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Crónicas dominicales

Otros héroes: los cuidadores que olvidan cuidarse ellos

El principal problema que padecen los cuidadores es olvidarse de sí mismos para centrarse en la persona dependiente. Entonces ya no tenemos un enfermo sino dos

29 ago 2021 / 04:00 h - Actualizado: 29 ago 2021 / 04:00 h.
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En España más de un millón y medio de personas, necesitan de otras para sus necesidades más básicas. Andalucía cuenta con un 51,8% de personas dependientes, según datos ofrecidos por el INE. Las comunidades con un porcentaje más alto en este ámbito son Castilla y León (61,37%), seguido de Galicia (60,94%) y en tercer lugar, País Vasco (60,32%). La comunidad con menos dependencia es las Islas Canarias (43,77%).

La mayoría de la población, favorecida

Según los datos, no toda la población española se ve favorecida, pero sí en su mayoría. Aun así, existe un pequeño tanto por ciento de personas dependientes, sin ningún tipo de asistencia o que ésta no es suficiente. Detrás de ellas se encuentran los cuidadores, protagonistas anónimos que padecen problemas muy concretos derivados de su dedicación al otro. El principal es olvidarse de uno mismo en pro del bienestar del necesitado hasta el punto de que, como no tengamos cuidado, al final tenemos no uno sino dos enfermos que han llegado a la enfermedad por dos caminos convergentes.

El Síndrome del Cuidador, también conocido como “del Burnout” o “del quemado”, viene a referirse a una especie de trastorno que acecha y padecen las personas que se dedican a las labores de cuidado, ya sea dentro del ámbito familiar como del profesional. Por supuesto se debe al grado de sobrecarga que el cuidador padece. Un trabajo periodístico inédito de Agustín López Vivas y Anabel González Delga recoge la opinión de diversos expertos que nos ofrecen puntos de vista complementarios.

Decidir por otros

Así, los cuidadores que ayuden a una persona dependiente sólo en lo físico no lo tienen tan complicado como aquellos otros que se encargan de enfermos no sólo con dependencia física sino neuronal ya que en este segundo caso deben tomar las decisiones por ellos. Cuando las demencias seniles avanzan las manos, piernas y mentes ya no pertenecen a sus dueños sino a los cuidadores que deben en esos casos velar por la mejor calidad de vida posible de sus atendidos y además procurar cuidarse a sí mismos.

No es raro encontrarse con personas que deben compaginar su trabajo con el de atender a una familiar de más de 90 años, que sufre Alzhéimer y una minusvalía del 84%. Poco a poco, esa persona se va convirtiendo en un niño pequeño con una diferencia esencial: sabemos que cuidar a un niño es cuidar un ser con futuro mientras que mirar por el bienestar de una persona con la mentada edad es ser consciente de que nuestra única misión es hacerle lo más llevadera posible la breve y última etapa de su vida. Y, por desgracia, no es una labor en la que uno ve sus frutos sino en la que, hagas lo que hagas, el final llega inevitablemente ante la impotencia de quien deja al lado algunos aspectos básicos y positivos de su vida misma para centrarse en la persona amada, un hecho que le puede acarrear perjuicios si bien igualmente la satisfacción moral de haber estado hasta el final de sus días junto a alguien que también aportó mucho cuando podía hacerlo.

A su vez, los cuidadores profesionales no son de piedra, hay que tener también una gran fortaleza para afrontar una profesión tan dura ante la que el dinero prácticamente pierde su valor. Pero al menos poseen la ventaja de su profesionalidad ya que los cuidadores familiares se ven obligados a aprender mucho sobre la marcha y más aún cuando, como sucede a menudo, están al cargo de más de una persona. Los primeros baños, las fatigas por los esfuerzos físicos, ponerle los pañales al enfermo, acostarlos..., labores ímprobas que dejan rendido a los enfermeros, sean familiares o no.

No hago todo lo posible

Estiman los expertos estudiosos del tema que los cuidadores no es extraño que crean que, a pesar de su intensa labor, crean que no hacen todo lo posible por el familiar. He aquí una de las creencias que conduce a los cuidadores a sentirse culpables y a abandonarse progresivamente en pro del otro. El tiempo desgasta al improvisado enfermero y el cargo de conciencia acrecienta más aún esta difícil situación.

En definitiva, estrés, sentimiento de culpabilidad y ansiedad son algunas de las patologías que presenta el cuadro clínico del Síndrome del Cuidador. Esta situación termina calando profundamente en no pocos cuidadores que deben acudir al psiquiatra ante la desesperación que acaba apoderándose de una persona en tales circunstancias. La despreocupación por la salud propia lleva a la mala alimentación, así como el poco apetito debido a las circunstancias. La falta de sueño y los trastornos horarios son otros de los síntomas.

¿Qué hacer entonces?

¿Qué hacer ante una situación así? Cada día, son más las personas conscientes de la importancia de cuidarse mental y físicamente cuando se atiende a alguien. Por suerte, existen asociaciones de apoyo para las personas que así lo necesiten. Los psicólogos creen que lo importante en este tipo de estados es la prevención. Es necesario saber controlar las emociones y pensamientos al enfrentarse a tareas de este tipo.

Desde la AFEC (Asociación de Apoyo a Familiares de Enfermos Crónicos), por ejemplo, se realizan talleres grupales, abiertos a todo el público. Es importante sentirse orgulloso con lo que se está llevando a cabo y pedir ayuda cuando se necesite, afirman los expertos. Asimismo, ponen el acento en que se debe concienciar a las personas de que no se encuentran solas socialmente en su difícil labor. Hay muchas personas, que pueden verse en la misma situación y por ello es imprescindible el apoyo mutuo y las terapias de grupo.

Y no olvidemos que cuidar es algo muy duro pero es mejor que estar en la cama y que te lo tengan que hacer todo cuando ya ha llegado la hora fatal a la que el tiempo nos tiene condenados, por el momento.


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