domingo, 12 julio 2020
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La aventura del misterio

El misterio de la sepultura de nadie

La historia que les voy a contar sucedió hace más de tres décadas y ocurrió en el cementerio de la localidad sevillana de Espartinas.

07 jun 2020 / 04:00 h - Actualizado: 05 jun 2020 / 09:02 h.
"La aventura del misterio"
  • El misterio de la sepultura de nadie

Sin dudas es una historia terrible, una de esas historias que el investigador jamás olvida, por que permanece en la “retina de la memoria” por el resto de la vida.

En el verano 1977 el sepulturero Gregorio Carmona se disponía a limpiar un nicho familiar para dar cabida en él a un nuevo cadáver; casi cuatro décadas habían pasado sin que aquel nicho registrara el más mínimo movimiento.

Era el nicho donde reposaban los restos de José García Moreno de 10 años de edad cuando se produjo el momento del óbito debido a una meningitis extrema que le cegó la vida en apenas un mes. Su cuerpo debía estar dentro del nicho, el sepulturero sacó el cajón y, lentamente, levantó la tapa de madera para ver los que quedaba del chico, “los huesos y poco más” pensó... Pero ese pensamiento estaba y quedaba muy lejos de la realidad, dentro pudo ver el cuerpo incorrupto de un niño conversado perfectamente; con miedo le dio con el palaustre en el zapato y éste se pulverizó pero el bebé estaba aun intacto... Inalterable al paso del tiempo.

El hombre no sabía que hacer pese a su edad y veteranía... En la tumba reposaba alguien más aparte de aquel niño. Era el cuerpo de una mujer joven, que se conservaba de forma excelente, entre las piernas se ubicaba aquel cuerpo de tierno infante, y lo más dramático: aún estaba unido a la madre por el cordón umbilical.

Allí no estaba el niño José García Moreno sino el de una mujer con el cuerpo incorrupto... EL sepulturero avisó a la familia del joven José y al acudir por la noche, a la luz de las linternas, al abrir el féretro, todos se presinaron... Aquella joven y el cuerpo del bebe impactaron a los presentes que estaban conmocionados.

Cuando Gregorio Carmona movió el cadáver cogió el bebé: “el niño era muy bonito, parecía “un niño dios”, era una cosa rara, nadie se lo podía explicar y en el año 77 se veía como algo anormal” recuerdan Rocío y Antonio Carmona -hijos del sepulturero, describiendo el estado de conservación que era impresionante, pareciendo más un muñeco que una persona.

Antonio Carmona recuerda vívidamente: “Estaba envuelto en una tela, un paño blanco que debía tener su origen en el hospital y le que serviría de mortaja, aún manchado por la sangre del parto”.

Hasta allí se personaron las autoridades del pueblo, un policía apellidado Naranjo que se emocionó al ver el cuerpo de la joven y comenzaron a rezar, la situación –emocionalmente- debió ser impresionante y entre los que acudieron al lugar no se explicaban el estado perfecto de conservación. “Estaba igual murió” decían algunos sin saber siquiera de quién se trataba.

Uno de los diarios sevillanos de la época reflejó entre sus páginas: “José García Moreno, que fue enterrado hace 40 años en el cementerio de Espartinas, ha aparecido sin ropas pero intacto. Es un milagro. Se ha hablado con párroco, médico y sepulturero, “Era un niño bueno y muy espabilado pero corresponde decir a la Iglesia si hay santo o no” decía un hermano, evidentemente la información no se refería al desaparecido cuerpo de José García sino del desconocido bebé y de su madre.

José García Moreno era un niño alegre, jefe de la centuria juvenil de la Falange, “bueno y simpático” según los que lo conocieron; sucumbió en menos de mes y fue enterrado con el uniforme de la falange.

Quedaban aún muchas preguntas en el aire, con la duda muchos no se atrevían a responder con seguridad por ejemplo: ¿Quién era aquella mujer?

La respuesta vino de la mano Apolonia, madre de Baldomero Jiménez, quién reconoció a la joven: era María Martínez Chamorro que falleció el 28 de Septiembre de 1933 con 41 años de edad tal y como consta en el nicho donde hoy reposan sus restos. Apolonia la reconoció por sus cabellos. Por sus trenzas, por su pelo siempre bien cuidado.

La muerte conmocionó a los vecinos que despidieron a aquella mujer por las calles de su pueblo cuando trasladada desde Sevilla hasta el cementerio de Espartinas. La abuela de Apolonia decía que “era mala suerte ver una mujer muerta de esas circunstancias estando en “estado” (embarazada)”. Pero el recuerdo que había de la difunta María era el de una mujer muy buena, y al identificarse se habló en el pueblo de un milagro.

Su cuerpo, el féretro, yacía donde estaba la tumba de José García Moreno que jamás fue hallado.

El misterio de la sepultura de nadie

Y seguían surgiendo nuevas preguntas: ¿Por qué eran lo únicos incorruptos? ¿Por qué el fenómeno no se repitió? Como respuesta se obtenía el prudencial silencio de la Iglesia que no sabía responder a esas cuestiones más en manos de la Ciencia que de Dios.

El periódico de sucesos “El Caso” en 1977, de la mano del periodista Pablo Sergai, se ocupó de investigar este misterioso suceso tan en la línea editorial del diario. De los restos del niño no se supo más. Como especulación se apuntó la posibilidad que estuviera cuatro años enterrado en otra tumba por error y luego, posiblemente, trasladados a una fosa común.

Como explicación al caso y al estado de incorruptibilidad del cuerpo se podría decir que estuvo relacionado directamente con su muerte y con las condiciones de la misma: la mujer murió al dar a luz a la criatura, en un tremendo esfuerzo donde perdió gran cantidad de líquidos. Murió como consecuencia del parto y murió deshidratada, en estas condiciones el tejido no se pudre sino que se seca, las condiciones de humedad óptimas hacen que el estado del cuerpo fuera excepcionalmente conservado. Hay muy pocos casos de incorruptibilidad madre e hijo y en la España rural de la época se negaban a separar madre e hijo enterrándolos juntos.

Casos similares han llegado hasta nuestros días como el del estado de Guanajuato (México) donde se conservan un número de cuerpos en estado “incorrupto” debido a la deshidratación. En otros casos la presunta fallecida sólo está en un estado cataléptico profundo y al despertar se encuentra enterrada con el terror que ello provoca tal y como le sucedió a Ignacia Aguilar cuyo cuerpo fue encontrado en su ataúd años después del revés... Se había dado la vuelta intentando salir.

Los cuerpos deshidratados pierden casi el 80% del agua que contienen y no se pueden podrir. En otros casos como el de tuberculosos o enfermedades infecciosas la misma enfermedad protegían al cuerpo de podrirse y así hay un número de explicaciones posibles para el fenómeno de los cuerpo incorruptos sin necesidad de recurrir a la santidad.

Aún quedaban algunas circunstancias que resolver. La cinta que se encontró en el cuerpo de la mujer y que una vecina se llevó como si fuera una reliquia “se la relió en la mano y fue a casa de un familiar, rezando con ella delante de un pariente enfermo” relata un vecino del pueblo haciendo referencia a las presuntas cualidades que se le otorgaba a aquellos restos adjuntos a aquel cadáver. Esas cintas no son ningún misterio y aun se ponen hoy día para que no adquiera el cuerpo del difunto una posición extraña con la rigidez cadavérica. Aunque para muchos fuera un fetiche a modo de santo popular

Con respecto a José García sólo se pudo explicar su no presencia en el nicho familiar como un error al enterrar el cuerpo. Rafael “el carpintero” esposo de la fallecida vendió el nicho a la familia del chico, el cuerpo de la mujer aún estaba dentro y no se sacó de allí, posiblemente la confusión hizo que se metiera en otro nicho al chico y se tomará por el de éste el féretro que ya estaba en su interior. Así quedaba explicada esta intrigante historia que tanto impactó en los vecinos de Espartinas.

Polvo eres y en polvo te convertirás...


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