soberbio recital de piano cuya cercanía nos facilitó viajar hasta el mundo interior el artista, donde él se encuentra con las vivencias que han conformado su identidad, como persona y como músico.

Antes de comenzar a tocar Dorantes, micrófono en mano (que por desgracia no servía de mucho) se dirigió a los espectadores para confesar su firme propósito de desnudar su corazón ante ellos. Eligió como primer tema una pieza que se inspira en las canciones y coplas que se cantaban por bulerías en las reuniones de su familia, cuando él era pequeño. Y nos brindó una pieza tan melodiosa como rítmica que a más de uno nos llevó de la mano a la música que nuestros padres escuchaban en la radio cuando éramos niños. La segunda pieza, que tiñó la atmósfera de melancolía, se inspira en un bandoneón que David encontró en medio de una mudanza cuando su padre tuvo que trasladarse a Sevilla por razones de trabajo. En medio de un amasijo de telas apareció como por arte de magia aquel instrumento, que como él mismo reconoció, “le abrió un mundo nuevo”. Tal vez gracias a ello se convirtió en el pianista que es hoy, un músico flamenco que lejos de pretender emular con las teclas la melodía de los cantes, se vuelca en el ritmo, en el compás de los palos que él domina de forma natural. No en vano es nieto de La Perrata, hijo de Pedro Peña y sobrino de El Lebrijano. El flamenco se cuela en su sensibilidad musical sin que él pueda hacer nada por evitarlo. De ahí que aunque su música tenga reminiscencias de la música clásica, el jazz o incluso de tango argentino, su piano suena tan flamenco como la guitarra de Manolo Sánlucar, a quien le dedicó el concierto.

De todo ello dio constancia con los siguientes temas, unas seguiriyas que transmiten todo lo que de rabia, pasión y resignación contiene el flamenco, unas alegrías tan vertiginosas como dulces y emotivas, y unos tangos luminosos y fantasiosos. Y para terminar, dos temas de su etapa más reciente con los que vuelve a mirarse en el espejo de la infancia. Y ya ahí, libre ya de prejuicios o ataduras, Dorantes juega con su piano hasta subrayar el ritmo metiendo las manos en la caja armónica y palmeando la tapa. Todo un despliegue de virtuosismo y entrega emocional que nos dejó a todos con el corazón temblando y los ojos sonriendo.

Obra: Identidad

Lugar: Iglesia San Luís de los Franceses/Bienal de flamenco

Piano: David Peña, Dorantes

Calificación: 4 estrellas


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