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La aventura del misterio

Fenómenos extraños en la desaparecida «Casa Cuna»

La calle Cuna guarda muchos secretos, el que nos interesa se encuentra en las instalaciones del viejo cine conocido popularmente como «Pathé»

13 jun 2021 / 04:00 h - Actualizado: 13 jun 2021 / 04:00 h.
"La aventura del misterio"
  • Fenómenos extraños en la desaparecida «Casa Cuna»

Si paseamos por Sevilla hay una calle céntrica que goza de una gran popularidad y febril actividad, se trata de la calle Cuna, una calle que también guarda muchos secretos, el que nos interesa se encuentra en las instalaciones del viejo cine conocido popularmente como “Pathé” y hoy renombrado a teatro Quintero.

Fue propiedad del popular periodista Jesús Quintero y, a lo largo de las dos últimas décadas, en éste edificio ya se narraban experiencias diversas. Mi conocimiento del caso llega cuando en su interior se grababan los programas “1001 noches” de Joaquín Petit para Canal Sur televisión.

Antiguos empleados de Itaca Producciones en el transcurso de la “Semana del Misterio” del año 2006 nos comentaban: “De los peores momentos que yo he podido vivir sin dudas fue en las grabaciones que hacíamos en el antiguo cine “Pathé” grabando “1001 noches”... Cuando acababa y nos quedábamos dentro era de locos, no había nada que se estuviera quieto, salían por los aires los destornilladores, los alicates y lo que se pudiera lanzar, era tremendo. Luego uno sentía muchos ruidos extraños, desde los llantos de niños pequeños hasta el arrastrar de pies de alguien que no podía ni con su alma, pero que desde luego estaba allí con nosotros».

Nuestro comunicante no sólo vivió tales experiencias, hay más: «Las butacas se cerraban o se abrían o de repente, una silla comenzaba a girar por las buenas, una silla de oficina de esas con ruedas con un eje giratorio..., allí estaba girando poco a poco sin que nadie le hubiera hecho nada. En más de una ocasión nos teníamos que salir a la calle a esperar a que aquello que estaba allí dentro se le pasara la cosa y nos dejara seguir».

Pero el peor momento lo vive otra persona que, con seriedad, confesaba: “Yo no sé lo que ocurría allí pero uno prefería reventar antes que ir al servicio, es que ir sólo a aquel lugar te ponían los pelos de punta. Yo una vez me encontraba mal, necesité ir y refrescarme, estaba mareado, una inoportuna gripe me tenía hecho polvo, me eché agua en la cara y al levantar la cabeza me pareció ver a un hombre alto y demacrado detrás de mí, me di la vuelta instintivamente y allí no había nadie más, entre la puerta y yo apenas había medio metro. Era imposible y estaba cerrada pero aquella figura, aquel rostro estaba allí, yo lo vi, era real, se lo que vi” y prosigue: ”otro día montando el programa tuvimos que desechar mucho material por que se colaban voces en la grabación y eso era imposible..., hoy sé que puede que fueran psicofonías pero aquel material no pasó del montaje”.

El edificio se encuentra en las cercanías de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, donde ocurren misteriosos hechos que incluso precisó de una investigación paranormal en 2004, además fue antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla y la calle Cuna recibe su nombre de la Casa Cuna que antaño estuvo en ese lugar.

¿Casualidades, estado febriles, alucinaciones o crudas realidades provenientes de ese otro mundo? En el edificio también se ubicó la productora El Silencio Tv, junto con Jordi Fernández tuve la oportunidad de colaborar en el programa Paz en la Tierra, con Paz Padilla, en una sección de misterios, y no eran pocos los que preferían ni hablar de fenómenos extraños en su interior, la propia Paz se tomaba el tema muy en serio pese a ser una humorista y entrañable amiga.

Hoy día el teatro está ocupado por un buen amigo personal, Gervasio Iglesias, cineasta y productor, con éxitos como “La isla mínima”. No están libres es hechos llamativos, hechos que levantan suspicacias, pero eso es ya otra historia que les contaré más adelante.

Para Gervasio Iglesia investigamos, en exclusiva, el 30 de diciembre de 2015, en este edificio logrando resultados llamativos como psicofonías escalofriantes, orbes y otras pruebas que hacen verosímil que en el edificio suceden cosas extrañas.

Otra “Casa Cuna” encantada

Hay una serie de sucesos que han quedado marcados en la historia y que, indeleblemente, permanecerán grabados en el subconsciente de la ciudad. Uno de esos hechos que azotó a Cádiz fue la inmisericorde explosión de 1947 y que acabó con la vida de muchos infelices infortunados... Pero los daños colaterales no se dejaron a un lado y el cementerio de San José o la “Casa Cuna” también sintieron sus efectos.

La “Casa Cuna” era un lugar de acogida, donde los niños huérfanos encontraban un cobijo y donde sus penas se volvían esperanza al cuidado de las cariñosas religiosas. Cuando la explosión sacudió la Tacita de Plata murieron en su interior más de cuarenta personas, casi todos niños.

Y es que la “Casa Cuna” dio acogida a muchos críos, “expósitos” que les llamaban, y que las monjas de la Caridad cuidaban. La explosión acabó con el recinto y tras ello se transformó en colegio, un colegio muy especial pues desde entonces se dice que está encantado a tenor de los testimonios de muchas personas que han dicho haber visto niños espectrales por sus pasillos.

Niños de aspecto famélico que vagan por las estancias y habitaciones, niños traslúcidos que con sólo verlos se sabe que se está ante una aparición de otro mundo.

También se ha visto en su interior a una misteriosa sombra que muchos dicen que pertenece a una monja muerta en el 47, una de aquellas que atendieron a los niños huérfanos.

Los gaditanos no son ajenos a esta trágica historia, así un medio de comunicación que tenía su emisora de radio en el edificio vivió una noche para el recuerdo, una noche de pesadilla más allá de la realidad.

Realizaban su programa de radio cuando vieron a unos niños correr por el interior de las instalaciones, en la puerta el vigilante de seguridad ajeno al paso de los niños. Uno de los empleados de la radio salió a echar a los niños e indicarles que allí no podían estar extrañándole que el vigilante no se hubiera percatado de su paso. Al salir este hombre se encontró que de los niños no había ni rastro, ni de sus gritos infantiles... Habían desaparecido...

Hoy es un lugar encantado, tocado por la tragedia, y con unos vestigios del pasado, en forma de niños y religiosas, que se niegan a abandonar el lugar que un día fue su hogar: la “Casa Cuna”.


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