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La aventura del misterio

Encuentros con lo insólito en El Esparragal

El Esparragal es uno de esos lugares mágicos y con encanto (nunca mejor dicho) de Sevilla, en concreto, en la coqueta localidad de Gerena. Se trata de una hacienda de tres mil hectáreas de superficie.

25 abr 2021 / 04:40 h - Actualizado: 23 abr 2021 / 19:42 h.
"La aventura del misterio"
  • Encuentros con lo insólito en El Esparragal

Es una moderna explotación agrícola-ganadera donde también hay un importante papel del caballo andaluz pues hay una zona dedicada a la cría de caballos de Pura Raza Española y vacuna de carne y leche entre otras muchas actividades.

El conjunto de edificios tiene su construcción con el Convento de los Jerónimos del siglo XVII siendo rehabilitado y puesto en servicio como hotel (respetando su arquitectura original en 1992.

El cortijo es ciertamente bello, decoración, estilo, servicio, hacen de este lugar un punto lleno de atractivos y encantos. Pero también de misterio...

Tiene la típica distribución de un convento con su claustro. Abunda la madera artesanal y allí se grabó hace unos años la “Nochebuena Flamenca” para televisión.

Hay en el cortijo una zona habilitada donde se quedaban a dormir la gente del campo, habitaciones más rusticas que además se alquilan para temas de Fibes y promociones, se trata de un ala fuera de lo que es el hotel de lujo. Una zona muy hermosa dentro de lo rústico con pasillos estrechos muy evocadores, muros anchos, suelo de barro... Allí se dispuso una habitación para el equipo del programa, unas 25 personas.

Nada más llegaron allí todos se miraron, al entrar el ambiente era raro, había chicas que, incluso, les costaba respirar. Comenzaron a trabajar y, desde luego no hubo calma. Se escuchaban portazos, se abrían y cerraban las puertas sin que mediaran corrientes de aire pues era el mes de Noviembre y estaba todo cerrado, hacía frio, y los sustos no cesaban en aquella grabación que parecía iba a ser muy larga y llena de sobresaltos.

En cierta ocasión el equipo hablaba con una determinada artista invitada cuando, de pronto, se cayeron todas las cosas de una repisa como si alguien lo hubiera tirado, la artista dijo asustada: “¿Tú has visto lo que yo he visto? Yo me voy, yo me voy...” y salió despavorida mientras otras niñas asustadas del equipo la seguían.

Para ir a la zona de grabación había que atravesar los pasillos y mientras que por ellos se pasaba se vivía otro hecho aún más extraño: “se apagaban las luces solas y daba miedo, Imagínate pasar por aquellos patios oscuros, de noche, por qué se grababa de noche... Y para ir al baño era una odisea, se aguantaba al máximo. Las caritas del equipo eran para verlas”.

En cierta ocasión un equipo de grabación, teniendo que trabajar, no pudo asistir al almuerzo, como cortesía, ya que el catering había acabado, se habilitó en la cocina un espacio para comer: “nos pusieron un sitio en la cocina (tétrica), sentados a comer aparece por detrás una de las camareras del hotel y nos dice: “¿No os da miedo quedaros aquí a comer? Me quedo con vosotras” La notamos con Miedo y le dijimos: “¿aquí que es lo que pasa?” y la chica nos dijo: “Pasan cosas raras, espera que llamo al de recepción”.

El chico de recepción nos dijo: “ Aquí está la señora...¿Quién es la señora? Era la dueña del Cortijo y se nos parece, aparte muchos de los inquilinos le da miedo y algunos se han ido en plena noche porque veían cosas raras del tipo de luces que se encendían y apagaban, portazos, grifos que se abren y se cierra solos; vamos que se han ido de madrugada y me han dicho “me voy que no me dejan dormir”. En recepción hay una habitación pequeña donde hay una camita y allí dormimos, allí me acuesto y siento como alguien está detrás mía e incluso notaba su presencia”, era como si estuvieran acostumbrados”. Ambos, ni camarera ni recepcionista trabajan ya allí.

El recepcionista nos dijo: “¿Queréis ver la habitación de la señora? La habitación está igual que estaba, igual que la señora la dejó. Todo está igual... Se puede hospedar allí la gente”. Intrigados le preguntamos: “¿Qué le sucedió a la señora” y el empleado nos dijo: “Se le murió un hijo de 4 o5 años y no superó su muerte, se suicidó en la habitación, en el sillón”.

Subir escaleras de madera que destacan por lo que crujen y por las figuras de niños y santos es toda una experiencia. Todo está como ella lo dejó: sala, sillón, cama... Estando allí las luces comenzaron a encenderse y apagarse, las puertas a chirriar como si alguien las moviera. Nos mirábamos y estamos expectantes y asustados.

“Si queréis ver a la señora hay un retrato suyo en el salón principal vestida de flamenco, un cuadro que ocupa todo el salón” nos decía el exempleado de forma vehemente.

Los técnicos y miembros del equipo más temerosos optaron por, al llegar, dar las buenas tardes para que la dejaran en paz: “Señora, buenas tardes, ¿me va a dejar trabajar hoy?” decían con inquietud, pero tenía días: unos días dejaba y otros no, son las cosas de los fantasmas.

Agresión espectral en Los Remedios

En los últimos meses se repite, con preocupación, los casos de presuntas agresiones perpetradas por entes o seres espectrales que atormentan y violentan a sus víctimas. Al punto que algunas de ellas han llegar a llegado al plano sexual.

Nuestra historia comienza en el sevillano barrio de Los Remedios, en Sevilla, donde una joven realiza una sesión de ouija junto a unas amigas. En la sesión contactan con un supuesto espíritu el cual les dice que desea quedarse con ellas. Las chicas, divertidas, le dicen “encantadas que vivas con nosotras” creyendo que todo era un paso más en la mecánica del juego o, tal vez, una broma de cualquiera de sus otras amigas.

Cerraron la sesión y siguieron con otras cosas propias de la edad y de mujeres.

Transcurrieron los días y todo parecía normal en aquella casa hasta un día, mientras la víctima dormía, que sintió un inquietante ruido sobre el ropero en el que tenía la tabla de la ouija. Comenzó a sentir como un gruñido y, temerosa, encendió la luz mientras ayudándose de una silla subió a ver si allí había un animal o algo que lo causara. Pero no había nada. Respiró aliviada y al darse la vuelta notó que sobre la cama estaba la ouija en la que ella no reparó cuando subió a ver lo que allí podía haber.

Tomó el tablero, asustada, y la volvió a colocar en el ropero. Apenas diez minutos después de haber apagado la luz sintió un ruido, encendió la luz y en el suelo estaba la tabla. Pensó que la habría dejado mal y se había caído. Nuevamente la colocó sobre el ropero y sintió como algo la agarraba, algo le apretaba la muñeca y le dolía... Cuando logró liberarse de aquello que la atenazaba comprobó cómo tenía las evidentes marcas de algo que la había “como quemado”. Se asustó y no quiso decir nada a sus padres.

A la mañana siguiente metió la tabla en una bolsa de basura y la bajó al contenedor. El día transcurrió con normalidad mientras observaba repetidamente aquellas marcas en la muñeca.

La noche llegó y sintió nuevamente un ruido, encendió la luz y a los pies de su cama encontró la misma tabla que ella había dejado aquella mañana en el contenedor. “Me entró el pánico, era imposible”.

Entonces notó como la temperatura descendía en su habitación y como una voz susurrante, una parafonía, surgía de la nada y le decía: “Ana, aquí estoy”.

La chica no creía lo que le estaba sucediendo y se tapó la cabeza, fue entonces cuando comenzó a sentir como si en la cama entrara algo, algo que comenzó a rozarla gélidamente. Asustada corrió a la habitación de sus padres y les dijo lo que estaba sucediendo. El padre fue al dormitorio y vio la tabla ouija espetándola: «seguro que has estado jugando con esta mierda, te has quedado dormida y has tenido una pesadilla”. La chica, cariacontecida, comprobó que contara lo que contara ya no tenía solución pues no la iban a creer máxime viendo aquella tabla en su cuarto.

A la mañana siguiente el padre le dijo que no jugara más con esos “juguetes” y ella, obediente, asintió con la cabeza.

La siguiente noche tuvo una desagradable experiencia. Mientras salía de la ducha e iba su dormitorio sintió que “algo” estaba en el cuarto, no le dio mucha importancia tratando de restar valor a lo sucedido en noches anteriores. Entonces algo le tapó la boca y comenzó a sentir como una mano gélida la tocaba, le tocaba los pechos y sus partes más íntimas; la chica no podía hablar, no podía chillar, el momento era inenarrable.

Cuando notó que bajaba la intensidad de aquella presión hizo un movimiento brusco y pudo liberarse de aquel ente o lo que fuera que la “aprisionaba”.

Pidió ayuda y, valorando siempre la hipótesis psicológica, decidimos que la mejor opción era investigar en aquel domicilio pero ¿cómo sin despertar sospechas? De forma tortuoso se pudo hacer una investigación durante un par de horas que no arrojó nada anormal en la estancia.

Optamos por acabar con la fuente de aquel problema: la ouija. Así se procedió a quemar la misma y ritualizar el acto más para dar confianza a la víctima que como medida efectiva. Sea como fuere los sucesos acabaron aquel mismo día, que sepamos y hasta el momento.

¿Realidad o una creación de la mente? Casi que podríamos optar por la segunda opción pero en estos casos nunca se sabe, más aún cuando eres la víctima del misterio.


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