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La historia se escribe en el Maksimir

El Sevilla, decidido a hacer ruido en esta Champions, visita al Dinamo de Zagreb

18 oct 2016 / 01:11 h - Actualizado: 17 oct 2016 / 23:33 h.
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  • Los jugadores del Sevilla en el estadio Maksimir del Dinamo de Zagreb. / SFC
    Los jugadores del Sevilla en el estadio Maksimir del Dinamo de Zagreb. / SFC
  • Posibles alineaciones de los dos equipos.
    Posibles alineaciones de los dos equipos.

«Para los seguidores de este equipo, que comenzaron en este estadio la guerra contra Serbia el 13 de mayo de 1990». Esta leyenda luce en la parte inferior de un relieve expuesto en una de las paredes del vetusto, a pesar de sus renovaciones, estadio de Maksimir, en Zagreb, Croacia. Un legendario escenario donde el Sevilla juega esta noche un partido de Champions League, torneo en el que quiere hacer historia. Y la historia, la de Serbia, la de Croacia, la de la extinta Yugoslavia, se ha escrito en sitios marcados para siempre con sangre y odio, como el viejo Maksimir. A los de Sampaoli no les espera ninguna batalla, salvo que usemos el símil para hablar de la disputa futbolística ante el Dinamo, pero les conviene impregnarse de lo que se respira realmente en un estadio como este, inaugurado en 1912 y escenario de uno de los partidos más recordados por los Balcanes.

En mayo de 1990 el ambiente, por décadas tenso, entre los hoy serbios y los hoy croatas –yugoslavos oficialmente entonces y desde 1945– era ardiente. Preludio de una de las guerras más ignominiosas de la historia moderna, cuyo prólogo se empezó a escribir en el Maksimir, en un Dinamo-Estrella Roja convertido en excusa para una batalla campal (ver vídeo adjunto a esta noticia). No caben eufemismos. Miles de ultras del equipo de Belgrado (Serbia) camino de Zagreb (Croacia), bajo un clima político agitado por los nacionalismos. La pelea era inevitable y no cogió por sorpresa a nadie, y menos al líder serbio, un tal Zelijko Raznatovic –lo conocerán, desgraciadamente, por su mote: Arkan–. Pero sí que nadie esperaba una patada en concreto, la de un futbolista que no huyó de la trifulca a un policía que se ensañaba con un seguidor croata. Esa patada voladora, captada por un acertado fotoperiodista, explicaba a los despistados que eso era ya la guerra, no una simple pelea por un partido de fútbol. Aquel orgulloso croata –y estrella mundial poco después en el Milan– era Boban, compañero en aquel Dinamo de un tal Davor Suker, sevillista un año después, y enemigo aquel día de un croata ex del Dinamo con la camiseta del Estrella Roja: Prosinecki, también sevillista en el futuro. Boban, con su acción, y las casi 20.000 personas del estadio Maksimir –la casa del Dinamo profanada por los cánticos amenazantes de los ultras serbios– explicaban al mundo que ahí se desencadenaba el horror, que ahí empezaba a escribirse uno de los capítulos iniciales de una guerra clave y cruel que desmembraría la artificial y forzadísima Yugoslavia.

Veintiséis años después, el ambiente en nada se parece, afortunadamente. Y allá que va el Sevilla al Maksimir, decidido a empezar a escribir el primer capítulo de su historia en la presente Champions. En verdad ya ha iniciado esa tarea, con un empate en el Juventus Stadium y una victoria gustosa ante el Olympique de Lyon en el Sánchez-Pizjuán. El equipo nervionense quiere, de una vez por todas, hacer ruido en la máxima competición internacional tras la borrachera de Europa League. Y lo primero es pasar a los octavos de final, ronda que no pisa desde que lo eliminara el CSKA de Moscú en 2010. Lo siguiente, Dios dirá...

Para ello no debe dar opciones al impetuoso Dinamo, colista del grupo y que acaba de estrenar a su tercer entrenador del curso: Ivaylov Petev, exseleccionador búlgaro. Ni hoy ni en la siguiente jornada, cuando los croatas visiten Nervión. Con dos derrotas, el equipo de Zagreb se juega sus últimas opciones de pelear por hacer la machada. No ha podido Petev cambiar mucho en el Dinamo, que retará al Sevilla seguramente con un 1-4-2-3-1 sin el delantero Davor Lovren, sancionado. La punta será el chileno Henríquez un viejo conocido de Sampaoli en La Roja.

El técnico sevillista irá con todo, sin reservas. Para empezar, jugará Sergio Rico entre los palos, nada de rotaciones que puedan ser inoportunas. Con la duda del estado real de Rami, a la defensa volverá seguramente Mercado. Y probablemente como lateral diestro, para dar descanso a Mariano –eso implicaría que el francés sería titular en el centro–. Los pocos cambios que planea Sampaoli hacia adelante podrían afectar a Ben Yedder o a Vietto. Uno de los dos dejaría sitio a Sarabia, en gran estado de forma, por lo que no habría dos delanteros de inicio. Kiyotake e Iborra también están en primera línea por si al técnico le da por prescindir de N’Zonzi, Franco Vázquez o Nasri durante el choque. Eso significaría que el Sevilla va ganando y que comienza a ver de cerca la opción de meterse en los octavos. Advirtió ayer Sampaoli de la necesidad de conocer la historia y a quiénes se mide el Sevilla esta noche. Receta fundamental para el triunfo. Dentro de unos meses, si la cosa le ha ido bien a los de Nervión, quizás se podrá decir que todo empezó en el Maksimir Stadion de Zagreb, pero esta vez jugando al fútbol y con patadas sin tanta carga histórica como la de Boban hace 26 años.


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