Crónicas dominicales

Sólo una guerra nuclear parará lo que está ocurriendo

Hay un cambio profundo a nivel mundial que se concreta poco a poco. Occidente se resiste a dejar de ser el mandamás. El capitalismo no va a morir, sólo le han salido discípulos díscolos con los que el maestro debe dialogar. Ya son tan poderosos como él

03 jul 2022 / 04:00 h - Actualizado: 03 jul 2022 / 04:00 h.
"Crónicas dominicales"
  • Sólo una guerra nuclear parará lo que está ocurriendo

El miedo al otro siempre ha estado ahí. El miedo al diferente o, al menos, la precaución ante el diferente. Es algo que nos lleva a definir como xenófobos a quienes recelan de los que no proceden de nuestro mismo contexto cultural. Si ya entre nosotros mismos guardamos precauciones y distancias, cuando se trata del otro, mucho más. El humano es territorial, como el perro o el león. La diferencia es que lo que llamamos inteligencia tiene sus desventajas, también le complica la vida y produce un distanciamiento de su ecosistema al que es capaz de destruir como una célula cancerosa destruye el suyo por razones genéticas, por ejemplo.

Los medios han informado de la reciente cumbre de la OTAN con expresiones como la siguiente que leí en Euronews: “Una OTAN más unida frente a la amenaza rusa y el desafío chino. Para ello ha servido la cumbre de Madrid, que en su segunda jornada estuvo centrada en las “amenazas” que llegan desde el flanco sur, como el terrorismo y la inmigración irregular, una prioridad para España, país anfitrión”.

Al margen de que el poder no es nada si no padece enemigos, hay algo más profundo en todo: uno, intereses claramente económicos de compra-venta. Para eso se está usando a Ucrania, sin importar los muertos, ya tenemos el cerebro lavado con la explicación elemental de que Rusia es una amenaza, un país que no podría ni por asomo invadir Europa. Rusia invierte en Defensa unos 70.000 millones de euros frente a los más de 700.000 de Estados Unidos que además posee 800 bases militares por todo el mundo. Mientras que la OTAN regenta actualmente 38 bases militares en Europa, tres en Turquía y una en Estados Unidos, Moscú mantiene desplegadas sólo ocho en Siria, Abjasia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Moldavia, Tayikistán y Osetia del Sur.

Todo eso hay que mantenerlo por medio de enormes inversiones para detener al enemigo que se fabrica como “amenaza”. Y China es un desafío. El siguiente paso que le vendría de perlas a Occidente en general y a EEUU en particular –bueno, a una minoría, los demás a aguantar-, sería que China invadiera Taiwán. Con las tensiones que existen en los mares de China desde hace años, eso probablemente sería ya la guerra mundial, hay quien cree que vale la pena el riesgo para llegar a un mundo dominado totalmente por algunas grandes corporaciones que colocarían ahí a políticos títeres como los que ahora padecemos.

Dos, desde un punto de vista complejo, están jugando factores como un cerebro primitivo –dominado por la industria del armamento que ha creado- que le impide al humano sentarse a entenderse ante una evidencia clara: nosotros nos hemos desarrollado socioeconómicamente contra viento y marea, sobre todo desde el siglo XVI, llegando a un cénit en el XIX. Justo cuando España declinaba, se elevaban con fuerza los demás, sobre todo los anglosajones de EEUU e Inglaterra, los grandes señores de la guerra en la actualidad. EEUU es un gran país –ahora en declive- que nació desde la guerra y aún guardan sus habitantes los rifles en casa, se pueden comprar en las tiendas como quien compra un helado. Inglaterra echa de menos ser la dueña del mundo.

Pero ellos –y el resto de Occidente- no quieren para los demás lo que sí quisieron para ellos. Rusia es una amenaza –pero le compraban de todo- y China un desafío, pero los inversores se dan patadas en el trasero para invertir allí y para que los chinos inviertan aquí. Lo que hacen ambos países es defenderse y prosperar como hicimos nosotros (España menos, España estaba con la charanga y la pandereta, cerrado y sacristía). Sólo una guerra nuclear puede detener a China y a Rusia más Irán, Corea del Norte, India... La razón nos dice que, ante tal panorama, habría que sentarse a entenderse y no seguir como hasta ahora, viendo en el otro un enemigo a batir. Pero no, nuestro primitivismo sigue sintiendo la amenaza en el otro y el otro siente algo parecido en relación con nosotros. Las otras “amenazas”, las colocan en cursiva y entre comillas los señores de la OTAN y sus medios (como Euronews) por prejuicios posmodernos; son los negros y los hispanos que se tienen que ir de sus países porque los han empobrecido. ¿Quién? Nadie se va de su casa a morir o a vivir explotado en otro país si tiene un bienestar en el suyo.

Las amenazas proceden de quienes hablan de amenazas y de “amenazas” porque lo mismo llevamos cultura y progreso a unos y otros que esquilmamos sus riquezas y dimos lugar a un segmento social dominante con sus caudillos y sus corrupciones, un segmento al que estamos unidos. Todo eso también empieza a terminarse, hay una dinámica nueva en el mundo y nos empeñamos en seguir imponiendo nuestra forma de ver las cosas que no es exactamente la nuestra sino la de dos culturas que a su vez son plurales: la luterana-calvinista y la judía. Frente a ellas se alzan otras que cada vez ganan más enteros: la confuciana, la islámica, la católica conservadora y la otra católica ligada a la teología de la liberación.

¿Qué ha pasado? Que el planeta se ha globalizado según una lógica evolutiva mercantil, que los mismos promotores del capitalismo que desean terminar con Rusia y China han colocado en las manos de la gente tecnologías digitales, que la gente está interconectada y que una inmensa minoría de esas personas han dicho hasta aquí hemos llegado y han arrastrado en sus postulados a otros seres humanos; que China no quiere morir como le ocurrió a la URSS y que Rusia desea llegar a la altura de lo que fue la URSS. Para detener eso o se priva al mundo de los negocios digitales –imposible ya- o se forma una guerra mundial. Occidente ha caído en su propia trampa: le da a la gente herramientas para saber, una mayoría juega con ellas, pero una minoría las emplea para organizarse y además inventa sus softwares propios.

Ahora ese mundo digital propiciará rebeldías en el planeta, empezando por Occidente, lo de la cumbre de la OTAN en gran medida es un espejismo, con el tiempo llegarán protestas occidentales contra estos asesinos en potencia que no tienen más arreglo para el mundo que aumentar los cañones y los soldados, todo eso es un enorme gasto que originará muchas indignidades y que ya las está originando. Los medios de comunicación –portavoces alegres de los guerreros- intentan detener el descontento pero hay muchas voces que dicen otras cosas por todas partes, ¿van a callarlas todas?

Cientos de millones de seres humanos occidentales tienen la mente determinada por los mensajes hegemónicos pero hay otra parte que trabaja y piensa por sí misma. Hay otro cerebro ahí que intenta abrirse paso entre tanto matón prehistórico del palo y tente tieso. Está empezando una nueva era en la que nosotros los occidentales nos negamos a dejar de ser los gendarmes y el templo de Delfos que todo lo sabe. El capitalismo va a seguir, no hay otra alternativa, por ahora. Sin embargo, ya no es sólo el capitalismo que brotó en Europa y se extendió por todo el orbe. Ahora tenemos discípulos muy aventajados que se han hecho poderosos o se están haciendo, que hablan entre ellos, que se organizan, que se ríen de la OEA o buscan otros caminos como los países del BRICS a los que se sumarán otros. Y Rusia tiene sus aliados y China los suyos y ambas potencias se coordinan para no ser devoradas de nuevo. Europa debería tomar nota de todo esto y llamar a la cordura sin empeñarse en ser el que la tiene más larga porque está vieja y desunida por mucho espectáculo de unidad que haya dado en la cumbre armamentística de Madrid. Seguro que encuentra quien la acompaña.


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