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«El Gobierno tiene que sacar al cangrejo rojo de las especies invasoras»

Iniciaron su andadura empresarial de la mano del cangrejo rojo pero pronto se atrevieron con los precocinados. El Supremo sentenció uno de sus peores momentos al vetar al crustáceo americano. Fueron de los primeros en salir a Europa y EEUU

20 ago 2016 / 19:46 h - Actualizado: 20 ago 2016 / 20:05 h.
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  • Elisabeth Carnerero en la fábrica de Isla Mayor que inauguraron en el año 2014. / El Correo
    Elisabeth Carnerero en la fábrica de Isla Mayor que inauguraron en el año 2014. / El Correo

Forma parte de la segunda generación de Emfacar, ¿pero quién impulsó la compañía?

—Mi padre, Francisco Carnero, fundó la empresa en 1992. Llevaba 35 años trabajando en el sector. Empezó con el cangrejo pero poco tiempo después introdujo la línea de precocinados. La segunda generación entró hace una década, pero empecé a trabajar codo con codo con mi padre hace cinco años. Hoy, mi hermano también trabaja en la compañía.

Además de trabajar con el cangrejo de río, ¿qué otros productos comercializan?

—Nuestro producto estrella es la tortillita de camarón, aunque tenemos en torno a unas 30 referencia. Además del cangrejo entero y la cola del cangrejo, elaboramos bocaditos de verdura, bacalao dorado, pavías de bacalao y merluza o adobo, entre otros. Los precocinados únicamente los comercializamos a nivel nacional a través de grandes cadenas de distribución –como las tortillitas de camarones en Aldi– y bajo diferentes marcas, unas veces como Emfacar, otras como Terranova o incluso bajo la marca del cliente. Además, estamos trabajando en nuevas recetas para productos precocinados.

¿Son equiparables las producciones de cangrejo rojo y precocinados?

—Con respecto a facturación sí, equivalen a un 50 por ciento cada uno. En kilos, el año pasado, elaboramos unas 400 toneladas de precocinados, mientras que de cangrejo fueron unas 600, lo que pasa que la temporada la hacemos en solo tres meses –finales de agosto septiembre, octubre y principio de noviembre–, mientras que el precocinado lo trabajamos durante todo el año.

¿Cuántas personas trabajan en la fábrica?

—La línea de precocinado nos permite mantener un empleo fijo, por lo que durante el año hay unas 35 personas trabajando continuamente. En la campaña del cangrejo llegamos a los 200 trabajadores.

En cuanto al cangrejo rojo, sus principales clientes están en el extranjero. ¿Cuándo iniciaron la internacionalización?

—Mi padre fue de los primeros que empezó a mandar cangrejo a Suecia, Francia. Hubo unos años donde no exportamos, y volvimos a incorporar la internacionalización hace unos 7 años. En Europa, principalmente vendemos en Francia, Holanda, Bélgica y Dinamarca, donde el cangrejo de río se vende entero cocido o la cola pelada y lavada (sin grasa). Fuera de las fronteras europeas nuestro principal cliente es Estados Unido, donde comercializamos el cangrejo rojo con una salsa picante, ya sea entero o la cola.

¿Cómo fueron las primeras horas después de que se conociera la sentencia del Supremo que prohibía la captura y venta del cangrejo rojo vivo?

—Recibimos la noticia con incredulidad. Ves que todo lo que tu padre levantó y te deja en herencia empieza a tambalearse por circunstancias externas al funcionamiento de la fábrica. Veníamos de un inversión de más de 2,5 millones de euros para la construcción de una nueva fábrica, en la que mi padre estuvo desde el primer cimiento. Y cuando surge toda la crisis del cangrejo lo ves peligrar todo. Pero cuando lo vas interiorizando te das cuenta de que hay muchos errores en todo el proceso.

¿Qué tipo de errores?

—Primero que el cangrejo de río cocido nunca ha estado prohibido a pesar de la sentencia, cosa a la que no se le dio una buena difusión. Todo el mundo tenía entendido que no se podía vender el cangrejo rojo, pero no, estaba prohibida la venta del cangrejo de río vivo. Esto llegó a los clientes y tanto ellos como las entidades financieras estaban un tanto reticentes. Nos ha cogido en una época baja de comercio, pero sí nos hemos visto un poco resentidos por esa confusión, porque se pensaba que se había ilegalizado del cangrejo.

¿Cuál es el reto al que se tienen que enfrentar ahora?

—Ahora tenemos que encargarnos de seguir teniendo un suministro y que ese cangrejo vivo se pudiera transportar hasta instalaciones como las nuestras y en eso es en lo que nos encontramos, y en lo que se centra el plan de control de la Junta de Andalucía, que garantiza el suministro de cangrejo cuando aquí no es temporada. Pero, sobre todo, el Gobierno que venga tiene que luchar por intentar sacar al cangrejo rojo del listado de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea.

¿La crisis del cangrejo rojo fue el remate de la económica?

—Hay sectores a los que ha tocado más duramente, pero la gente tiene que seguir comiendo. Nuestros productos no son de primera necesidad, pero sí son económicos. Nos damos por satisfechos y cada año vamos creciendo un poquito más. De hecho, en medio de esta crisis es cuando hemos construido la nueva fábrica. Imagino que podríamos haber crecido más sin crisis, pero no nos podemos quejar.

¿Cómo cerraron el año pasado las cuentas?

—En 2015 facturamos sobre los 2,5 millones de euros.


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