La aventura del misterio

Cuadros malditos en Sevilla y Cádiz

En su momento los llamamos: “Niños llorando»: Los cuadros malditos (Pintando la muerte)”, y la verdad es que no deja de ser una historia espectacular nuevamente sumergida en las brumas del misterio y la leyenda urbana...Pero, ¿dónde comienza la una y acaba la otra?

19 dic 2021 / 04:00 h - Actualizado: 19 dic 2021 / 04:00 h.
"La aventura del misterio"
  • Cuadros malditos en Sevilla y Cádiz

En muchas ocasiones aquí está la clave de una leyenda urbana, una buena leyenda urbana y el misterio.

El personaje que le queremos presentar es un impactante pintor, llamado Giavanni Bragolin, pero conocido como Bruno Amadio y que vivió en Sevilla. Aquel pintor no destacaba excesivamente en nuestra sociedad deshumanizada pero alcanzaría cierta popularidad a raíz de una serie de cuadros que serían conocidos como “Los niños que lloran”.

Y su historia maldita comienza cuando retrata a un niño que estaba internado en un orfanato.

Cuenta la leyenda que años después aquel orfanato se incendió y el espíritu del niño poseyó el cuadro que le hiciera Bragolin, como los primeros retratos que se les hacía a los antiguos indios americanos y creían que su alma quedaría atrapada para siempre en aquella instantánea...

Sea como fuere, con el alma de aquel niño atrapada en la pintura, comenzaría un largo rosario de desgracias, accidentes y muertes en torno a aquel cuadro maldito y a otros pintados por nuestro particular artista.

Toda casa que poseía un cuadro de la serie “Los niños que lloran” era afectada por extraños incendios quedando destrozada, lamentando víctimas humanas y con graves daños en el inmueble..., con graves daños excepto en la pared donde se encontraba colgado el cuadro del “Niño que llora” que milagrosamente estaba intacta sin que pareciera haberse producido ningún incendio en aquella vivienda...

Cuadros malditos en Sevilla y Cádiz


En las casas afectadas comenzaban a producirse todo tipo de hechos insólitos y paranormales: se escuchaban lamentos y lloros, objetos que se movían, incendios inexplicables (¿combustiones espontáneas?), anomalías eléctricas... Incluso se decía de aquellos cuadros que “el niño se salía del cuadro, subía a la cama de tu habitación y mueres de la impresión al ver su rostro endemoniado. Luego incendiaba la casa y borraba las evidencias de su crimen”. La leyenda nos hablaba de esa forma de actuar y la verdad es que cuesta trabajo y hacer un esfuerzo de imaginación desbordada el creer que estas pinturas de hermosos niños, o niñas, de ojos llorosos y enternecedora mirada puedan tener un efecto tan pernicioso en el propietario de la misma.

Se preguntarán las razones por las que traemos esta leyenda a las páginas de este libro... Bien, la razón es que Giovanni Bragnolin era hijo de esta ciudad, estando parte de su vida encadenada a esta joya del Guadalquivir, a esta ciudad eterna llamada Sevilla.

Aquellas pinturas tuvieron su momento álgido hacía la década de los 80, tuvieron su principal vía de difusión entre países latinos, como España, Italia, Argentina, Chile o México y era usual encontrar en los salones a un hermoso “niño que llora” cargado de un pragmático sentido bucólico antes que el tradicional cuadro de cacería o la mujer morena de Curro Romero de Torres. Aquella leyenda hizo que estos cuadros cayeran en desgracia y fueran sustituidos por otros según modas y gustos imperantes en la época. Malditos o no, leyendas o no, casualidad o no, hizo el resto... ¿Quién se atreve a poner ahora un cuadro de un “Niño que llora” del pintor sevillano en su salón?

Pero no finaliza aquí la historia maldita de estas pinturas ya que nuevamente corrió el rumor de nos decía que si se ponía al revés se aparecía al diablo e incluso que si te relataban la historia del cuadro y tenías uno pues que se quemaba tu casa... ¿Verdadero?

Tengo una amiga, Puri, que en su casa tenía colgados un par de cuadros de “niños llorando”. Escuchaba pisadas en el techo y otros fenómenos inexplicables. Un día le salió ardiendo aquella parte de la casa donde estaban colgados los cuadros y tras las reparaciones volvió a salir ardiendo. ¿Qué hizo Puri? Quemarlos en el patio de su casa.

El cuadro maldito de Cádiz en la Plaza del Mentidero

Cada vez me gusta más esta ciudad, me gusta pasear por sus rincones y caminando me encuentro con una evocadora historia que me hace detenerme en la Plaza del Mentidero. Una historia dura e impactante.

Me cuentan, a modo de leyenda, que en cierta ocasión una familia se mudo a una casa de este lugar y se encontró el cuadro de un payaso, de vistosos colores, con la palma de la mano abierta. Les gustó y decidieron dejarlo allí colgado. Al caer la noche sintieron ruidos extraños que provenían de la habitación donde estaba aquel cuadro. Nadie quiso concederle mayor importancia pero a la mañana siguiente...

...A la mañana siguiente el padre de aquella familia muere. Fue un duro golpe para todos y nadie reparó que en el cuadro del payaso había un cambio. Aquella mano abierta había bajado uno de sus dedos.

Apenas unos días después murió la madre, todo dijeron que «había muerto de pena», y aquel cuadro del payaso sufrió otro cambio: bajo otros de los dedos de aquella mano antaño abierta completamente.

Poco a poco todos los miembros de aquella familia fueron muriendo, excepto uno de ello, el cuadro del payaso tenía ya todos sus dedos bajados excepto el mañique. Aquella misma noche una nueva desgracia se cebó con la familia y la casa sufrió un terrible incendio. Los bomberos sofocaron el mismo y sólo pudieron rescatar de su interior, aun intacto, una cosa: el cuadro de un payaso con la mano completamente abierta y vivos colores.

Pasaron diez años y aquella casa vivían una nueva juventud cuando una familia entraba a ocuparla. En su interior descubrieron el cuadro de un payaso con la mano abierta y decidieron colgarlo de una de aquellas desnudas paredes...

Me recordó este caso -para mi una leyenda urbana o moderna- al glorioso relato de Oscar Wilde «Retrato de Dorian Gray», y es que hay cosas que nunca podrán cambiar, como la estética becqueriana de estas historias populares.


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