lunes, 28 septiembre 2020

Es una derrota, no una catástrofe

LA CONTRACRÓNICA. El Betis, aspirante sólo a salvarse mientras no se demuestre lo contrario, cayó ante uno de los mejores equipos de la Liga. A ver si gestiona el traspié sin estridencias, con ánimo constructivo. Precedente: el triunfo ante el Granada fue ‘celebrado’ con una crisis sobre el futuro de Maciá...

13 mar 2016 / 22:42 h - Actualizado: 14 mar 2016 / 09:42 h.
"Real Betis"
  • Sabin Merino celebra el 3-0 con Adán al fondo / Miguel Toña ( EFE)
    Sabin Merino celebra el 3-0 con Adán al fondo / Miguel Toña ( EFE)

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El nuevo Betis de Juan Merino se pareció al viejo Betis de las últimas jornadas con Pepe Mel y perdió en el nuevo San Mamés, como también solía hacer en el viejo. No cabe objeción alguna a la victoria del equipo rojiblanco y menos todavía a la derrota del verdiblanco, cuya puesta en escena ante un adversario que venía de librar una durísima batalla europea ni 72 horas antes consistió en permitirle rematar a su portería dos veces, ambas con peligro, antes de que se cumpliera el minuto 2. El Athletic chutó dieciocho veces; el Betis, apenas tres. Ni tuvo alma ni tuvo un solo jugador de campo zurdo en el once titular, lo cual crea la paradoja de que diez diestros no dieron una a derechas.

Un Betis bastante titular, aunque sin Dani Ceballos, no pudo con un Athletic muy suplente. También puede valer como resumen de lo mal que lo hicieron Merino y sus futbolistas días después de que alguno soñase con que la temporada podría admitir otros objetivos. La realidad acostumbra a ser tozuda y no deja espacio para fantasías, por mucho que Petros las alimentase haciendo algo que igual logró que su entrenador se echase las manos a la cabeza: hablar de Europa como posible meta en cuanto el Betis ganase dos partidos. Esos fueron sus cálculos. Sólo la palabra ‘cálculo’ debería estar prohibida en el vestuario, los despachos y hasta el entorno del Betis. Implica un sentido de futuro a medio plazo que no cuadra con un club que en general no sabe lo que ocurrirá de un día para otro y que festeja un gran triunfo en casa, el mejor momento de la campaña y la felicidad de su afición... poniendo en duda la continuidad del director deportivo recién fichado. No habrá tiempo para generar crisis internas y debates externos, no. Pero ya se sabe: el Betis, sin crisis ni debates, no sería el Betis.

Puestos a soñar, como esos futbolistas incautos que hablan de lo que no es aconsejable hablar, los béticos podrían soñar que quienes dirigen sus colores no se vuelven locos con una derrota que nada tiene de sorpresiva ni catastrófica y por tanto no abren una nueva crisis interna. Una cosa es la exigencia y otra, tirarse por un barranco cada vez que surge algún obstáculo. ¿Será mucho pedir? En principio parece más razonable y realista que mencionar Europa sólo por ganar un partido...


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