En la Feria también hay fenómenos extraños

Algunos dirán: “Ya tanto, en la mía todos los años y fantasmones no te digo...” Sabedor de eso no es, precisamente, de lo que te quiero hablar y si de hechos inexplicables que tienen como marco las calles del Real.

03 may 2022 / 04:00 h - Actualizado: 03 may 2022 / 04:00 h.
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  • En la Feria también hay fenómenos extraños

Las calles del “Real de la Feria” se han vivido todo tipo de anécdotas, historias, pasiones y andanzas. Una de ellas nos ubica en la década de los 90, cuando el vigilante de seguridad de una caseta de la calle Ignacio Sánchez Mejías iba a vivir una curiosa experiencia...

Es una historia que investigué personalmente y que les quiero contar las últimas novedades pero antes, permítame que les cuente lo que pasó: en una caseta a altas horas de la madrugada, el vigilante de seguridad se dispuso a echar los toldos de la “caseta”. En el interior no quedaba nadie, nadie salvo él.

Serían las cinco de la mañana del primer día oficial de feria cuando en el interior de la misma irrumpe un individuo ataviado con traje corto y sombrero cordobés, en su chaquetilla azabache destacaba un clavel rojo sangre y con andar firme, sereno y poco dubitativo entró hasta la barra del bar, allí, cogió una botella de vino “fino” -el hecho ya era chocante para nuestro vigilante de seguridad pero que no se decantara por la emergente “manzanilla”-, fue un detalle que no le pasó inadvertido.

Aquella persona, elegante pero a la vez desarbolada, se sirvió esa copa, le dio un sorbo y dejando media medida de aquel oro líquido de otras épocas abandonó el local. Nuestro vigilante creía que se debía tratar de algún socio de la “caseta” o alguna persona con cierta familiaridad, sobre todo por la forma de comportarse, y no le concedió mayor importancia.

La feria seguía su curso y al cerrar la “caseta” a la noche siguiente, sobre las cinco de la mañana hizo irrupción en el interior de la misma aquel mismo personaje... Volvió a repetir la misma actuación y se marchó...

A la noche siguiente el vigilante le espetó: “¿No ha tenido usted noche para beber hombre de Dios? Hay que ver que todas las noches me usted el susto” Aquella persona lo miró de reojo y no articuló palabra. El vigilante enfadado le recriminó: “¿No va a decir nada? ¡Lo que faltaba! A ver, ¿quién es usted?” y el sombrío personaje giro su cuerpo apoyado sobre sus talones para decirle: “Me llamo (omitimos el nombre) y tengo más derecho que nadie a estar aquí y tomarme esta copa a solas y como quiera, sepa que soy socio fundador de la “caseta” y que no encuentro nada malo en rencontrarme con el sabor de esta copa pese a las horas o al tiempo”. Segundos después desapareció sin saber cómo... “Habrá salido sin darme cuenta” pensó el sorprendido vigilante.

Al día siguiente decidió, en la tarde, comentarle el suceso al jefe del bar, el cual le comentó que él no sabía quién era ya que él sólo llevaba la barra que la tenía contratada en la “caseta”.

Sin embargo la oportuna presencia del presidente en la misma le hizo comentarle el suceso. Éste quedó sorprendido por la desfachatez de la gente y le preguntó: “¿Y sabes cómo se llama?” “Si” respondió el vigilante mientras le decía el nombre de aquel personaje, la situación cambió cuando la cara alegre y sonrosada del presidente se volvió lívida y debió buscar una silla para sentarse: “No puede ser, no puede ser, ¿estás seguro? ¿No será una broma? No puede ser”.

Asustado un poco nuestro vigilante insistió en las razones para tal reacción y aquel cariacontecido señor sacó de la cartera una foto de feria, en ella había tres personas, tres amigos, tres feriantes, de todos ellos destacaba el de la derecha, el único que estaba ataviado de corto, con chaqueta negra azabache y clavel reventón rojo en la solapa, con sombrero cordobés sobre una cabeza en la que se deducían amplias entradas y algún diente de menos que aquella sonrisa bonachona le dedicaba a la cámara que inmortalizaba aquel momento.

“¿Lo reconoces en esta foto? ¿Está aquí?” le preguntaba mientras sostenía en sus manos aquella añeja fotografía.

“Sí, claro, es este señor del lado, vaya, veo que lo conoce, discúlpeme, creí que era un gorrón pero veo que lo que me contó era cierto... Es que su cara no me sonaba” espetaba el guardia de seguridad tratándose de disculpar sin morder la mano que abonaba su estar en la “caseta”.

El presidente le dijo: “Muchacho, debes saber algo... Creo lo que me dices, sé que eres honrado y no mientes, pero esta persona es imposible que venga a la feria o a cualquier otro sitio porque esta persona murió hace cuatro años en un accidente cuando regresaba de la feria, esta foto es de las últimas que se hizo...”

Aquello dejó un ambiente de intranquilidad y ciertos nervios... Si aquella persona había fallecido aquel individuo desarbolado que entraba por las noches debía ser una aparición de un espíritu inquieto al que le quedó algo por hacer...

Esa misma noche el vigilante y el presidente montaron guardia en la caseta, no hubo ruidos ni nada anormal, hasta que dentro, en la zona de la barra notaron un extraño movimiento. Se desplazaron hasta ese módulo y, sobre la barra, vieron un catavinos y un clavel rojo a su lado, el mudo testigo de la presencia de aquel fantasma a deshoras.

Lo último de este caso me lo decía el propio vigilante en 2019: “No sé la razón por la que se aparece allí ese hombre, además en los dos años que yo estuve allí sólo pasó en uno de ellos aunque si es verdad que hablé luego, cuando ya vas de retirada y pasas por allí, estando yo en otra caseta otro año, y el chico me dijo que allí pasaban cosas muy raras, que allí se veía un hombre de “gitano” que luego desaparece. Eso fue en 2019 y me callé por no asustarlo más”.

“Son muchos años en los que se han venido sucediendo hechos de este tipo, a mí, a otros compañeros o a gente de la caseta que saben que ocurre en Feria” concluía.

Muerte inesperada y manifestaciones espectrales

Las historias paranormales en torno a la Feria de Sevilla no son demasiado habituales, exceptuando el popular “fantasma de la Feria” de la calle Ignacio Sánchez-Mejías es “el Real”, pocas vivencias inexplicables más hay en la Feria.

Pero, ocasionalmente, hay algunas relacionadas con ella. Una de esas me llegó por azar gracias aún amigo que quiso hacerme partícipe de algo que ocurrió en su familia: “José Manuel, yo era pequeño pero recuerdo perfectamente todo lo que sucedió en aquellas fechas” comenzaba a relatarme.

“En mi familia teníamos un carro tirado por un caballo con el que íbamos a la Feria y nos paseábamos. Era la atracción de la familia, nos encantaba. Pues bien, en torno a ese carro sucedió algo terrible... Una noche de Feria estaba junto a mis padres un amigo de la familia, Juan Ignacio, aquella tarde-noche había sido de excesos y de copas, lo normal en la Feria. Pero aquel amigo de la familia se comenzó a sentir mal, tanto que le dio un infarto en la Feria, sentado en el carro y murió allí mismo de forma instantánea. De nada sirvió lo que los médicos trataron de hacer por él. Era demasiado tarde”.

Tras aquel incidente la vida de la familia continuó: “Pero fíjate que en casa siempre hemos tenido una mujer que nos hacía las cosas y demás, y la mujer decía que tenía ciertos poderes paranormales. Lo cierto es que creíamos que era para entretenernos hasta que pasó algo: comenzó a decir que veía en el carro a un señor que todas las mañanas la saludaba”. Aquello hizo que le preguntaran por la apariencia de ese hombre e hiciera una descripción detallada del amigo fallecido y la ropa que lucía, precisamente, la noche que murió... Se aparecía, además, en el mismo lugar donde falleció.

¿Quién dijo que en la Feria no pasaban hechos extraños? Que hay fantasmas eso no nos sorprenden, aunque en los que usted piensa son en los de este mundo y yo, a los que me refiero, son los del más allá.


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