La desmitificación de las maldades del móvil en clase: su uso se extiende

24 may 2022 / 14:37 h - Actualizado: 24 may 2022 / 08:39 h.
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Los centros educativos que permiten el uso del móvil en clase con fines de enseñanza y aprendizaje se están extendiendo en casi todo el país -superan el 50 % en Secundaria y el 57 % en Bachillerato-, pero su empleo es muy desigual en función de la comunidad autónoma, la etapa y si pertenecen a la red pública o privada.

Las diferencias son muy significativas en regiones como Murcia, donde el porcentaje de centros de ESO y Bachillerato que consienten este dispositivo roza apenas el 20 %, frente a Extremadura, Cataluña y Castilla y León que casi multiplican por cuatro esa cifra, según la estadística «Sociedad de la Información y la Comunicación en los centros. Curso 2020-2021», del Ministerio de Educación.

También son llamativos los datos referidos a la titularidad del centro: en todas las comunidades es más habitual su utilización en la red pública; mientras que el dispositivo -tanto en la pública como en la privada- está más extendido en Bachillerato que en Secundaria.

En las aulas de Educación Secundaria, los mayores porcentajes corresponden a Extremadura (78,9%), Cataluña (74,6 %) y Castilla y León (70,5 %), mientras que en la etapa de Bachillerato sobresalen Extremadura (en el 83,7 % de los centros se permite), Cataluña (79,7 %), Castilla y León (77,9 %), Canarias (71,7 %) y Galicia (66,3 %).

De media en España, un 50,6 % de los centros lo permiten en la ESO -un 58,5 % públicos y 40,3 % privados; y en Bachillerato la cifra global asciende al 57,3 % -63,3 % públicos y 45,3 % privados-.

«No hay una razón clara que explique estas diferencias», pero quizá no estriben tanto en las normativas autonómicas o regulación de los centros, sino de la decisión de los propios docentes, afirma a Efe Juana Ortega, profesora titular y experta en tecnología educativa de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén.

En los últimos años, añade, ha proliferado el móvil con fines educativos y se ha optimizado su uso en clase, porque «hasta hace muy poco los alumnos de ESO y Bachillerato lo tenían casi como algo prohibido», aduciéndose que les iba a distraer.

Sin embargo, «cada vez más el profesorado se está dando cuenta de que el móvil puede ayudar. Hay una tendencia ascendente y la pandemia ha sido un impulso», explica la profesora del Departamento de Pedagogía de la Universidad de Jaén, quien recuerda que algunos alumnos solo han tenido a mano esta herramienta para poder trabajar durante el confinamiento.

Ortega cree además que el empleo del móvil en las aulas es una forma de «desmitificar sus maldades»: si enseñamos a usarlo de modo adecuado «no solo tendrán en la mano (los alumnos) una herramienta de búsqueda y transmisión de información superpotente sino que estaremos educándolos en un uso seguro».

Para aquellos profesores a los que aún «les da un poco de miedo o no ven la potencialidad del móvil», la profesora titular apunta a que hay muchos grupos de docentes que están desarrollando sus propias aplicaciones de móvil «para evaluación, para trabajo colaborativa..., podemos hacer cosas muy divertidas con los alumnos -subraya-, hay mucho entorno de gamificación del aprendizaje, lo que facilita la enseñanza».

Además, cada vez hay más «bancos de recursos abiertos donde los profesores ponen en común los recursos que ellos hacen y cada vez más se tiende a las licencias abiertas para que los docentes puedan mejorar esas aplicaciones y puedan adaptarla a su colectivo».

«Si todo el profesorado fuese capaz de darse cuenta de su importancia en la búsqueda de información, en comunicación, etcétera, creo que esta estadística del Ministerio de Educación subiría mucho más», concluye.


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