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Alimentación

¿Sabes qué hay detrás de los aditivos alimentarios?

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publica un informe para responder al por qué y para qué del uso de los aditivos en los alimentos que consumimos diariamente

15 sep 2020 / 11:01 h - Actualizado: 15 sep 2020 / 11:03 h.
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El mundo de los aditivos es muy extenso, más de 400 variedades se encuentran aprobadas por la Unión Europea, siendo la mayoría de ellos totalmente inocuos. Los aditivos alimentarios son utilizados para mejorar el aspecto, la textura, la conservación o el sabor de los alimentos.

Para responder a las cuestiones aún pendientes sobre el uso de los aditivos en algunos de los alimentos que consumimos diariamente, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha publicado un informe con algunos de los aditivos más cotidianos, aquellos que debemos evitar y otros que, a pesar de que se utilizan con mucha frecuencia, son totalmente innecesarios.

Un aditivo sirve principalmente para conservar los alimentos, facilitar su fabricación, mejorar su aspecto o textura, aumentar o mejorar su sabor y compensar la escasez de algunos ingredientes, como poner menos fresas en un yogur de frutas o menos carne en una salchicha”, explican en el informe.

A pesar de que la mayoría de los aditivos son inocuos o sus beneficios son mayores que sus riesgos, algunos pueden resultar perjudiciales para la salud de ciertas personas. Por ello, la autoridad europea en seguridad alimentaria, EFSA, ha reevaluado muchos de ellos para confirmar su inocuidad en los productos y cantidades usados normalmente.

“Aunque no podemos prescindir de muchos de ellos, deben usarse solo cuando no sea posible evitarlos. Algunos son más problemáticos, especialmente para personas sensibles, y conviene evitarlos en la medida de lo posible”, explican desde la OCU.

Aditivos que reducir

Los aditivos para texturas, que normalmente comienzan por la letra E seguida del 4 y otras cifras (E-4XX), se utilizan como espesantes, gelificantes, estabilizadores y emulgentes. Su función es añadir agua en lugar de grasas o azúcares, disminuyendo la cantidad de calorías del producto. “Lo malo es que también permiten prescindir de ingredientes básicos como el huevo (en algunos postres) o la carne (en las salchichas)”, admiten.

Por su parte, los aditivos conservantes comienzan por la letra E seguida del número dos y otras cifras (E-2XX). Su uso, como su nombre indica, es para conservar mejor los productos más frescos como las ensaladas o las salsas que no se han podido esterilizar. “El ácido benzoico y sus sales pueden provocar reacciones alérgicas en personas sensibles a ellos. Estos son sus códigos: E-210, E-21, E-212 y E-213”, informa la OCU.

Los sulfitos son los conservantes a los que mayor número de personas son alérgicas y están incluidos en la lista de alérgenos de declaración obligatoria. “Como están presentes en muchos productos (hamburguesas y preparados de carne picada, salchichas frescas, mostaza, fruta seca, vino...), puede ser fácil superar la dosis diaria (sobre todo en niños)”, alertan en el informe. Algunos de ellos son: E-220, E-221, E-222, E-223, E-224, E-225, E-226, E-227 y E-228.

En cuanto a los nitritos y nitratos, estos se usan en los embutidos y en los productos cárnicos para evitar el crecimiento de Clostridium botulinum, una bacteria mortal. Lo único ciertamente perjudicial es que, si se combinan en nuestra dieta con aminoácidos, pueden formar nitrosaminas. Estos son: E-249, E-250, E-251 y E-252.

Por último, los edulcorantes (desde el E-950 hasta el E-950), son utilizados para sustituir el azúcar en los alimentos con pocas calorías. “Entre los “recién llegados” están el neotamo (E-961) y el adventame (E-696), edulcorantes sintéticos con poder edulcorante muy potente; son 10.000 y 30.000 veces más que el de la sacarosa, respectivamente. Existen edulcorantes naturales, como la estevia (E-960), compuesta por unos glucósidos obtenidos de una planta. Pese a su origen "natural", también tiene dosis máximas y riesgos si se supera”, explican.

Aditivos innecesarios

Este tipo de aditivos son casi siempre “estéticos”, es decir, mejoran el aspecto, color y sabor. “Si queremos evitarlos, una buena manera de hacerlo es reducir el consumo de aperitivos, refrescos, precocinados, salsas y charcutería. En estos alimentos es donde se concentran estas sustancias "de maquillaje"”, declara el equipo de la OCU.

En esta categoría podemos encontrar los colorantes (E-1XX) y los potenciadores del sabor (del E-620 al E-650). En cuanto a los colorantes, muy comunes en gominolas y refrescos, “investigaciones como el famoso estudio Southampton los han relacionado con hiperactividad. A pesar de que la EFSA considera que los resultados no son concluyentes, la UE decidió que los productos envasados adviertan de esta posible relación con la hiperactividad. Los azoicos son: E-102, E-104, E-110, E-122, E-124 y E-129”, advierte la Organización.

Por último, los potenciadores del sabor, entre ellos glutamatos y ribonucleótidos, están prohibidos en alimentos infantiles, pero pueden encontrarse en otras categorías de alimentos. “Potencian el sabor de los alimentos, sobre todo sabores cárnicos, y pueden estar ocultando la ausencia de algún ingrediente de calidad (para así abaratar costes). Los glutamatos se relacionan con el "síndrome del restaurante chino", una especie de reacción alérgica muy controvertida pero que está descrita clínicamente (se relaciona con dolores de cabeza, sofocos y malestar general)”, alertan.


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