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La corbata de Pablo Iglesias

Mientras Iglesias y Rivera avanzan, Rajoy y Sánchez siguen con una imagen estancada

10 jun 2016 / 08:55 h - Actualizado: 10 jun 2016 / 08:59 h.
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  • Pablo Iglesias, durante una entrevista en el informativo de la noche de TVE. / Efe
    Pablo Iglesias, durante una entrevista en el informativo de la noche de TVE. / Efe

Es una corbata delgada que sabe que no tendrá competencia con las solapas de ninguna chaqueta. Su nudo, sencillo, está calculadamente desajustado para que la boca de la camisa deje a las claras que, «de cuello duro, nada». Y esto ha sido norma, y no excepción, en una precampaña en la que el candidato Iglesias ha querido tal vez contrarrestar la imagen de desacuerdo continuo que abocó a esta repetición de elecciones.

Iglesias se ha prodigado poco durante estas dos últimas semanas, y aún menos sus competidores. Todos han estado en barbecho, tal vez para no saturar en demasía al sufrido votante. Casi todos han puesto por delante a sus mariscales de infantería para mantener viva la llama, pero lo justo para no restarles protagonismo a la hora de la verdad.

Pablo Casado y María Dolores de Cospedal han suplido a un Rajoy del que no se esperaba nada; Antonio Hernando se ha batido en la trinchera para que Pedro Sánchez no se ensucie su camisa blanca impoluta, y Pablo Iglesias se ha cubierto las espaldas con Íñigo Errejón y un Pablo Echenique mucho más activo que el defenestrado Sergio Pascual.

La excepción la hemos encontrado en Albert Rivera, que ha mantenido su línea de apariciones en televisión y redes sociales, añadiendo incluso el rentoy de su visita a Venezuela. El líder naranja no se ha atrevido a que ni Juan Carlos Girauta ni José Manuel Villegas ocupen su lugar, en contra de lo que han hecho sus competidores. El CIS arroja que, desde luego, ese pretendido «nadar y guardar la ropa» no ha servido de mucho en cuanto a la valoración de los líderes, pues Rivera queda una vez más por encima de Sánchez, Iglesias y Rajoy.

Todos ellos tienen ya planificadas sus apariciones en mítines y cadenas televisivas, en los que aún tendremos que esperar vueltas de tuerca en forma de «contraprogramación», un más que posible nuevo escenario de competencia.

De momento, pronto tendremos a Rajoy hablando con Trancas y Barrancas y a Pablo Iglesias en más platós de televisión que mítines.

Aunque para rentabilizar el ostracismo ya está Alberto Garzón, el líder mejor valorado, especialmente ahora que está a la sombra de Iglesias. ¿Ha sido su mutis en los medios el que ha impulsado de nuevo su figura? Probablemente no, con casi toda seguridad ha sido su línea seguida en redes sociales, haciendo gala de una naturalidad nada impostada, muy bien apoyada por los asesores de comunicación de Izquierda Unida. No olvidemos el tuit más valorado de la pasada campaña. El 7 de diciembre se celebró el primer «debate a cuatro» (con Sáenz de Santamaría sustituyendo a Rajoy), por supuesto sin contar con Garzón. Su tuit «¿Os está gustando mi intervención? Es lo que tiene la democracia, que está a régimen» pulverizó todos los registros de la red social del pajarito en campaña. También, muy probablemente, la gente valora su aceptación noble y sin fisuras a una unión con Iglesias que tiene un evidente peligro de fagocitación.

Albert Rivera es, podríamos decir, «el más americano» de todos, si tenemos en cuenta cómo los candidatos a la presidencia norteamericana no tienen este temor al desgaste. Al otro lado del charco estos políticos pasan largos meses de promoción, primero batiéndose el cobre dentro de su propio partido y al final en la lucha dual contra el otro gran candidato. Todo sin aparentar desgaste alguno, como si estar en campaña fuera un oficio.

Frente a ese modo ya tan clásico de hacer política en Estados Unidos, en nuestro país los diseños de campaña se hacen ya al milímetro, estudiando hasta el más mínimo detalle.

Todo hace pensar que en esta segunda campaña veremos, al fin, notas de originalidad e incluso un rendimiento mayor de los activos de marketing. Ya se sabe que, con hambre, el hombre se vuelve más ingenioso. Si a eso sumamos la merma en los recursos económicos que se ha sufrido desde el 20D, el resultado bien puede ser mucho más aprovechable para el ciudadano de a pie.

De momento, Unidos Podemos nos ha obsequiado con su catálogo «de Ikea», una idea que maravilla a cualquiera que se dedique al marketing y la publicidad (no tanto a fotógrafos y maquetadores), ganando además tiempo de precampaña por encima de sus oponentes.


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