sábado, 30 mayo 2020
21:09
, última actualización
Crónicas empresariales

Los idiotas católicos y los listos protestantes

05 abr 2020 / 04:55 h - Actualizado: 04 abr 2020 / 23:55 h.
"Crónicas empresariales"
  • Los idiotas católicos y los listos protestantes

Como se sabe, los ricos y prósperos protestantes de Holanda, Alemania y compañeros de viaje –Austria y Finlandia- se niegan a que el dinero que necesitan España e Italia para salir del pozo en el que estamos cayendo sin llegar al fondo ni mucho menos, proceda de un acto de solidaridad europea como club que forma la teórica Unión Europea. No, ellos son los listos protestantes que hacen las cosas como Lutero y Calvino mandan y nosotros los idiotas de la piedad y la caridad católicas.

Por cierto, a la primera ministra finlandesa, la socialdemócrata Sanna Marin, “compañera” de ideología de Pedro Sánchez, no le importa sumarse al liberal Mark Rutte (Holanda), a la conservadora Ángela Merkel (Alemania) o al muy conservador Sebastian Kurz (Austria), en su oposición a los "coronabonos", es decir a la ayuda comunitaria en favor de Italia y España. Ella dice poco más o menos que cada palo aguante su vela o, lo que es lo mismo, que cada país sea responsable de su economía, lo cual es lógico, pero para eso no hace falta la UE.

Todo ello, a pesar de que, hasta la pandemia, España contaba con varios años de fuerte crecimiento, pero en apenas dos semanas, la economía española, ha pasado de encarar una suave desaceleración, contemplada con cierta envidia por sus vecinas, al colapso prácticamente total.

En este escenario, las potencias protestantes, sin tener en cuenta que esto no es una crisis como la de 2007-2008 sino algo imprevisto con miles de muertos por medio –la mayoría ancianos que en Holanda dejan morir sólo por la edad-, nos dicen: nada de eurobonos comunitarios europeos, vayan a pedirle préstamos al MEDE –una institución financiera de la UE que no tiene bastante dinero para financiarnos- pero nosotros vigilaremos lo que ejecutan con ese dinero haciéndonos si es preciso con el control de la economía y la empresa españolas e italianas más aún de lo que hoy controlamos (ING, sector automovilístico, etc.). En otras palabras, cornudos y apaleados, con la pandemia encima y además humillados, intervenidos, invadidos por la austeridad que al final aumenta las distancias sociales y mata el poder adquisitivo con lo cual las empresas salen perdiendo.

Distancias culturales

Cuando ya hace años viví una buena temporada en Alemania no perdoné la siesta ni allí. Sin embargo, escribí la base de un libro al que considero uno de los dos o tres mejores que he escrito: El éxtasis cibernético, en el que ya en 2001 puse de relieve el espejismo que significan las nuevas tecnologías cuando las llamamos revolucionarias. Le dediqué el libro a mi maestro principal, Friedrich Nietzsche, ya que me hallaba en la tierra donde nació, aunque a él no le gustara nada: “Soy ajeno a todo lo alemán, hasta el extremo de que la simple cercanía de un alemán me corta la digestión. Alemania corrompe toda la cultura que toca”, escribió en su desgarrador texto Ecce homo.

Durante la mañana me dedicaba a hacer algo de turismo y por la tarde-noche escribía, pero al levantarme de la siesta ya estaba todo a punto de cerrar y el personal se iba a sus casas. A veces venía a la casa donde me hospedaba una familia holandesa que anunciaba su llegada y su partida, algo que cumplía a rajatabla, lo cual me gustaba especialmente porque prefiero eso a los latinos y sevillanos cuyas visitas no tienen fin. La esposa del español que me invitó a la estancia es alemana y una noche, cuando empecé a preguntarle por asuntos que a mí me parecieron de cortesía y superficiales sobre su vida y sus gustos, llegó un momento en que se calló, miró a su marido y le dijo: “Esto que es, ¿un interrogatorio?”.

Estos pequeños detalles me hicieron comprender nuestras distancias culturales. Fueron pasando los años y terminé por entender más significados gracias al estudio de la Historia, eso me permite ahora especular sobre las causas por las que Alemania y Holanda –justamente el mundo protestante- se portan de esa manera con un país de cultura católica, algo que se observa hasta en la izquierda más izquierda cuando confunde solidaridad y justicia con caridad en el tema de los inmigrantes, por ejemplo.

Ellos son los ahorradores, nosotros los que derrochamos y no trabajamos. El ocio fue siempre objeto de temor para los puritanos que fundaron Estados Unidos. El protestantismo ha creído siempre que la mejor forma de servir a Dios es trabajando. Lutero se rebeló contra los despilfarros del Vaticano y ahora Alemania y Holanda lo hacen contra los que supuestamente mantenemos italianos y españoles. En la época de Lutero tenía mucho sentido pero ahora estamos en un club que pretendía ser solidario tras imponer el euro a imagen y semejanza de la Europa del Norte que se cree supremacista cuando su supuesta raza superior mordió el polvo en 1945.

Empresa y creencia

La empresa protestante y su sociedad se han levantado sobre esta creencia: en la Europa del siglo XVI en la que nació el puritanismo, Calvino y Lutero tenían la convicción de que Dios había ordenado el trabajo continuo e instaban a sus fieles a trabajar como si fueran centinelas que no pueden abandonar su puesto salvo con alguna buena razón. Por el contrario, la cultura católica incluye la concepción del mundo como un valle de lágrimas donde el trabajo es un castigo divino y donde hay que esperar a morirse para ir a un mundo mejor. Aquí está el quid de la cuestión filosófica de fondo en el conflicto norte-sur de la UE.

Pero sería superficial detenerse ahí porque esa cultura del trabajo protestante ha derivado en depravaciones y corrupciones de todo tipo y hasta nos ha llevado a dos guerras mundiales.

Las réplicas al supremacismo

El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha afirmado que España e Italia no han aprovechado los años de crecimiento para reducir su deuda. ¿Por qué habría que confiar en unos países que tienen la deuda disparada al 96% o 136% cuando ellos han reducido la suya al 47%?, se pregunta. Los medios también se han hecho eco de un hecho: un presidente del Eurogrupo, el socialista holandés Jeroem Djisselbloem, en 2017, se permitió afirmar que “no se puede gastar todo el dinero en copas y mujeres y luego pedir que te ayuden”. Holanda habla con la seguridad que le da el respaldo de Alemania que, aunque no es tan descarada, tampoco ha podido librarse de Lutero aunque ambos países lo han adaptado a sus intereses ya ajenos en gran medida a su ética.

Menos mal que han aparecido voces discordantes –si estamos esperando una reacción contundente del gobierno español nos pueden dar las uvas de 2023- que, al defender a España están defendiendo la dignidad de los españoles y de sus empresarios. En buena medida, el comportamiento de Alemania y Holanda se debe al ancestral complejo de inferioridad español. Para mis alumnos españoles Erasmus aquello es una maravilla y lo nuestro una porquería. Sin embargo, Juan Torres, reconociendo, como hago yo, que hay aspectos protestantes que debemos imitar, ha recordado estos días una serie de hechos que son verdades como puños. A Alemania le ha dicho, entre otras aseveraciones:

“Ahora que es tan exigente con las deudas de los demás, Alemania también se olvida de que es precisamente el país europeo que más deuda ha dejado de pagar, al que más se le ha perdonado. En 1930, 1931 y 1932 se le concedieron moratorias y reestructuraciones que dejaron reducida al 2% su deuda original de la primera guerra mundial. En 1939 Hitler dejó de pagar todas las deudas pendientes y de nuevo en 1953 -cuando debía dinero a más de 70 países- el Tratado de Londres volvió a perdonarle el 62% pendiente de la primera guerra mundial, de la segunda y de la postguerra. Se olvida, pues, Alemania, de que ha podido llegar a ser una potencia de nuestra era gracias a la generosidad y el sentido común de los demás países que le han perdonado la mayor parte de sus deudas. Entre ellos, por cierto, Grecia, a quien los dirigentes alemanes trataron, sin embargo, con superioridad y saña injustificada en la crisis de 2008”.

“Se olvida Alemania, por ejemplo, de que se benefició de la generosidad de sus acreedores cuando, después de la segunda guerra mundial, le permitieron que sólo dedicara un 5% de sus ingresos por exportaciones a pagar deuda. Mientras que los líderes alemanes obligaron a Grecia a dedicar casi el 40% de su PIB a pagarla en la última crisis económica”.

El profesor Torres añade en su web “La concentración de la riqueza en Alemania (donde el 1% más rico recibe tanto como el 50% más pobre) es una de las más altas de la OCDE. Y aunque sus dirigentes se precian del alto nivel de empleo alemán, no se puede olvidar que sólo el 40% lo es a tiempo completo y que la mitad de los trabajadores están a tiempo parcial, subcontratados, son falsos autónomos o tienen remuneraciones muy bajas (un tercio de los pobres alemanes tienen empleo). También son especialmente grandes las diferencias entre mujeres y hombres en Alemania y los impuestos sobre el trabajo representan los dos tercios de los ingresos fiscales, mientras que los que recaen sobre el capital solo aportan el 13%”.

Con relación a Holanda, escribe Torres que el citado Jeroen Dijsselbloem, afirmó en marzo de 2017 que los países del sur nos gastamos todo el dinero «en copas y mujeres para luego pedir que se nos ayude». “Y eso lo dice –sostiene Juan Torres- el ministro de un país que exhibe a las mujeres prostituidas en escaparates”. Asimismo, el profesor Torres le recuerda a Holanda, cuando sus dirigentes hablan de la corrupción en España –condenada sistemáticamente por Torres desde todas las tribunas en las que escribe-: “¿Acaso el haberse convertido en un auténtico paraíso fiscal para permitir que las grandes empresas no paguen impuestos en los países donde realmente operan no es corrupción? Y añade: “Un estudio reciente publicado en una revista del Fondo Monetario Internacional reveló que Holanda y Luxemburgo acogen la mitad de la inversión ficticia mundial, es decir, la que no se realiza realmente, sino que sólo está en las cuentas de las empresas para evadir impuestos. En España se calcula que las grandes empresas multinacionales dejan de pagar unos 13.500 millones de euros en impuestos gracias a la existencia de países como Holanda, que proporcionan la posibilidad de eludirlos”.

En conclusión, esta postura “repugnante” (palabra empleada por el primer ministro portugués Antonio Costa) puede tener dos graves consecuencias, si nos vamos a lo más extremo: el crecimiento desmedido del fascismo y del nazismo y la desmembración del proyecto europeo con el consiguiente golpe a la mundialización de las actividades económico-empresariales en marcha, a pesar de la pandemia. De ahí que los listos protestantes hayan visto que se les puede terminar el cuento del trabajo patológico del que viven y hayan empezado a pedir disculpas a los vagos del sur al tiempo que piensan en aflojar el puño para que nos llegue dinero sin perder mucho la dignidad porque entre los dirigentes laicos españoles y los muy creyentes y trabajadores luteranos nos van a dejar a todos en manos de China y Rusia que, por cierto, es Europa también, eso se nos olvida.


Consultorio financiero en El Correo de Andalucía Marcaje al Empresario en El Correo de Andalucía Edictos en El Correo de Andalucía
Todos los vídeos de Semana Santa 2016