Josué Brachi, la disección de un ganador

A 97 días de los Juegos Olímpicos de Río, el haltera sevillano descubre su día a día, las fortalezas y los miedos de un campeón y su increíble capacidad para disfrutar de un sacrificio espartano

28 abr 2016 / 23:39 h - Actualizado: 29 abr 2016 / 11:53 h.
"Halterofilia","Josué Brachi"
  • Josué Brachi posa en el restaurante Abades Triana, cuya gerencia organizó el encuentro junto a la Asociación de la Prensa Deportiva. / Foto: Manuel Gómez.
    Josué Brachi posa en el restaurante Abades Triana, cuya gerencia organizó el encuentro junto a la Asociación de la Prensa Deportiva. / Foto: Manuel Gómez.

Josué Brachi forma parte del club de los elegidos. Así lo dicen sus títulos y sus medallas, pero más allá de los resultados hay una carga profunda en la personalidad de este haltera sevillano convertido en campeón en el sótano del San Pablo pero que aspira a mucho más, a convertirse en leyenda, en un referente más allá de su propio deporte.

Frente a la Torre del Oro, en un encuentro organizado por Grupo Abades y la Asociación de la Prensa Deportiva, el doble campeón europeo ofreció una clase magistral, una disección de sí mismo, la disección de un ganador. Es uno de los pocos sevillanos que estará en los Juegos de Río aunque planea mostrar toda su dimensión competitiva en los siguientes, en Tokio 2020. Sólo tiene 23 años. «A los Juegos iré con la mentalidad de ser el primero, mentalmente soy un ganador y eso se refleja en la competición, si tú no te consideras, los rivales no te van a considerar”. Sus reflexiones serían extrapolables para cualquier disciplina, pero es para él una filosofía de vida: «la mentalidad de campeón la tengo en todo en la vida, si en el futuro soy enfermero querré ser el mejor enfermero, o el mejor médico, o lo que sea, así me lo han enseñado desde pequeño». Tiene un grado de enfermería, pero sus inquietudes son muy diversas. El caso es no parar quieto: «en breve espero presentar mi propia línea de ropa».

En su cabeza fluye todo muy rápido. Gajes de un oficio en el que el éxito o la decepción se dilucidan en poco más de dos segundos, lo que dura el movimiento para levantar el peso. «Es el gesto más rápido que hay en unas olimpiadas”. Pesa por debajo de 56 kilos, su categoría, y es capaz de levantar 121 en arrancada y 143 en dos tiempos, sus récords de España en el último Europeo celebrado en Noruega.

«En este deporte si no entrenas un día lo notas. Siempre hay que estar al 120 por cien y hay que tener constancia durante los 365 días del año», y con toda naturalidad desvela que «sólo he tenido una semana de vacaciones desde 2012. Estuve en Canarias, y al segundo día no sabía qué hacer y me fui al gimnasio».

Entrena siete horas al día, y el resto del tiempo lo invierte también en estar preparado para el entrenamiento del día siguiente: descanso y un control absoluto de la alimentación. «Los sábados sólo entreno por la mañana, por la tarde voy al spa y los domingos entreno por gusto». Y su hábitat natural es la competición, lo tiene claro. «Siempre entreno por debajo de mis marcas, para mejorarlas está la competición. Cuando entreno a veces levanto 117 y me parecen 130. Pero en la competición veo a los rivales y me hierve la sangre». «Se trata de dar lo mejor de ti compitiendo, estoy seis meses entrenando para diez minutos, y tengo que estar perfecto en el momento justo. Me divierte mucho la competición. Cuando estoy en la tarima pienso que es algo que he hecho toda mi vida, pero con más kilos». Nada de nervios.

Eso sí, desvela que, como es normal, tiene sus días malos, y sus dudas. «Sigo teniendo miedo y hay técnicas para combatirlo: después de cada entreno me quedo solo en una habitación a oscuras, con los ojos cerrados, visualizando el próximo entrenamiento, pensando siempre en positivo. Piensa que en mi deporte todo se decide en décimas de segundo, y no puedes pensar en ese instante en otra cosa». Lleva años trabajando con el doctor José Carlos Jaenes, uno de los mejores especialistas del mundo en psicología deportiva.

«Eres tú el que sin querer te pones las barreras. La psicología cuenta mucho. Esto no es un deporte de brutos, como algunos dicen. Muchas competiciones se ganan en el calentamiento. No puedes reflejar en tu cara dudas, es entonces cuando se ven las estrategias y cómo está cada uno».

Y marca un objetivo ambicioso para Río. «Si estoy entre los cinco primeros en los Juegos estaré contento». Sería la mejor clasificación histórica de un español después de que Andrés Mata, en 2012, fuese octavo, aunque va más allá: «no descarto una medalla si alguien falla, pero lo que tengo claro es que daré el 120 por cien».

En su día a día hay muchas pautas y reglas que no se salta nunca. «El nutricionista me mide todo al milímetro, suelo hacer un mes antes de restricciones severas, y cuando acabo la competición me permito algún lujo, como el puchero de mi abuela con su pringá. Algún día me permito comer pizza o una hamburguesa. Me suelen sentar mal. Mi cuerpo está acostumbrado a comer muy bien». «Después de cada competición estoy muerto, ni ceno, voy a dormir directamente».

«En casa no soy un campeón de Europa, limpio, me hago la cama y la comida», subraya, porque quiere dejar claro que los éxitos en el deporte no le han cambiado. «Quiero ser abanderado de mi deporte en mi ciudad y en mi país. Eso significa aceptar la responsabilidad de ser un referente. En los campeonatos de Andalucía vienen los niños a hacerse fotos, me piden consejos por facebook. He llegado hasta aquí siendo humilde y no me voy ahora a creer que soy alguien».

Agradece que cada vez se conozca más de un deporte que vive su mejor momento en España, aunque refiere algunas anécdotas simpáticas: «una vez una señora me preguntó que si la halterofilia es una enfermedad». «La gente está más informada gracias a los medios de comunicación, y llega más gente. Pero es un deporte muy exigente desde el primer minuto y eso a los 14 años, esa responsabilidad, lo hace difícil, porque te lleva al límite del cansancio».

«Siguen existiendo leyendas falsas como que es un deporte que te deja pequeño, yo digo que tampoco el baloncesto te deja grande. Es un deporte que va acorde con nuestro cuerpo».

Se felicita también por la lucha antidopaje que ha ayudado a limpiar un deporte que estuvo bajo sospecha durante mucho tiempo. «La lucha contra el dopaje ha evolucionado mucho y ha sido un gran paso. Se han bajado aquellas marcas que eran imposibles, se hacían burradas, pero también la halterofilia española ha subido mucho, y no sólo las marcas. Antes estaba bien con ir a las competiciones, ahora la mentalidad es ir para competir».

Y aunque irá a por todas a Río, después de mejorar sus marcas en diez kilos de un título europeo a otro, tiene claro que «hay un proceso y hay que ir poco a poco. El coreano Om Yun Choi, campeón olímpico y del mundo, tiene los récords en 140 en arrancada y 175 en dos tiempos. Tiene 29 años. Soy de los más jóvenes entre los diez mejores del mundo de mi categoría y el cuerpo de un haltera está formado a los 28 años, estás consolidado entre los 26 y los 32 años. Así que en Tokio 2020 (con 28 años) estaré perfecto».


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