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La España vaciada se convierte en una oportunidad

Es evidente que España tiene un problema de despoblación en un área enorme de su territorio. Tan evidente como lo son las buenas opciones que existen para poner remedio a un asunto que nos puede llevar a todos hasta situaciones muy adversas ante el cambio climático que se está produciendo sin remedio

30 abr 2020 / 13:48 h - Actualizado: 30 abr 2020 / 14:30 h.
"Economía","Energías renovables","Mercados energéticos"
  • La España vaciada se convierte en una oportunidad

La España vaciada, esa España rural tan olvidada y maltratada por el resto de españoles, es la misma que protestaba manifestándose, una y otra vez, antes de iniciarse la crisis sanitaria que vivimos; y es la misma que trabaja sin descanso para que todos los españoles podamos comer a diario. Se la debe tener en cuenta y se la debe dotar de lo necesario para que se convierta en la España recuperada y en fuente de riqueza integrándose con el resto del territorio nacional.

El problema de despoblación de la España rural es viejo. Desde mediados del siglo XIX ha sido motivo de preocupación. Pero los últimos cincuenta años se han disparado los índices que más preocupan. El 48 por ciento del territorio nacional está en riesgo demográfico. 3926 municipios tienen una densidad de población igual o inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado (la UE dice que esa densidad convierte el territorio en despoblado). Sirvan de ejemplo estos dos datos.

A medida que los pequeños municipios se quedan vacíos, las grandes ciudades se convierten en núcleos de población mucho menos sostenibles puesto que los servicios públicos se saturan o colapsan, la vida es más precaria, los precios de las viviendas se disparan y los riesgos sanitarios (a causa, por ejemplo, de la contaminación) son mayores.

Las zonas vaciadas se van convirtiendo, poco a poco, en focos de problemas que hacen que el 34 por ciento de la población esté en riesgo de pobreza o exclusión. Falta empleo, no existen incentivos para emprendedores, las oportunidades son escasas; el envejecimiento de la población es altísimo y, dado que las mujeres suelen elegir las grandes ciudades para emigrar, la masculinización es enorme; la oferta educativa es menor y la falta de inversión crea problemas estructurales y financieros. Es evidente que la despoblación afecta definitivamente a la igualdad de los españoles. Y afecta a todos, nadie está exento, porque el abandono de las zonas rurales y de las labores propias de la agricultura y de la ganadería –trabajos esenciales para mantener la ecología en equilibrio- provoca incendios no deseados, desertización y pérdida de biodiversidad; es decir, el cambio climático tiene una puerta de entrada abierta de par en par. Y todo esto, no debe olvidarse, afecta negativamente al ámbito rural en su conjunto. No está al margen el turismo rural, que es una fuente de ingresos esencial en esos espacios, una actividad que se deteriora y provoca que el problema siga creciendo.

La España vaciada se convierte en una oportunidad

El Gobierno de España, el actual y los que vengan, tienen un reto de grandes dimensiones en el plano de la España vaciada. Y, como ya ha dejado ver en distintos planes e intervenciones, las energías renovables van a tener una importancia decisiva en cualquiera de las acciones que se tomen para paliar el problema. La fusión de los sectores agrícolas y los gestores tecnológicos de energía renovable (fundamentalmente, fotovoltaica y eólica) servirán para potenciar los tejidos productivos rurales, generar riqueza desde esos territorios y luchar contra el cambio climático.

La energía renovable es fuente inagotable de recursos generadores, reduciría la dependencia de España respecto a otras fuentes de energías externas, son mucho más baratas y cumplen con los objetivos de transición energética. En el caso de la España vaciada se podría conseguir un alto crecimiento económico sin aumento de las emisiones de CO2. El «Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2020 – 2030» marca como objetivo que un 40 por ciento de la energía proceda de fuentes renovables y que el 72 por ciento de esa energía sea eléctrica.

La España vaciada, si se integra en planes amplios y bien estructurados, puede convertirse en un foco de gran generación de empleo y riqueza. Además, dejarían de depender exclusivamente de la agricultura y ganadería. Es una oportunidad magnífica para dar un golpe de timón y evitar un desastre económico que llega sin remedio. Y es una deuda que tenemos con los hombres y mujeres que una vez dejamos olvidados. Ellos no lo han hecho con nosotros. Se lo debemos.


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