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Cereales y girasol ensombrecen el balance del año agrario en Sevilla

La compleja tramitación de los derechos de pago base de la PAC y el desarrollo de la ley de la dehesa y la luz verde a las ayudas agroambientales, principales novedades normativas

28 ago 2016 / 22:02 h - Actualizado: 28 ago 2016 / 22:09 h.
"Agricultura","Producción","Agroalimentación","Asaja","PAC","El campo y su agroindustria"
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Con el fin de agosto, toca hacer balance del año agrario. El ejercicio que concluye pasado mañana lo hace repitiendo un patrón climatológico similar al año precedente, en el que un invierno inusualmente cálido, las heladas de febrero, las intensas lluvias de mayo y las altas temperaturas de primavera y verano han condicionado el desarrollo de los principales cultivos de la provincia de Sevilla.

La cruz le tocó este año a los productores de cereales y de girasol, al igual que a los de tomate para industria –concentrados en el Bajo Guadalquivir–, que sufrieron malas cosechas, mermas de calidad y precios muy bajos, mientras que el resto se vadeó entre buenas cosechas y precios más o menos razonables. El aceite, con una producción que rondará los 1,4 millones de toneladas y marcada por la ausencia de stock, mantuvo posiciones en el nivel de precios.

Las lluvias primaverales que no sentaron bien a algunos cultivos sí que beneficiaron a los ganaderos, pues con ellas llegó un ahorro significativo en la alimentación de la cabaña. Aún por estas fechas hay fincas con pasto. Por contra, la tuberculosis bovina se mantiene como el principal problema de sanidad animal.

El análisis pormenorizado de lo que ocurrió este año agrario lo ofrecen el coordinador de los Servicios Técnicos de Asaja Sevilla, Antonio Caro; el técnico de la patronal José Vázquez y el responsable de Ganadería, José Manuel Roca.

Año intenso, además, en la compleja maraña normativa que acompaña a la Política Agraria Común (PAC), con la asignación de los derechos definitivos de pago base que le corresponderán los próximos ejercicios a los agricultores andaluces. Un tedioso proceso que requirió ampliar el plazo del 30 de abril al 15 de junio para poder llegar a tiempo tras un largo periplo de burocracia, incidencias y alegaciones. Según datos del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), en Andalucía se han presentado 255.252 solicitudes únicas de ayudas de la PAC, el 32 por ciento del total de solicitantes españoles (796.451), una cifra que implica un descenso del cinco por ciento.

Una de las razones que explican esta caída responde al régimen de pequeños productores, pues a partir de 2016 no pueden optar a la solicitud única aquellos a los que les corresponden sumas inferiores a los 200 euros (fueron 100 en 2015 y el umbral mínimo será de 300 euros en 2017), explica Antonio Caro, que abunda en que a ese aspecto se añaden las cesiones de derechos que son habituales fruto de compraventas, arrendamientos, fusiones, división de sociedades... Se trata de una fórmula muy extendida en el campo. Tanto, que de hecho, «en Andalucía se ha incrementado un 40 por ciento el número de cesiones de derechos», precisa.

La comunidad consolida además su peso agrario en superficie como arrojan los datos actualizados del FEGA, al concentrar el 20 por ciento de la superficie total declarada, hasta sumar 4.261.134,54 hectáreas sobre los más de 21,3 millones de hectáreas del país.

De especial relevancia para el campo fue la aprobación definitiva por parte de Bruselas del Plan de Desarrollo Rural (PDR) de Andalucía 2014-2020, que ofrece diversas herramientas de ayuda a la inversión por un montante de 2.450 millones al sumar los fondos europeos Feader y la cofinanciación estatal y autonómica. Una de sus líneas más importantes, las ayudas agroambientales, se pusieron en marcha en 2015, si bien estaban condicionadas al visto bueno de la CE. Tras unos meses de comprobación, en algunos casos el resultado no ha sido el esperado. Es lo que ha ocurrido con la exigencia de fechas para mantener inundadas las tablas de arroz o las que se piden para las cubiertas vegetales de algodón y remolacha. Desde Asaja confían en rediseñar lo que no funciona, pues una vez al año existe la posibilidad de presentar modificaciones a la norma. Ahora se está a la espera de la respuesta de Bruselas a las alegaciones planteadas por la Consejería de Agricultura.

Los ganaderos, por su parte, lamentan el retraso tanto en la publicación de los beneficiarios de las ayudas agroambientales de la PAC que les afectan –relativas a la ganadería ecológica o a la mejora de los pastos en dehesa– como la demora en el cobro de ayudas correspondientes al año anterior y que no dejan de ser un pilar fundamental para la rentabilidad de las explotaciones agroganaderas.

A destacar asimismo la puesta en marcha de las medidas que desarrollan la ley de la dehesa con el censo para registrar estos ecosistemas y el plan director que recoge las principales líneas estratégicas. Quedan pendientes, recuerda Roca, los planes de gestión integral de las mismas.

Hasta aquí el resumen de las novedades normativas. Veamos ahora qué ocurrió con los principales cultivos.

Cereales

Ni volumen, ni precios, ni calidad. Los cereales se vieron afectados por la falta de agua y frío en invierno y por las lluvias de mayo, luego sufrieron el intenso calor y el viento de Levante, que propiciaron una cosecha «ridícula» de entre 1.500 y 1.800 kilos por hectárea, cuando el rendimiento habitual se sitúa por encima de los 3.000, explica José Vázquez. Para Sevilla, líder en siembra y producción de trigo duro que se utiliza para elaborar pasta, la cosecha ha sido «testimonial», al situarse en 180.000 toneladas, frente a las 306.000 del año anterior «y eso, a pesar de que la superficie cultivada ha aumentado». Y es que los buenos precios del año anterior hicieron que muchos agricultores sembraran menos trigo blando (133.000 toneladas frente a 245.000).

Girasol

La climatología también le perjudicó en exceso, pues la raíz no se desarrolló como debía y la cosecha de pipas se limitó a 1.000 kilos por hectárea cuando se necesita alcanzar los 1.300-1.400 para cubrir gastos. Se ha pagado menos que el año pasado (unos 15 euros) y la cotización del aceite y la harina están por debajo de lo que debería, a 350 euros, cuando debía rondar los 370-375, incide Vázquez.

Maíz

Son 15.000 las hectáreas que se siembran en Sevilla de las 29.300 que se cuentan en Andalucía, con mayor presencia en el Bajo Guadalquivir. Reseñable es la menor incidencia este año por plagas y el ahorro en tratamientos. Los precios antes de la cosecha se situaban en torno a 177-180 euros; sin embargo, ahora que comienza la recolección, que además es la primera cosecha que llega a Europa, la cotización se sitúa en torno a 170 euros «en el mejor de los casos».

Verdeo

Se consolidan los precios más cercanos a los costes de producción. El año pasado la manzanilla se pagó un 30 por ciento más, alcanzando los 75 céntimos de euro, después de muchos años en pérdidas. Unos precios que parece que se van a consolidar en la próxima campaña que arrancará en torno al 8 de septiembre.

Remolacha

La campaña (junio-agosto) ha ido bien, con una producción final en torno a 600.000 toneladas. La riqueza ha sido este año mayor (16,96 grados), con un rendimiento medio importante que ha alcanzado récord de producción en regadío con 91-92 toneladas por hectárea y 84 en secano. Los precios se mantuvieron similares al año pasado, sobre 41-42 euros, indica Antonio Caro.

Algodón

Sevilla concentra el 60 por ciento de la superficie cultivada, con una cosecha «normal» o ligeramente superior al año pasado estimada en 180.000 toneladas. El agua de mayo obligó a resembrar y ha existido algún problema de plaga, pero se ha autorizado de forma excepcional el uso de defoliante para adelantar la recolección y aumentar la calidad de la fibra. Los precios viven una fase de recuperación en el mercado mundial, con operaciones a futuro cerradas en julio a 48-50 céntimos, frente a los 43-45 del año pasado.

Tomate industria

Esta producción, concentrada en el Bajo Guadalquivir y la Vega, suma 7.300 hectáreas. Las lluvias provocaron pérdidas totales en algunas parcelas, aunque la merma se cifra en un 40 por ciento. El rendimiento se ha visto reducido a la mitad (en torno a 40-50 toneladas por hectárea), mientras que el año pasado hubo récord de 120-130 toneladas.

Patata

Al problema de las heladas se ha sumado el del calibre, lo que influye a la hora de fijar el precio de comercialización. Sevilla acapara el 39 por ciento de la superficie de la variedad temprana con 3.000 hectáreas, que mantiene abierto un frente para evitar la importación de tubérculos procedentes de otros países como Francia.

Fruta de hueso y naranja

La producción de melocotón y nectarina bajó un 15 por ciento. La mejora de los precios en algunos mercados europeos no se dejará sentir por la merma de calidad. La de naranja, por su parte, es un 25 por ciento inferior, con calidad buena y homogeneidad en el calibre, lo que permitirá un mejor precio que en 2015 y rozar los costes de producción.

Arroz

La campaña será normal. La lluvia retrasó unos 25 días la siembra de mayo, pero se espera que se mantenga un rendimiento de 9.500-9.600 kilos/hectárea y una cosecha similar a las 340.000 toneladas de 2015.

Almendro

El aforo del sector señala un descenso del 20 por ciento de la producción, aunque Caro considera que es menor en Sevilla, donde existen plantaciones en el Bajo Guadalquivir, la Campiña, el Aljarafe y la zona de Estepa, y ya se deben haber superado las 1.850 hectáreas.

Ganadería

Los precios en el vacuno han sido buenos, algo mejores que el año pasado, sobre todo en los machos pasteros (tres euros kilo). El vacuno de cebo también registró buenos precios, ya que el bajo coste de los cereales –base de su alimentación– abarató el mantenimiento del animal, precisa José Manuel Roca. En el caso del porcino, el de montanera (alimentado por bellota) ha empezado a coger cotizaciones de rentabilidad (en torno a 30 euros la arroba) después de muchos años. La limitación del número de cochinos en dehesa que marca la norma de calidad está surtiendo su efecto, con lo que el precio debería mantenerse en esos niveles, asevera. El ibérico puro también muestra un diferencial de precio respecto al ibérico, lo que denota que el mercado lo está valorando, mientras que el cebo se recupera tras un fuerte descenso hace meses. En el caso del ovino los precios son buenos, tras recuperarse de una fuerte bajada la pasada primavera.


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