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El color en los jardines

19 mar 2017 / 08:30 h - Actualizado: 19 mar 2017 / 09:26 h.
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Colorear un jardín no es fácil. Empecemos siendo claros. Pero bien es cierto que se puede aprender, sobre todo si se tiene claro lo que se quiere conseguir. Yo, al igual que todos me pierdo entre las flores de un vivero. Flor que me gusta, flor que me llevo a casa. Incluso para mí, esto suele ser un error, pues no todas las plantas que compro en ese impulso demoledor van a darme el resultado que quiero. Entiendo pues que resulte inevitable, lo padezco yo misma. Pero hay ciertas cosas que si se saben pueden hacer que uno mismo recree escenas sublimes.

Realmente los colores son una ciencia. Tienen la capacidad de trastocar nuestro estado de ánimo (nos hacen felices, nos llaman la atención...) pero juntos y en armonía son una de las maravillas de la naturaleza. Los colores en un jardín no son estáticos, dependen de la luz (los blancos resaltan en noches apagadas o lugares más sombreados) y según su intensidad te acercan o te alejan (los rojos por muy lejos que estén dan la sensación de cercanía y en cambio los azules te llevan al horizonte).

Las flores con los colores más brillantes e intensos (ej. plantas tropicales) bajo la luz del Mediterráneo combinan perfectas bajo su cielo resplandeciente. En cambio, los pasteles tienden a aparecer más pálidos y blanquear –se queman con tanta luz–.

COLORES

Asumiendo que el color verde es el lienzo de cualquier jardín, es el básico de la naturaleza y el primer color que desaparece al atardecer, el verde nos da la oportunidad de colorear.

Contrario a él, tenemos el blanco que lo ilumina todo, desaparece el último al final del día y como contrapunto tiene un valor inestimable. ¡Es la novia!

Los azules son el color del cielo y su reflejo en el agua; evocan espacio y frescor. Se pierden allí en la línea del horizonte trayendo calma y luminosidad, dando profundi–dad hasta en el fondo del mar. Es, junto con el blanco, uno de los últimos colores que desaparecen al atardecer. En una oscura esquina del jardín pueden dar la sensación de flotar, mientras que a mediodía –con la resplandeciente luz– tienden a desaparecer. Un truco interesante para crear la ilusión de mayor distancia o profundidad en un jardín es utilizar flores azules al final de este o en sus límites engañando al ojo.

El rosa suele utilizarse por su gentileza, desde el suave color rosa de las rosas a uno tono más melocotón. Aunque en mi opinión mucho rosa en una plantación tiene la capacidad de empalagar a cualquiera. El rosa se asocia bien con los azules y plateados de flores y hojas, y es muy útil como suave transición entre colores fríos (verde, azul, blanco) y calientes (rojo, amarillo, naranja).

Los rojos son colores asociados con el poder y la inmediatez, así como al peligro, por ello suelen verse complicados de utilizar. Pero en su lugar perfecto, el rojo –de las amapolas por ejemplo– sirve de foco de atención. Y en otoño, los rojos calientan el ambiente al verlo en las hojas de los árboles antes de caer. Al ser el complementario del verde, su opuesto, al rojo casi se le puede ver vibrar en un jardín y hace subir la temperatura.

El color morado, tan presente en la naturaleza –lavandas, romeros– es una mezcla entre el rojo y el azul, y es un color que está más acomodado en la jardinería que el vistoso rojo. A diferencia de este, los morados dan la sensación de opulencia, mientras el rojo destaca por la energía que desata.

El amarillo es sin duda es uno de los colores más complicados de utilizar, pues puede reaccionar ferozmente con otros colores o parecer vulgarmente intrusivo. Normalmente se utiliza sin mucha gracia junto a azules por puro contraste, pero sin duda funciona mucho mejor con otros colores calientes, como el naranja, o con algunos más neutros como los bronces. El amarillo se puede ver por todos lados en las hojas jóvenes, en praderas y setos; es un color alegre, con claras connotaciones al sol y a la cosecha. Y es así, como debe ser utilizado, justamente para alegrar una plantación.

Si se utiliza esparcido inyecta energía, mientras que plantado en masa tiene un fuerte y pesado impacto, algo que ningún otro color es capaz de hacer –véase una masa de narcisos en una pradera verde a comienzos de la primavera–.

Finalmente los naranjas, que se encuentran en algunas flores como las capuchinas y la kniphofias, se acercan claramente a la energía y cercanía que desprende el rojo pero, sin duda, son mucho más agradecidos a la hora de combinarse con otros colores y destacan bien dentro de una plantación al sacar la calidez del color de la tierra.

PLANTAS Y COMBINACIONES

Yendo al grano, lo más fácil, lo que mejor funciona y lo que menos quebradero de cabeza da es elegir tres plantas que combinen bien durante una misma estación. Es decir, tres para primavera, tres para verano y tres para otoño. El invierno también, pero esto es de sobresaliente.

Se trata de comenzar pongamos a un lado, o dos lados, de un camino o un arriate. Elegidas ya tus plantas, comienza preparando bien el suelo, asegúrate de que tenga un buen drenaje –haz un agujero de unos 20/30cm de profundidad, llénalo de agua hasta arriba y este debe estar seco en 48 horas– y añade materia orgánica –esto ayuda a conformar la estructura del suelo y mejorar también el drenaje, además de darle comida a las plantas–. Y, haz un buen alcorque de 60cm de diámetro por 20cm de profundidad.

El espacio a dejar entre las plantas depende del tamaño que alcancen según la especie y variedad. Te aconsejo plantar a tresbolillo –es decir con un marco en forma de triángulo equilátero, una planta en cada esquina–.

Floración marzo a junio

• Boca de dragón (Antirrhinum majus) –rosa púrpura– (si se eliminan las flores se reactiva en otoño).
• Jaras (Cistus x purpureus –rosa–, C. laurifolius –blanca–).
• Lechetrezna (Euphorbias spp.) –amarilla–.
• Geranio de sangre (Geranium sanguineum) –rosa–. Remonta ligeramente en otoño.

Floración mayo–junio

• Salvias (Salvia nemorosa y otras) –moradas–, Salvia roja (Salvia greggi, S. darcyi) –rojas–. Este grupo reflorece de manera generosa de septiembre a noviembre.
• Phlomis (Phlomis purpurea) –rosa–, Phlomis (Phlomis fruticosa entre otros) –amarilla–.
• Nepeta (Nepeta spp) –morada–.
• Acanto (Acanthus mollis) –blanca–.
• Milenrama (Achillea coarctata) –amarilla– (su floración se reactiva en otoño).
• Valeriana (Centranthus ruber) –rosa– (se activa ligeramente en otoño). Existen variedad de flor blanca –Albus–.

Floración mayo–octubre

• Verbenas (Verbena bonariense) –morada–.
• Amapola de California (Eschscholzia californica) –naranja–.
• Gaura (Gaura lindheimmeri) –blanca–.

Floración junio–julio

• Salvia rusa (Perovskia spp) –morado–.
• Sauzgatillo (Vitex agnus–castus) –morada–.
• Espliego, Lavandas y cantueso (Lavandula spp).
• Milenrama (Achillea millefolium) –blanca–.
• Centaureas (C. pulcherrima) –rosa–.
• Siempreviva (Helichrysum italicum) –amarillo–.
• Kniphofias (Kniphofia sarmentosa) –naranja–.

Floración julio–agosto

• Oreja de gato (Lychnis coronaria).
• Epilobium canum –rojo– y dura hasta el otoño.
Floración septiembre–octubre
• Heliantemo (Helianthus spp) –amarillo–.

(Marta Puig de la Bellacasa es ingeniera agrónoma y paisajista. Ha trabajado en España y en el Reino Unido. Diseña jardines y proyectos de paisajismo, colabora con estudios de arquitectura y escribe asiduamente en su blog Domingo en el Jardín)


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