sábado, 14 diciembre 2019

Betis: un silencio que habla a gritos

La afición asistió a un nuevo partido para olvidar y mostró su malestar dirigiéndose al palco, a Víctor y a los jugadores antes de irse hastiada

30 abr 2017 / 20:22 h - Actualizado: 30 abr 2017 / 22:44 h.
  • Álex Alegría lucha por un balón durante el partido. / Jesús Barrera
    Álex Alegría lucha por un balón durante el partido. / Jesús Barrera
  • Dani Ceballos golpea una botella de plástico en un gesto de rabia. / Jesús Barrera
    Dani Ceballos golpea una botella de plástico en un gesto de rabia. / Jesús Barrera
  • La Feria se dejó notar. La alegría que se vive estos días en Sevilla no se vio, sin embargo, acompañada por un buen resultado en el Benito Villamarín. / Jesús Barrera
    La Feria se dejó notar. La alegría que se vive estos días en Sevilla no se vio, sin embargo, acompañada por un buen resultado en el Benito Villamarín. / Jesús Barrera

El calvario no tiene fin para la afición del Betis. Con tres jornadas todavía por disputar y muchos equipos jugando en chanclas, ya ni el décimo puesto es posible, lo que da una idea de la temporada verdiblanca. La llegada de Víctor sólo ha servido para contribuir a mantener a flote una nave que, en realidad, más bien parece haber evitado el naufragio porque otras –léase: Osasuna, Granada y Sporting– lo han hecho rematadamente mal, hasta el punto de que dos de ellas son ya de Segunda.

Las buenas sensaciones y las alegrías se ven a cuentagotas en este Betis. Una pésima puesta en escena tras el descanso, con tres goles encajados en poco más de diez minutos, echó por tierra lo visto en la primera parte, en la que, al menos, el equipo se fue ganando. Eso sí: este Alavés no es el Alavés que disputará la final de la Copa del Rey contra el Barcelona.

Pellegrino dejó fuera a muchos de sus indiscutibles, pero los jugadores del Betis, acomodados por la renta pese a ser mínima ésta, olvidaron en el paso por vestuarios que para los futbolistas a los que el técnico argentino dio minutos jugar un solo minuto en la final es motivación más que suficiente como para salir a comerse al rival. Y esto fue lo que ocurrió: el Betis se relajó sin explicación ni margen para ello y el Alavés le enguyó en un suspiro.

El problema es que esto no es nuevo para la afición verdiblanca. Dieciocho derrotas en lo que va de Liga son demasiadas como para asentir a lo que dicen los rectores del club y confiar en un nuevo proyecto con Víctor en el banquillo. Habrá cambio de jugadores, como en cualquier plantel, pero la etapa del madrileño parece definitivamente agotada. «Haremos los balances a final de temporada. Los tres partidos que quedan también hay que jugarlos», dijo tras el encuentro. El problema es que el bético está cansado, muy cansado, y no ve motivos para creer en el Betis que la entidad le dibuja.

Entrenador, jugadores y consejo no se libraron de las críticas de los béticos que aún quedaban en la grada, desde la cual se dedicaron olés en tono irónico y se aplaudió el cuarto gol del Alavés. Muchos aficionados fueron poco desfilando por las gradas para abandonar el Benito Villamarín con el partido aún en juego. Revelador. Y así, hasta asistir a momentos de silencio, un silencio que hablaba a gritos. Es hora de poner fin a este calvario con decisiones que ilusionen al beticismo de verdad, de asumir culpas y de establecer las bases de un proyecto firme y que no termine como el actual: amargando hasta la Feria al beticismo.


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