Crónicas dominicales

Una entrevista escalofriante

Hay una entrevista que corre por los medios. Es al pensador y lingüista estadounidense Noam Chomsky. A veces pone los pelos de punta. Y es que podemos estar más cerca del fin de lo que suponemos

29 may 2022 / 04:00 h - Actualizado: 29 may 2022 / 04:00 h.
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  • Noam Chomsky. / EFE
    Noam Chomsky. / EFE

Así que viva la vida -o el tiempo que quede de ella- y a bailar en el Rocío. Yo leí la entrevista en un par de medios, venía más detallada en el diario argentino Página 12 y en él me detuve más. La entrevista que he analizado con mayor detenimiento contiene dos o tres preguntas. Las respuestas son enormemente largas y en ellas se explaya Chomsky con toda su artillería dialéctica, centrándose en la gravísima situación en la que la guerra de Ucrania -que él califica de “criminal invasión rusa”- nos ha traído. En pocas palabras, llueve sobre mojado porque el asunto ya estaba delicado antes de que estallara el conflicto.

Noam Chomsky nació en Filadelfia en 1928, es profesor emérito en el Instituto Tecnológico de Massachussets y uno de los cerebros más influyentes en EEUU y en el mundo dentro del pensamiento crítico contra el capitalismo en general y contra su país en particular. No hay progre en condiciones que no lo haya leído. Por supuesto, lo leí y lo leo, lo que sucede es que ya no me convence tanto su catastrofismo anarquista sin que le vea salidas realistas salvo buenas intenciones, que no es lo mismo. Se hizo célebre como lingüista, defendiendo el innatismo del ser humano en el hablar y sin embargo la comunidad internacional intelectual más abundante lo ha asumido como modelo crítico del sistema. En este contexto hay que situar su visión de la Historia pasada y presente sin que ello le quite mérito a sus profundas reflexiones.

“El 6 de agosto de 1945 -afirma Chomsky- nos enteramos de que la inteligencia humana se había elevado al nivel en el que pronto sería capaz de exterminarlo todo”. “Lo que impulsa la política no es la seguridad, al menos no la seguridad de la población”, estima el pensador estadounidense, quien cree que “tenemos que buscar en otro lado”. En este sentido, cree que “un buen punto de partida, creo, es lo que parece el principio mejor establecido de la teoría de las relaciones internacionales: la observación de Adam Smith de que los ‘Amos de la Humanidad’ –en su tiempo los comerciantes y fabricantes de Inglaterra– son ‘los principales arquitectos de la política del Estado’. Utilizan su poder para asegurar que sus intereses ‘sean atendidos de la manera más peculiar’, por ‘dolorosos’ que fueran sus efectos sobre otros, entre ellos el pueblo de Inglaterra, pero con más brutalidad las víctimas de la ‘salvaje injusticia de los europeos’. El objetivo particular de Smith era el salvajismo británico en India, entonces en sus primeras etapas, pero ya bastante terrible”.

Chomsky sostiene que, a pesar del famoso instinto de conservación humana y de supervivencia, “nada cambia mucho cuando la crisis se vuelve existencial. Los intereses de corto plazo prevalecen. La lógica es clara en los sistemas competitivos, como en los mercados no regulados. Quienes no participan en el juego son excluidos con rapidez. La competencia entre los ‘principales arquitectos de la política’ en el sistema estatal tiene propiedades un tanto similares, pero debemos tener en mente que la seguridad de la población está lejos de ser un principio rector, como la historia muestra con claridad”. Parece como si le diera la razón a Marx cuando afirmaba aquello tan genial de que no es la conciencia la que determina la sociedad sino al revés, es aquello que creamos lo que determina nuestra conciencia. O bien habrá que recordar a la gran Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Neurociencia, cuando proclamaba que el cerebro primitivo que aún actúa en el humano ha sido el responsable de grandes catástrofes mundiales como el Holocausto.

Esta actividad del cerebro primitivo por encima de la razón de especie nos ha llevado a situaciones como la siguiente que Chomsky recoge: la peor crisis humana, de acuerdo con Naciones Unidas: Yemen. Más de 2 millones de niños enfrentan una hambruna inminente, según informa el Programa Mundial de Alimentos. Casi 100 por ciento de sus cereales son importados, de los cuales Rusia y Ucrania aportan la mayor cantidad de trigo y derivados (42 por ciento), además de harina rexportada y trigo procesado para la misma región. La crisis va mucho más allá. Intentemos ser honestos al respecto: la perpetuación de la guerra es, en términos simples, un programa de asesinato en masa sobre buena parte del Sur global.

“En periódicos supuestamente serios -enfatiza Chomsky- se analiza cómo Estados Unidos podría ganar una guerra nuclear con Rusia. Tales análisis lindan en una locura criminal. Y, por desgracia, las políticas de Estados Unidos y la OTAN proporcionan muchos posibles escenarios para una rápida terminación de la sociedad humana. Para mencionar sólo una, Putin hasta ahora se ha abstenido de atacar las líneas de suministro de armas pesadas a Ucrania. No sería gran sorpresa si eso terminara, lo cual llevaría a Rusia y la OTAN a un conflicto frontal, con un camino fácil hacia una intensificación que bien podría conducir a un rápido adiós”.

Se está frivolizando sobre el significado de una guerra nuclear en la actualidad. Hay quien piensa que tendría un comienzo, un final y un ganador. Si así fuera, ¿Qué ganaría el supuesto ganador? Hay una amenaza clara en el este de Europa, lejos de EEUU, como siempre, y hemos bajado la guardia o eso parece, ya es menos noticia la guerra, lo cual en cierto sentido es algo comprensible si hacemos caso a los psicólogos cuando hablan de que los humanos, ante tanta noticia adversa como reciben a diario, llevan a cabo maniobras de supervivencia y evasión, ocio, ante lo que estiman inevitable, si es que llega a suceder.

A esta amenaza se une otra en marcha desde hace decenios. La guerra permite olvidar el salvamento del planeta, las energías fósiles ven aumentada su demanda, las corporaciones responsables de estas energías andan ebrias de gozo. El petróleo que se le compraba a Rusia que lo aporte Venezuela. Olvidemos que “el informe más reciente del PICC dejó en claro que, para que haya alguna esperanza de un mundo habitable, debemos dejar de usar combustibles fósiles ahora mismo, y avanzar con firmeza hasta su pronta eliminación”. El asunto queda relegado ante la necesidad de separar a Rusia de Europa, de separar a la UE y a la propia OTAN y tornar al país de Putin en una zona arruinada y no competitiva para EEUU mientras que Europa se consolida como colonia estadounidense y eso sacrificando también a buena parte del bienestar del pueblo norteamericano. Para lograr todo ello, entre otros factores, se ha exagerado la verdadera fortaleza militar de Rusia: mejor vencer a Rusia en Europa antes de que haya que combatir contra ella en América, asegura la propaganda estadounidense.

Hay quienes “están dispuestos a llevar a cabo el experimento con las vidas de los ucranianos y el futuro de la vida en la Tierra”. Tal experimento precisa de una guerra larga en Ucrania para desgastar a Rusia, no importa la vida de los ucranianos, hay que imitar a lo que se hizo con Afganistán y los talibanes apoyados entonces por EEUU, en la década de los años 80. Aquella guerra se estimuló y se alargó y supuso el principio del fin de la URSS. “La política estadunidense retrasó la retirada rusa que se había considerado desde poco después de la invasión, la cual tenía objetivos limitados, sin parecido alguno con los espantosos objetivos de conquista mundial que conjuraba la propaganda estadunidense. La idea era matar soldados rusos; dar a Rusia su Vietnam”.

En el caso de Ucrania, además de esta estrategia, se aplica otra considerada pragmática y complementaria de lo anterior: “al extender el conflicto en vez de tratar de ponerle fin, imponemos severos costos a los ucranianos, empujamos a millones de personas a morir de hambre, lanzamos al planeta ardiente aún con más rapidez hacia la sexta extinción en masa, y –si tenemos suerte– escapamos a la guerra terminal”. Es una cuestión de riesgo empresarial para los negocios futuros usando a la guerra como palanca, si se pudieran hacer porque se supone que Rusia o se rendiría o no reaccionaría. ¿Se imaginan a Putin actuando así, resignándose, a menos que sea traicionado por sus jerarcas? El negocio, la inversión a larguísimo plazo es ésta, que Madeleine Albright hizo famosa con una frase que demostraba sus intenciones: ‘Es una elección difícil, pero el precio... pensamos que el precio vale la pena’.

EEUU cuenta con dos tipos de dirigentes, expresa Chomsky: los desangradores y los negociadores. Los primeros entienden los conflictos como vencer a toda costa a base de sangre y fuego. Los segundos combinan la diplomacia con la acción militar. Hasta ahora, suelen ganar los primeros. Esto implica que Ucrania debe sufrir y nosotros aportar armas y obras de caridad. Todo, para vencer a la bestia. ¿A qué coste?


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