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El catalizador de una búsqueda exitosa

Twitter y Facebook son los instrumentos más útiles para extender una alerta por desaparición en cuestión de minutos

21 oct 2016 / 14:00 h - Actualizado: 21 oct 2016 / 14:21 h.
  • Tan importante es comunicar la activación de una búsqueda como su desactivación. Así lo hace la Policía Nacional en su perfil de Twitter.
    Tan importante es comunicar la activación de una búsqueda como su desactivación. Así lo hace la Policía Nacional en su perfil de Twitter.
  • Diana Cristina López-Pinel, la madre de Diana Quer, muestra un móvil con la foto de su hija desaparecida. / Efe
    Diana Cristina López-Pinel, la madre de Diana Quer, muestra un móvil con la foto de su hija desaparecida. / Efe
  • Manuela Chavero desapareció el pasado 5 de julio en Monesterio. Estaba en trámites de separación y tiene dos hijos, que ahora están con su padre en la localidad sevillana de Las Pajanosas.
    Manuela Chavero desapareció el pasado 5 de julio en Monesterio. Estaba en trámites de separación y tiene dos hijos, que ahora están con su padre en la localidad sevillana de Las Pajanosas.

Las redes sociales son, junto con el trabajo de la Policía y la Guardia Civil, los mejores catalizadores para gestionar la búsqueda de un desaparecido. Esto que nadie duda, es sin embargo un poliédrico conjunto de ventajas y desventajas.

El principal hándicap del uso de las redes sociales es que todo puede estar fuera de control en cuestión de minutos. Es decir, exige que cualquier mensaje que se vierta en ellas se haga con extrema prudencia, tras haber verificado toda la información que se aporta.

Twitter es sin duda la red en la que más rápido se puede difundir una alerta de desaparición. Pedir un retuit al que acompañe información gráfica bien presentada es una de las acciones más productivas de la red del pájaro azul. Sin ir más lejos, en el ránking de los tuits más retuiteados de este diario, son los relativos a desapariciones los que mejores datos aportan a la estadística.

Así, en cuestión de pocos minutos, un mensaje por Twitter de, por ejemplo, la Policía Nacional reportando una desaparición reciente, puede alcanzar decenas de miles de repeticiones y alcanzar un millón de visualizaciones. Para las Fuerzas de Seguridad del Estado, esta difusión ultrarrápida es extremadamente útil para encontrar con prontitud, por ejemplo, menores desaparecidos en grandes ciudades.

Para la Asociación SOS Desaparecidos, una de las principales herramientas para la difusión de desapariciones es la «ficha» del desaparecido, en la que deben estar bien visibles los siguientes elementos: una o dos fotografías del rostro, el nombre y apellidos, la fecha y el lugar en el que desapareció, una breve descripción física y los teléfonos y emails en los que se puede aportar información. Entre esa información de contacto, debe recordarse siempre el número 112 de Emergencias, controlado por las administraciones públicas.

Si Twitter es una red social más apropiada para encontrar impacto inmediato, Facebook aporta mucha más profundidad y, aunque también se usa para anunciar desapariciones recientes, es especialmente indicada para mantener vivas las búsquedas que duran semanas, meses e incluso años. En este sentido, conviene tener en cuenta que no todo el mundo sabe sacarle todo el partido posible a redes sociales tan potentes como la red de Zuckerberg. Es fundamental no saturar los timelines de los usuarios con los mismos mensajes conforme pasan las semanas o los meses. Resulta clave aportar diferente material fotográfico e incluso comentar ciertos detalles de cómo va la investigación, haciendo especial hincapié en lo importante que es que se difunda de nuevo la búsqueda. Hasta para estas cuestiones hay que saber comunicar.

Facebook puede hacer que un post bien escrito e ilustrado consiga un nivel de penetración miles de veces más potente que en Twitter. Esta red tiene incluso algoritmos que detectan los perfiles más colaboradores en este tipo de dinámicas, de manera que se los ofrece como contenido.

Facebook también es el entorno idóneo para crear páginas exprofeso sobre desapariciones concretas. Aunque esto también se hace a veces en Twitter, es en Facebook donde esta estrategia es más efectiva, pues la propia red busca seguidores –mediante «páginas sugeridas»– de manera automática.

Otra de las redes sociales usadas para la búsqueda de desaparecidos es Youtube, aunque esta en concreto se usa sobre todo para volcar entrevistas y reportajes generados por los propios medios de comunicación que aportan más información sobre el desaparecido. Son las personas que gestionan cada una de las desapariciones (familiares, portavoces de la familia o investigadores contratados) los que deben saber añadir toda esa información audiovisual que sume en la correcta difusión de la búsqueda.

Lanzar una alerta por Twitter, abundar en ella en Facebook y aportarle todo tipo de información audiovisual que ayude a encontrar al desaparecido ampliará las oportunidades, pero también comportará riesgos. Surgirán multitud de pistas y testimonios falsos o carentes de rigor, la familia tendrá que soportar incluso la presencia de trolls que contaminan la difusión y exigirá un seguimiento exhaustivo de un enorme número de interacciones que se dan sobre todo en los primeros días. Es decir, requerirá dedicación casi exclusiva.

Otro aspecto importantísimo de cara a posteriores búsquedas es la desactivación de todas aquellas que han acabado positivamente. Es fundamental darle también difusión a ese «final feliz», para aportar credibilidad a todo el proceso.

¿TIENEN CLASE SOCIAL LOS DESAPARECIDOS?

El caso de Diana Quer ha puesto muchas veces sobre el tapete la duda de si existen desapariciones «de primera y de segunda categoría». La enorme profusión de mensajes y piezas informativas en relación a la joven desaparecida de La Puebla del Caramiñal han hecho preguntarse a las familias de otros desaparecidos por qué los medios de comunicación parecen tener preferencia por ciertos casos.

A esta pregunta contestan en SOS Desaparecidos simplemente aduciendo la edad de la desaparecida. «Llama siempre mucho la atención la desaparición de un chico o chica joven, igual que la de un niño», comenta José María Rudiez. SOS Desaparecidos es una organización sin ánimo de lucro y ayuda a todo aquél que se lo solicite, pero las familias de desaparecidos que tienen una buena situación económica pueden aportar muchos más recursos a la búsqueda, como la dedicación exclusiva e incluso la contratación de investigadores privados y de especialistas en comunicación que les ayuden a gestionar las redes sociales... y las relaciones con los medios de comunicación. Saber vender una historia es, por suerte o por desgracia, algo que da resultado.

Una búsqueda «beneficiada» por esta supuesta discriminación ha sido la de Manuela Chavero, una mujer de 42 años que desapareció en la localidad pacense de Monesterio el 5 de julio. La compensación por la atención que ha recibido el caso de Diana Quer ha sido positiva para este otro extraño caso.

GESTIONAR EL MORBO MEDIÁTICO

En algunas facultades de Periodismo se enseña ya que la telebasura nació en España el 23 de enero de 1993. Aquel día unos apicultores encontraron los cuerpos de las tres niñas desaparecidas casi dos meses antes en Alcácer. Y aquella noche, Nieves Herrero hizo un programa en directo para Antena 3 del que se arrepiente cada vez que le preguntan.

El morbo mediático llegó desde entonces en altas dosis a la televisión, que rescataba el regusto por los sucesos que décadas antes había puesto de moda el semanario El Caso. Pistas y testimonios falsos o exagerados, justicia popular exacerbada y momentos de angustia y ridículo para los familiares eran las señas de identidad de un tipo de comunicación que, aún hoy, afectan muy negativamente a los casos de desaparición, que tienen la particularidad de que aún pueden acabar bien.

Ahora, además, existen muchos más canales televisivos y todos ellos necesitan tener servidas muchas horas de información y entretenimiento. Los programas de la mañana y los de la noches son el escenario principal de este tipo de shows que incluso critican su propia saturación informativa mientras anuncian nuevos invitados para comentar el caso.

Todo ese ruido informativo en torno a cualquier caso de desaparición puede dar al traste con las pesquisas de la Policía o contaminar en alto grado las investigaciones privadas. Sin embargo, los medios –especialmente los audiovisuales– son extremadamente necesarios para la resolución de estos casos. La publicidad que aporta cualquier pieza televisiva (que hoy en día se ve atomizada por su repercusión en redes sociales) es un activo al que nadie debería negarse. Por otro lado, aún es la televisión el medio que llega a todas aquellas personas que aún no hacen uso de las redes sociales.

Desde SOS Desaparecidos se dan determinadas orientaciones a las familias para que sepan aprovechar el potencial de los medios de comunicación, sin menoscabar la propia investigación y el estado de ánimo de los familiares y allegados. Aunque se hace distinción entre los diferentes tipos de medios, es la televisión lo que inspira las mayores precauciones: hacerse acompañar por un portavoz o un especialista en criminología, sobre todo en programas en directo; evitar aparecer en programas en los que hay un exceso de opinadores –así como eludir discutir con ellos–; pactar las preguntas para evitar que abunden en aquellas relativas a la emotividad, o impedir que se dé información que aún es confidencial.

Es esencial saber distinguir entre qué información es «oficial» y cuál es «clasificada». Esta última obra siempre en poder de la Policía y es esta institución la que debe indicar cuál conviene difundir y cuál no.

Algunas desapariciones mediáticas llegan a serlo por la aportación de datos y situaciones que nada tienen que ver con la desaparición en sí, o que dejan abierta la sospecha (a veces, peregrina) de que así podría ser. En el caso de Diana Quer, a los pocos días de su desaparición empezaron a surgir detalles sobre la relación de sus padres –separados– e incluso por la pugna de la custodia de la hermana menor de Diana. Eran asuntos que no debían tener nada que ver, pero que ocuparon enormes espacios de información en medios de comunicación de todo tipo.

Hay quien ha llegado a pensar que este «ruido mediático» ha sido en realidad el fruto de una buena gestión de recursos de comunicación para mantener el caso vivo.


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