El aborto y la manzanilla real

En 1998, un pastor analfabeto de La Alpujarra fue acusado de arrancar una mata de manzanilla real, una especie protegida. La acusación pidió dos años y tres meses de cárcel más 250.000 pesetas de multa. Hoy un feto vale menos que un manojo de manzanilla real

22 may 2022 / 04:00 h - Actualizado: 22 may 2022 / 04:00 h.
"Crónicas dominicales"
  • El aborto y la manzanilla real

Nunca estuve a favor del aborto y no soy de derechas, a mí me enseñaron que una vida humana es sagrada y que la izquierda lo que persigue es la vida, no la muerte. Al desear la justicia social y la solidaridad entre la especie se supone que está llevando a cabo un canto a la vida, empezando por la semilla de lo que va a ser una criatura humana.

Sartre hablaba del ser en sí y del ser para sí. La segunda de estas expresiones condena al humano “a ser libre”. Se trata del humano ya existente como tal. Kant, en su obra Ética mínima, también se refiere al humano ya existente. Sobre ello, escribió: “El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no solo las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin”. En la Fundamentación para una metafísica de las costumbres, el mismo Kant, anota: Obra de tal modo que tomes a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca meramente como un medio. Y además: “Cada cual debe tratarse a sí mismo y a los demás, nunca simplemente como medio, sino siempre como un fin en sí mismo... Sin embargo, lo que constituye la única condición bajo la cual puede algo ser fin en sí mismo, no posee simplemente un valor relativo, o sea, un precio, sino un valor intrínseco: la dignidad». En la Crítica de la razón práctica, afirma Kant: “El hombre es en verdad bastante impío, pero la humanidad representada en su persona tiene que serle sagrada”.

Hegel tampoco habla explícitamente del nasciturus, pero aporta su conocida idea sobre la semilla: “Con la semilla empieza la planta, pero esa semilla es, a la vez, el resultado de toda la vida de la planta; ésta se desarrolla para producirla. Pero la impotencia de la vida se nos muestra en el hecho de que la semilla es a la vez comienzo y resultado del individuo; de que, como punto de partida y como resultado, es diferente y, sin embargo, idéntica, producto de un individuo y comienzo de otro. Ambos aspectos son distintos en ella como la forma simple de la semilla es distinta del proceso de desarrollo de la planta”.

¿Acaso creen ustedes que estoy filosofando fuera de la realidad? No, el ser humano que se está formando en el vientre de una mujer es una semilla, un ser humano en sí que va a pasar a ser para sí. Tiene derechos porque simboliza la continuación de la especie. Yo estoy contra la destrucción de esa semilla, si bien comprendo que deben existir leyes a las que los seres humanos libres se puedan acoger si han sido víctimas de violaciones o si el feto resulta que no va a ser una criatura humana plena. El otro día, Maruja Torres, sacaba en la SER su cara de feminismo hegemónico poniendo a parir a un varón que, ante su presencia, había afirmado: “Si una mujer aborta un hijo mío la meto en la cárcel”. Torres tiene introyectada la idea de que el cuerpo de la mujer, que es de la mujer, incluye también al nasciturus. ¿Por qué? Un cigoto, como todo el mundo sabe, es la unión de dos ADN, el del varón y el de la hembra. ¿Quién le da derecho a una mujer a decidir sobre el 50 por ciento del ADN del varón? ¿Ella misma? Pues sí.

Estos días estoy recibiendo mensajes en los que me recuerdan que en la naturaleza hay bastantes elementos no humanos que son seres potenciales y sin embargo están protegidos por las leyes. Ese derecho no lo tiene una semilla humana que encierra un humano en evolución.

En 1998, un pastor de la Alpujarra granadina, Miguel Gallegos, cogió una mata de manzanilla que pesaba 190 gramos. Era para elaborar infusiones con las que aliviar los malestares intestinales de sus hijos. Como se trataba de manzanilla real, especie única en Sierra Nevada, protegida, el pastor -que era analfabeto- fue detenido y la acusación pidió para él dos años y tres meses de prisión más una multa de 250.000 pesetas (unos 1.500 euros). La prensa y la sociedad se alzó contra lo que consideró un atropello. La historia nos la recuerda su abogado defensor en ese enlace. Había vulnerado la ley aunque no la conociera. Incluso hubo ecologistas que prefirieron proteger a la planta antes que al pastor que era en realidad un trozo de naturaleza en armonía con la manzanilla, esos seres que en cohesión con lo natural sólo se sirven de aquello que necesitan, no de decenas de rollos de papel higiénico o de más botellas de aceite de girasol de la cuenta. Se quejaron esos ecologistas pijos y progres que van al campo a hacer senderismo o a pedalear en bicicleta, entre otras distracciones.

El juez vio en aquello un despropósito, ¿cómo salir de él? Porque el pastor había vulnerado la ley aunque la desconociera. Una ley que no sabía ni leer y menos entender porque a la manzanilla real, en los textos legales, se la mencionaba por su nombre en latín. Como al bueno de Miguel Gallegos -que vivía en una casa muy humilde de la montaña- lo habían acusado por lo penal, el juez consideró que era improcedente llegar tan lejos y dejó el asunto en 45.000 pesetas de multa. Y como el pecador no tenía dinero absolvió al presunto delincuente. Claro, la multa y la cárcel no eran para él sino para quienes permitieron que no fuera al colegio, eso para empezar.

El asunto se inició en 1998, hasta 2001 no fue el juicio. Tres años teniendo sumido en la angustia a una persona por hacer lo que hicieron sus antepasados incluso como una profesión. El juez afirmó en su sentencia que no era suficiente con legislar que una planta estaba protegida sino que era además necesario protegerla realmente, informar al ciudadano in situ de esa protección. Además, aquellos montes de La Alpujarra habían sido cedidos a los pastores para que los usaran como modo de vida, ¿de qué manera distinguir lo protegido de lo que no lo es? ¿Cómo controlar al ganado para que no se zampara lo que no se debía zampar, no fuera que encarcelaran a una cabra o a una oveja dos años y tres meses y les cascaran una multa de 1.500 euros?

Un cigoto o un feto -semilla de un ser humano para sí, semilla de alguien que posee dignidad per se- no tiene la protección de la manzanilla real ni unos padres el derecho y la obligación de ser padres de sus hijas menores de edad. Se rompen las leyes naturales con imaginarios culturales a los que se presentan como derechos. Repito que comprendo los casos de aborto por motivos muy especiales. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con los otros, me proyectan rechazos. No me extraña que existan corrientes que quieran aportar coherencia a todo esto, lo que sucede es que no son de mis simpatías porque lo hacen en nombre de ortodoxias varias y con fundamentalismo ignorante. Ése no es mi estilo, sólo puedo decir que una de las pocas satisfacciones que experimento en estos tiempos es ver a una mujer embarazada que va a dar a luz a una criatura que a lo mejor nos saca de esta encrucijada.


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