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Pasa la vida

El Gobierno de los ministerios «activos, ejecutivos y resolutivos» del PSOE y los «declarativos» de Podemos

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
12 ene 2020 / 15:45 h - Actualizado: 12 ene 2020 / 16:18 h.
"Pasa la vida"
  • El Gobierno de los ministerios «activos, ejecutivos y resolutivos» del PSOE y los «declarativos» de Podemos

El primer Gobierno de coalición de la democracia española aún tiene que interiorizar su nombre: Gobierno de España. Sus ministros y ministras lo son del Gobierno de España, ya estén en una reunión interministerial europea en Budapest o inaugurando un congreso en Pontevedra. En su génesis, se ha escenificado el sesgo de Gobierno bipartidista, de PSOE+Podemos, cuyas cuotas de reparto de poder se anuncian por separado. Aún no tiene mentalidad de selección nacional. En horas veinticuatro ha de asumirla. Por el momento se asemeja más al Real Madrid y al Barça de antaño, trasladando a la selección española su rivalidad y sus roces, que a una plantilla de seleccionados donde Ramos y Pujol trabajan al unísono. Donde el uniforme, los colores, el escudo, la bandera, el himno y la motivación son los que representan a todos, y son cauce de autoestima y orgullo encarnarlos en representación de todos.

La gran novedad del segundo gobierno presidido por Pedro Sánchez es la llegada de dirigentes de la izquierda de origen poscomunista al poder ejecutivo de la nación, al puente de mando de la Administración General del Estado. Es la oportunidad del tándem Pablo Iglesias-Irene Montero para institucionalizarse como líderes de Podemos, tras el notable retroceso en votos durante todas las elecciones generales, autonómicas y locales acontecidas durante 2019, la pérdida de alcaldías y la escisión de Errejón. A corto plazo se fortalecerá la cohesión interna en la cúpula de su partido porque disponen de cinco ministerios donde incorporar a correligionarios como cargos de confianza. Y ello favorecerá el cierre de filas para que no se produzca el debate más obvio: ¿por qué han de estar los dos dentro del Consejo de Ministros? ¿Qué diría la España identificada con los valores del 15-M si el marido de Nadia Calviño fuera ministro? Sin duda, Julio Anguita o Gaspar Llamazares no lo hubieran hecho.

Desde el punto de vista formal es el primer gobierno español constituido por dos partidos que se denominan de izquierdas, aunque en puridad son más de dos partidos, por cuanto Podemos aglutina a Izquierda Unida y a las 'confluencias', sobre todo la catalana. Hasta el punto de remarcar que en la cuota de ministerios había subcuotas a repartir. Por eso Ada Colau, alcaldesa de Barcelona y lideresa de En Comú Podem, tenía bula para escenificar que ella proponía y gestionaba la captación del sociólogo Manuel Castells como ministro. Obsérvese que en el PSOE también se ha permitido solamente que el PSC encabezado por Miquel Iceta pudiera airear durante el proceso de investidura la garantía de disponer de un puesto en el Gobierno. A Salvador Illa le ha tocado la Sanidad. Y tendrá trabajo extra para negociar con Esquerra el tripartito con el que se pretende desbancar del gobierno catalán, tras las próximas elecciones autonómicas, al partido-movimiento asambleario que usa a Puigdemont como cabeza de cartel.

Trabajo extra han tenido los artesanos de la marroquinería que elaboran en Ubrique los simbólicos y útiles maletines ministeriales con cada palabra grabada en pan de oro sobre piel de vaca. Es el Gobierno con más ministerios y con más cambios de nomenclatura. Como estaba cantado, y como han pactado, todos los ministerios fácticos y peliagudos en la configuración del Estado (Defensa, Interior, Asuntos Exteriores, Hacienda, Justicia, Economía, Seguridad Social, Educación, Sanidad, Industria, Infraestructuras) están encomendados a ministros y cargos de confianza en la órbita del PSOE. Y los ministerios creados específicamente para dirigentes de Podemos son los que tienen menos competencias y presupuestos. Bien porque realmente están en manos de otros ministerios o porque casi toda su ejecución está transferida a las comunidades autónomas. Por lo que el latiguillo de 'activo, ejecutivo y resolutivo' que Pedro Sánchez ha repetido varias veces durante su comparecencia de hoy, cabe aplicarlo sobre todo a los ministerios 'del PSOE'. Porque los 'de Podemos' van a ser sobre todo 'declarativos'. Muchas declaraciones delante de los micrófonos, muchas entrevistas, muchos mensajes en las redes sociales, muchos gestos para mantener las expectativas de sus simpatizantes sobre los cambios que se prometen, y que en buena medida no se van a satisfacer. Porque el punto de partida es una exigua mayoría parlamentaria cuyo fundamento es alentador pero muy poco de fiar: la intención de Esquerra de romper la unidad de acción antisistema del independentismo catalán.

Tanto dentro como fuera de España, los dos o tres partidos que conforman gobiernos de coalición son conscientes de que a la siguiente convocatoria electoral, no crecerá el número de votos para todos. Si les va bien, en el mejor de los casos, uno sí incrementa su cifra de votantes a costa del otro, y suele llevárselo el gato al agua quien ostenta la presidencia, salvo que cometa errores garrafales o perpetre casos de corrupción. El hundimiento de Ciudadanos en los pasados comicios de noviembre tiene una de sus causas en propiciar de modo recurrente gobiernos de coalición con el PP en cualquier autonomía y ayuntamiento, y no solo donde más se echara en falta la alternancia en el poder. Con ese apoyo reflotó al PP y se eclipsó a sí mismo.

PSOE y Podemos no se fían sobre el grado de lealtad o de electoralismo que van a concederse recíprocamente, aunque su obligación es servir al interés general y olvidarse de las encuestas. Saben que se la juegan sobre todo en dos retos: la precariedad económica y el secesionismo catalán. Pueden ser artífices de frenar o de acelerar el crecimiento de Vox. Y cotejen la correlación más importante de este Gobierno, que no es la de hombres y mujeres, sino la del número de 'tecnócratas' de gobernanza (Calviño, Escrivá, Ribera, Arancha González, Planas, Duque, Castells,...) respecto a la de 'fontaneros' de cúpula de partido (Ábalos, Iglesias, María Jesús Montero, Yolanda Díaz, Illa, Garzón, Irene Montero,...). Entre unos y otros, los hay para, por separado, contentar a los sindicatos, tranquilizar a los empresarios, sintonizar con la Comisión Europea, empatizar con las feministas, ilusionar a los ecologistas, congraciarse con los funcionarios, etc. Pero no podrán quedar bien con todos a la vez. Será una política esencialmente continuista y socialdemócrata con algunas pinceladas de mayor carga de prestaciones en favor de la población más pobre.

La escasez de periodistas especializados para ser dedicados por los medios informativos al análisis sobre las políticas de gestión educativa, o gestión sanitaria, o gestión cultural, o gestión de la función pública en su conjunto, es uno de los factores que juega en contra de lo que debería ser indudable: nombrar al frente de un ministerio con competencias muy concretas a una persona muy avezada en liderar instituciones de ese ámbito. Por ejemplo, designar para el Ministerio de Cultura a un político con sobresaliente experiencia en instituciones culturales. Estoy convencido de que si José Guirao hubiera tenido popularidad en su biografía profesional y política antes de llegar al Consejo de Ministros, el diputado del PSOE por Almería continuaría hoy siendo el titular de Cultura. Y da grima escuchar a muchos tertulianos de la politiquería cuando resumen su valoración sobre la labor de ministros como Guirao diciendo peyorativamente que no ha llamado la atención. Cantan la gallina sobre su falta de criterio, lo peor es que maleducan a la audiencia. Gobernar no es tertuliar. Ni llamar la atención. Que funcionen bien todos los organismos de la Administración Pública, con eficiencia y ejemplaridad, es el aburrimiento que España lleva aguardando desde tiempo inmemorial. Eso sí que sería revolucionario.


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