La aventura del misterio

¿Es la “Lanza del Destino” la que “remató” a Cristo?

Llegó tembloroso, casi no podía creerlo, toda su vida había deseado que llegara ese momento y al fin lo había logrado...Meció sus cabello, movió aquel bigotillo y esbozo una sonrisa de satisfacción. Entonces tomó con cuidado, casi extremo, aquella lanza atribuida al centurión romano Longinos... Fue el comienzo de una locura.

11 abr 2022 / 04:18 h - Actualizado: 11 abr 2022 / 04:18 h.
"La aventura del misterio"
  • ¿Es la “Lanza del Destino” la que “remató” a Cristo?

La elevó al cielo y pensó: “Ya nada podrá detenerme, el mundo estará a mis pies”, mientras giraba sobre sus talones buscando a su ayuda de cámara que portaba una caja forrada en terciopelo negro, el mismo tono de aquellos oficiales de la SS que le escoltaba...

Y es que Adolf Hitler fue uno de los gobernantes que cayó rendido ante el “embrujo” de la “Lanza del Destino” o la lanza de Longinos, aquella con la que el soldado romano atravesó las costillas y el corazón de Jesucristo, verificando su muerte y cumpliendo la profecía que decía que al Mesías no se le rompería ningún hueso... Se prefirió rematar al reo mediante esta sagrada lanzada antes que partir, o quebrar, las piernas del crucificado buscando su asfixia y muerte. Pero Hitler sólo fue uno de ellos, uno de sus admiradores, no el único..., la historia nos ha dejado a otros gobernantes que no pudieron resistir la tentación de tener en sus manos esta reliquia, este “objeto de poder”.

El hecho bíblico aparece recogido en el Evangelio de San Juan (19:33-34): “Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”. Siendo este hecho un hecho que representaba a la Iglesia -para los católicos- ya que es simboliza los sacramentos del bautismo y la eucaristía que fluyen del costado de Cristo.

De Longinos sabemos que era centurión en Jerusalén, las primeras referencias de él nos llegan en el Evangelio Apócrifo de Nicodemo y en el siglo IV en los Hechos de Pilatos, también figura en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula, en la Biblioteca Laurenciana en Florencia, en el año 586 d.C. En la tradición cristiana se le identifica como Cayo Cassio Longino según la novela de Louis de Whol “La Lanza” (1955).

La lanza ha tenido una vida azarosa, fue San Antonio de Piacenza, hacía el año 570 d.C., la describe en Jerusalén, en la Basílica del Monte Sión, de esta forma: “la corona de espinas con la cual coronaron a nuestro Señor y la lanza con la cual lo perforaron en el costado”. También se hace una mención de la lanza en el Breviario la Iglesia del Santo Sepulcro y Casiodoro (485-585 d.C.) la fe de su existencia así como en Los viajes de Gregorio (538–594).

Cuando Jerusalén cae en manos del rey persa Cosroes II en el 615 d.C., se cuentan en el Chronicon Paschale, que la punta de la lanza fue dada a Nicetas quién llevó a la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. Aquella punta de la lanza que se había quebrado del resto del cuerpo fue fijada en un ycona, o icono. En el año 1244 el rey Luis IX de Francia la compró a Balduino II de Constantinopla quién la guardó con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París. En el transcurso de la revolución francesa las reliquias fueron trasladadas a la Bibliothèque Nationale y ocultadas.

El resto de la lanza fue vista por Arculpus en la iglesia del Santo Sepulcro sobre el año 670 d.C., en Jerusalén. Según se afirma se llevó a Constantinopla en el siglo VIII, al mismo tiempo que la Corona de Espinas. Su presencia en la capital turca (en aquellos momentos) fue atestiguada por los peregrinos. Sir John Mandeville, en el año 1357 d.C., afirmó haber visto la hoja de “La Lanza Sagrada” en París y también en Constantinopla, existiendo una fragmentación de la misma, teniendo la ciudad europea una porción mayor de la misma.


En 1492, año del Descubrimiento de América, la ciudad de Constantinopla cayó en manos de los otomanos, hecho que fue descrito en la Historia de los Papas. El sultán Bayaceto envió aquella reliquia a Inocencio VIII para que siguiera custodiando preso a su hermano Zizim. Ya en la época el comercio de reliquias era moneda de cambio en Europa y en la cristiandad, así existían otras en París, Nuremberg (posteriormente en Viena) o en Armenia (la lanza de Atschmiadzin) según relataba Johann Burchard.

A mediados del siglo XVIII el papa Benedicto XIV logró, mediante un dibujo unir los trozos de Roma (Vaticano) y París, afirmando: “forman una sola, no hay dudas, es la auténtica Lanza que atravesó a Nuestro Señor”. Curiosamente al parte que se conserva en Roma está guardada en el Museo Secreto del Vaticano junto con otras reliquias.

Otras lanzas

La lanza de Etschmiadzin: la localizamos en Echmiadzin, en Armenia. Fue descubierta en el transcurso de la Primera Cruzada, en el año 1098 d.C. Pedro Bartolomé dijo haber tenido una visión en la que San Andrés le decía que La Lanza Sagrada estaba bajo la catedral de San Pedro en Antioquia. Allí se excavó y fue localizada según la visión. El hallazgo fue considera un milagro quienes después derrotaron al ejército infiel que repelía el asedio a la ciudad y tomaron Antioquia. Curiosamente el ejército musulmán desmintió la veracidad de la reliquia, y Pedro Bartolomé dijo que caminaría sobre el fuego portándola y que no le sucedería nada ya que ésta le protegería: Pedro Bartolomé murió en el intento...

La lanza de Viena o lanza de Hofburg: era propiedad de los emperadores del Sacro Imperio Romano teniendo constancia histórica de ellas desde Otón I (912–973 d.C.). Incluso en el año 1000 d.C., el emperador Otón III fabricó una copia para Boleslao I el Bravo que entregó en el Congreso de Gniezno. A finales del siglo XI Enrique IV le añade un suplemento de plata con una leyenda “Clavus Domini” («El clavo del Señor»). Ya que se pensaba que era la misma lanza que Constantino el Grande unía a uno de los clavos usado para la crucifixión. Fue utilizada por primera vez en la ceremonia de coronación de 1273.

Hacía el año 1350 se le añade un suplemento, o banda, de oro sobre la de plata que decía ”Lancea et Clavus Domini” («La lanza y el clavo del Señor»), esto corrió a cargo de Carlos IV.

Se referencia la reliquia en 1424, en el inventario de reliquias, del emperador Segismundo, trasladándola de Praga a Nuremberg, a esta colección se la conocería como Reichskleinodien o la Regalía Imperial.

En la primavera de 1796 el ejército napoleónico se dirigía a Nuremberg y se decide trasladar la reliquia de la ciudad alemana a Viena, en Austria. La colección de reliquias fue entregada como custodio al Barón Von Hügel quién la vendió, sobreexcediéndose en sus funciones, a la Casa Real de los Habsburgo tras la disolución del Sacro Imperio Romano en 1806. La devolución de las reliquias fue rechazada y la lanza fue depositada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena conociéndosela como “La Lanza de San Mauricio”.

La lanza tuvo su momento de mayor esplendor cuando Alemania se anexionó Austria en el denominado Anschluss. En ese momento, un ambicioso y visionario, que malvivió por Viena en su juventud pintando acuarelas, que caía en éxtasis con la música de Wagner y ambicionaba el poder, embriagado por sus leyendas, por el halo mágico que desprendían la tomó y trasladó junto a él. Esa persona era Adolf Hitler quién la mantuvo hasta el momento de su muerte, justo cuando este se suicidaba en el bunker de la Cancillería en Berlín el general George S. Patton la tomaba en su manos...,vacilante dudo por tenerla junto a él. Patton sabía del poder de aquella reliquia, titubeó, casi se desvanece, tuvo que agarrarse al objeto más próximo a él, pero imperó la cordura y la devolvió a sus “legítimos” propietarios, primero al Museo Kunsthistorisches y posteriormente al Schatzkammer.

Esta lanza fue examinada por Robert Feather, doctor en Metalurgia e Ingeniería, éste quitó las bandas o suplementos de oro y plata que mantienen formando una unidad a la Lanza, la comisión de expertos determinó que la cuchilla databa del siglo VII... Hoy día se encuentra en el Tesoro Imperial del Palacio de Hofburg como parte del Museo de Historia del Arte de Viena.

Otras lanzas “sagradas” las tenemos en Cracovia desde el año 1200 d.C., aunque en los registros de reliquias alemanes se indica que es una copia de la que se guarda en Viena, igualmente se entregó otra copia al rey de Hungría.

William de Malmesbury narra como Hugo Capeto entregó “La Lanza Sagrada” al rey Athelstan de Inglaterra, sin embargo no hay constancia de ello.

Sin embargo son diversos los autores quienes afirman que la Lanza del Destino custodiada en Viena es una copia de la original que habría sido sacada de Nuremberg, donde la trasladó Hitler, por tropas de las SS y embarcada en un U-Boat rumbo a la Antártida o el Sudamérica merced a la influencia que despertaba en Hitler la reliquia...

Sea como fuere se dice que la reliquia podía darte el poder, pero al perderla morías... Y parece que esa “profecía” se cumplió en la figura del dictador alemán.


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