jueves, 22 octubre 2020

Punto y final a una carrera por amor

Miguel Peña se retira para contraer matrimonio con su pareja, Rocío. Ha sido un símbolo en la historia reciente de La Barrera. Es central y el pichichi con 14 goles.

16 mar 2016 / 13:01 h - Actualizado: 16 mar 2016 / 13:13 h.
"Primera Andaluza","La Barrera"
  • Los jugadores de La Barrera felicitan a Peña, con el dorsal ‘4’, tras marcar en Peñarroya. / Minuto90
    Los jugadores de La Barrera felicitan a Peña, con el dorsal ‘4’, tras marcar en Peñarroya. / Minuto90

Miguel Peña Garrido (Mairena del Alcor, 13-2-1983) es una de las voces autorizadas de La Barrera, su hogar desde que en 2007 aceptara una oferta de Andrés Castellano, Rarra, en aquel momento el entrenador de un conjunto de idiosincrasia innegociable que militaba en la antigua Primera Provincial. «Era profesor en Cádiz y respetaban la particularidad de que no pudiera entrenar demasiado con el grupo», relata 9 años después y apenas unos días antes de anunciar su retirada definitiva. Será el Domingo de Ramos ante la UD Morón.

Abandona el fútbol en activo por amor, ya que el próximo 30 de abril contraerá matrimonio con su pareja, Rocío, en la ermita de San Sebastián y ante la cómplice mirada de Jesús Nazareno. Su curriculum es la hoja de ruta de un chico que se enroló en la fábrica del Mairena como lateral zurdo, aunque tras una etapa en el conjunto del San Bartolomé y una aventura efímera en el Paradas Balompié, donde ya asumió las funciones de central, rellenó el petate para unirse a La Barrera, su Barrera. En el antiguo Polideportivo –ahora Jozabed Sánchez Ruiz– repitió como central y lateral, aunque un buen día y a causa de una plaga de lesiones Rarra le asignó el ‘9’.

Fue en el albero del Adame Bruña y ante la Rociera. Marcó un gol y participó en otro. Aquel día nació la figura de un delantero a la antigua usanza. Alto, corpulento y con garra. A principios de curso lució el brazalete y ejerció la función de central, aunque la marcha de Soto en enero propició que Álex Martín, el técnico verderón, decidiera que retornara a sus orígenes de killer. Los números son claros. Ha anotado 14 goles, la tercera mejor cifra del torneo, y es el pichichi de La Barrera, el club del que se despedirá el Domingo de Ramos para asumir otro reto, el matrimonio. Un nuevo reto que ahora compartirá con su pareja. Su padre y delegado, Miguel, y su madre, Manoli, ya no celebrarán más un gol de su hijo. De su niño.


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