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La aventura del misterio

Investigación paranormal en el Ayuntamiento de Sevilla

El consistorio hispalense guarda misterios y experiencias que van más allá de lo que se pueda imaginar

10 nov 2019 / 07:00 h - Actualizado: 10 nov 2019 / 07:00 h.
  • Investigación paranormal en el Ayuntamiento de Sevilla

El misterio nos puede asaltar en cualquier lugar y en cualquier momento, no tiene hora ni reloj, es impredecible y suele llegar por sorpresa, cuando nadie lo espera, de forma imprevista, cuando menos preparado se está. Sea como fuere son las pistas y claves necesarias para mostrar a todo investigador que hay algo más y que ese algo más no tiene explicaciones razonables, que se encuentra en el fino terreno en el que lo imposible se hace realidad y cualquier otra pregunta carece de respuesta.

“Ven, acompáñame, están pasando ahora mismo cosas escalofriantes en el interior del edificio y no sabemos a qué obedece. Hay cambios muy bruscos de temperatura que podría explicarse por los aires acondicionados de la entrada y la diferencia con el resto de las salas pero otras cosas no son de este mundo...”, así era como una persona vinculada al Ayuntamiento de Sevilla comenzaba a narrarme hechos y experiencias que van más allá de lo que se pueda imaginar.

Un edificio con Historia donde se manifiesta lo imposible

Son las instituciones, de cualquier punto de España, las que suelen quedarse con inmuebles con una amplia Historia o estar enclavados en lugares donde, igualmente, han sucedido todo tipo de eventos. El caso del consistorio hispalense no es una excepción.

De los fenómenos que se viven en el interior se conoce en determinados sectores de la ciudad donde se ha filtrado, desde escuchar ruidos extraños en el mismo hasta ver una especie de sombra -a falta de una mejor definición- que se aparece en la zona de las escaleras del edificio.

Una de esas experiencias la vivió en el año 2014 un policía local en tareas de custodia, al filo de la una de la madrugada me remitió un mensaje inquietante: “José Manuel, acabo de ver al “monje” subiendo las escaleras del edificio”. Con poco que hacer –pues me encontraba en pleno programa “La noche más hermosa” de Canal Sur Radio- le llamé a la calma, a tratar de abstraerse y seguir con su rutina, no invitarlo al miedo.

Todo transcurría con relativa normalidad hasta que, 40 minutos después, vuelve a ponerme un mensaje en el que me decía: “Estoy escuchando porrazos que vienen de dentro de uno de al arcones del edificio, de los de madera de los pasillos... ¿Qué hago?”. Le pedí que lo abriera no fuera a ser que cualquier roedor, o animalillo, estuviera en su interior atrapado y fuera el causante de tales sonidos. Así lo hizo y no encontrando nada...

Pasados veinte minutos vino a hacer una última comunicación: “De nuevo están aquí los sonidos... ¿Qué hago?” a lo que respondí: “Grábalo y me lo envías”. El resultado fueron unos sonidos rítmicos que resultaban bastante sorprendentes, tenía hasta cierto compás –ritmo- sonoro. El problema surge cuando el técnico de Canal Sur, Antonio Franco, aquella misma noche nos informa que en la grabación remitida había algo más que desconocíamos, una voz que decía lacónicamente: “Oraciones”.

El policía local prefirió salir al exterior a tomar el aire sin explicarse aun lo que ocurría dentro pero con el miedo metido en el cuerpo. “En la academia te preparan para todo menos para esto, para esto jamás se está preparado y no es la primera vez que ocurre”, me decía vivamente impresionado.

“¿Qué posibilidad hay de hacer una investigación oficial en el edificio?” fue mi siguiente pregunta y la respuesta la esperada: “Ninguna, imagínate el titular en la prensa del día siguiente a qué todos se enteren: “Fantasmas en el Ayuntamiento”, para qué queremos más...” y no le faltaba razón pues las connotaciones harían que se mezclara la política con lo paranormal, mal coctel el que forman, sobre todo a nivel informativo.

Con motivo de la exposición “Objetos Imposibles y Malditos” tuve la oportunidad de presentar, en la sede del Círculo Mercantil de Sevilla, la misma al alcalde D. Juan Espadas, interesado por los temas de la misma y la muestra hablamos, brevemente, del Ayuntamiento y su particular inquilino, al igual que, en otros tiempos, se hizo con otros políticos sevillanos que, curiosos, saben de la realidad que habita allí.

Su Historia

La Historia del lugar en el que hoy se asienta fue, antaño, el viejo Convento de San Francisco, en la llamada “Huerta de San Francisco”, un lugar importante que, como dato, fue parte de la recompensa que tuvieron los templarios en la toma de Sevilla luchando junto al rey Fernando III “El Santo”. Allí se escribieron bellos y viejos pasajes legendarios de la ciudad encarnada, principalmente, en la figura de Pedro I “El Cruel” o “El Justiciero”.

Quizás ese “monje” espectral tenga mucho que ver con el pasado del edificio ubicado en Plaza Nueva. Obra hoy de Diego de Riaño en el que se pone de manifiesto la excepcional arquitectura plateresca del siglo XV y del arquillo que comunicaba el monasterio franciscano, en el exterior hay toda una muestra de simbología sólo apta para iniciados donde se puede leer la Historia de la ciudad escrita en la piedra. Se reformó en el siglo XIX por Demetrio de los Ríos y Balbino Marrón, en estilo neoclásico con la participación de escultores como Pedro Domínguez López (1898-1914), José Ordóñez Rodríguez (1914-1929) y, Manuel Echegoyán (1955-1974).

El convento franciscano fue parte de las Desamortizaciones y se derribó definitivamente en el siglo XIX, como lugar sagrado que era se permitía que se enterraran en su interior a los hermanos fallecidos, restos que fueron apareciendo como parte de los diferentes desarrollos urbanísticos de la ciudad donde podemos encontrar restos arqueológicos y humanos no sólo de la época sino, incluso, de las invasiones normandas de la ciudad pasado el primer milenio de nuestra Era.

Fue el rey santo quién entregó, en 1248, el espacio a la congregación religiosa apareciendo ya, en 1268, con una serie de privilegios entregados a los mismos así como limosnas para la edificación dentro de la collación de Santa María. Fue lugar de hospedaje para el infante de Castilla y futuro rey Sancho IV. El propio Pedro I era un benefactor del mismo que, en 1365, pagó la construcción de la sacristía y entregó preciadas reliquias.

Entre las vicisitudes de la Historia encontramos que en la época de la Guerra de la Independencia fue convertido en cuartel de la soldadesca napoleónica expoliándose su interior por el mariscal Soult. En 1810 un pavoroso incendio se cebó con el mismo salvándose poco ya; en el Trienio Liberal de 1821 se propuso su demolición para ampliar esta zona de la ciudad siendo en 1835 cuando se exclaustró y fue parte de los inmuebles eclesiásticos desamortizados.

El espectro más antiguo de Sevilla

En este mismo entorno encontramos el primer caso de fantasmas reconocido dentro de la Historia hispalense, dentro de la vieja capilla de San Onofre, perteneciente al convento. Entre la leyenda y la realidad nos cuenta como en el año 1600 ocurrió un hecho del que toda la ciudad hablo por meses. Pudiera tener alguna relación con los hechos actuales.

Cierto día un caballero, llamado Juan de Torres, que había decidido retirarse a una vida más ordenada y espiritual. En sus ratos libres, cuando la meditación no lo abrumaba, acudía a la iglesia a rezar. Un 2 de Noviembre, día de los Difuntos, vio pasar por el altar camino de la sacristía a un monje de la orden al cual no conocía, el fraile volvió, depositó el cáliz ante el altar, miró a los bancos de la iglesia, suspiró, recogió el cáliz y volvió a entrar en la sacristía de la iglesia, salió y desapareció...

A Juan de Torres le sorprendió esta circunstancia, sobre todo por el extraño ritual que se repitió varias noches más y aquel fraile jamás daba la misa. Consultando su duda ante el prior este le comentó que se comunicara con él y le ofreciera ayudarle en la misa.

La noche siguiente se produjo nuevamente este extraño ritual del desconocido fraile y Juan de Torres se dirigió a él: “¿Quiere su paternidad que le ayude en la misa?” y el fraile sólo respondió: ”Leatificat juventutem mea” y prosiguió “Leatificat mortem mea”... Entonces el caballero comprendió que aquel fraile era un fantasma. Cuando dejó de decir la misa se dirigió a su sorprendido ayudante y le dijo:

– Gracias, hermano, por el gran favor que habéis hecho a mi alma. Yo soy fraile de este mismo convento, que por negligencia dejó de oficiar una misa de difuntos que me habían encargado, y habiéndome muerto sin cumplir aquélla obligación, Dios me había condenado a permanecer en el purgatorio hasta que satisficiera mi deuda. Pero nadie hasta ahora me ha querido ayudar a decir misa, aunque he estado viniendo a intentar decirla, durante todos los días de Noviembre, cada año, por espacio de más de un siglo... (Y con estas palabras agradecidas desapareció para siempre)

Fenómenos inexplicables

No hace demasiadas fechas se me invitó a entrar al interior del edificio, algo había sucedido que implicaba un alto conocimiento de lo extraño y la forma de investigarlo. La persona en cuestión me decía que “allí no se podía estar, una noche, tras cenar, dejé el rollo de papel de cocina en una mesa, aquí no hay ni fuentes de calor ni nada, en un momento determinado aquel rollo entre en combustión. Yo, rápidamente, lo apagué... Lo que más me llamó la atención fue que los detectores de humo no saltaron, ninguno de ellos, hecho que me hubiera acarreado algún problema a pesar de no tener culpa”.

“No son extrañas las noches en las que sentimos porrazos en la “habitación de nadie” que se encuentra sobre esta planta casi en diagonal a la Sala Capitular. Ruidos muy fuertes, como si se golpeara algo con violencia, cuando vas a mirar no pasa nada”, me relataba mi testigo asustado.

“Tengo un compañero que una noche casi se muere del susto. Sintió un ruido en la parte que da al pasillo que va a la parte vieja, acudió y no había nada. Al regresar a la zona del arco de seguridad algo llamó su atención en la escalera y vio, perfectamente lo que parecía ser una especie de monje, un religioso, le llamamos así por qué tal y como lo describió no hay dudas: túnica o hábito hasta los pies con capucha cubriéndole la cabeza de color parduzco o marrón”, de la impresión que le dio estuvo varios días sin apetito ni sueño, de hecho no creía en este tipo de sucesos hasta que lo vivió en primera persona y, como suele pasar, la incredulidad se convirtió en convencimiento.

Otro testigo nos decía: “Una noche estaba con el compañero fumando fuera, la puerta se deja siempre abierta una hoja y con el pie puesto para que no se cierre, aun así la puerta es muy pesada y no se suele cerrar por la imposibilidad de tirar de ella y el viento jamás podría, primero por no haber corriente en esta parte y segundo por el paso. Bien, aquella noche sentimos como cruje la puerta y se comienza a cerrar, corremos hacia ella y se cerró... Era imposible, antes de hacerlo tiene dos posiciones más que saltar y hay que hacerlo manualmente, era imposible si no hay alguien...”, y prosigue “cuando pudimos entrar al edifico verificamos todo que no hubiera nadie y sólo estábamos nosotros, abrimos la puerta y la cerramos, verificamos lo que sabíamos: algo lo había hecho de forma intencionada”.

Aquella noche no la podrá olvidar: “una vez solo comenzaron a escucharse ruidos fortísimos en la segunda planta, como si estuvieran moviendo todo. Subí a toda prisa a ver qué ocurría y, en caso necesario, poder llamar a refuerzos. Al llegar es como si algo estuviera jugando conmigo, no pasaba nada, volvía a bajar y comenzaban los ruidos”.

“Quizás la noche peor fue la que vi, junto a la escalera, al famoso “monje”, con su túnica e inamovible, sólo pensarlo me da miedo, pánico”, concluye mientras visitamos las instalaciones.

La investigación

Una noche, mientras charlaba en la puerta de tan emblemático edificio, me invitan a entrar y ver aquellos lugares donde se manifiesta lo imposible. En la mochila lo necesario pues, por una conferencia en FNAC sobre transcomunicación instrumental con demostración, llevaba todo lo necesario.

En el interior, cerrada la puerta tras de mí, sorteado el arco de seguridad, me dirigía a la derecha donde lleva a la Sala Capitular, allí es donde comienzo a realizar un barrido de fotografías y a realizar diferentes pruebas de psicofonías. La sala, la antesala, el pasillo, los arcones que están en los pasillos, la zona de la escalera, los aseos, la segunda ala del pasillo, nada quedó libre de ser fotografiado y realizar todo tipo de medidas.

La temperatura tenía oscilaciones entre los 27º y los 22º C debido a los aires acondicionados que refrescaban las salas. Los registros térmicos de la cámara no parecían captar nada anormal. El detector de campos magnéticos no era fiable pues las cámaras de seguridad y elementos electrónicos del edificio hacen imposible su correcto uso.

No había aparentes anomalías dentro de lo que es un “banco meteorológico o magnético” pero si lo hubo a nivel acústicos con sonidos sorprendentemente fuertes que se escuchaban en el piso superior. Consulté si podría tratarse del artesonado de madera de los techos pero la respuesta fue evidente: “Sucedía muy a menudo, demasiado, siendo especialmente “activo” cuando se vive algo extraño como fluctuaciones en la luz o se ve al “monje”, que es lo habitual. Además se informó y todo tiene un control y un mantenimiento, el calor y el frio, la dilatación, provoca ruidos, sonidos fuertes, pero no hasta ese extremo”. Pero es tarea del investigador el buscar siempre opciones racionales a lo que ocurre en un lugar encantado o presuntamente encantado.

Revisando todo el material empleado aquella noche se pueden captar, con relativa claridad, los fuertes porrazos surgidos de la nada o psicofonías que dicen: “Irse ya”, “No somos de aquí”, “Pater” o empleando la “Spirit Box” un nombre resuena con fuerza: “Juan”.

A la pregunta: “¿Quieres que nos vayamos de aquí?”, surge una afirmación categórica: “Sí” o “iros”, “marchaos”... Es evidente que el investigador no es bienvenido en este lugar donde, cuando menos, ocurren hechos que pueden muy bien ser etiquetados como “inexplicables”.

Hay un dato más que viene a inquietarnos y es la relación intrínseca que tiene el lugar con la Inquisición en Sevilla pues la plaza trasera, la de San Francisco, era donde se realizaban en la ciudad los eternos “Autos de fe” donde tantos infelices, inocentes, herejes, brujos, protestantes e infieles fueron juzgados por el radicalismo exagerado de la fe mal entendida. Allá donde se ubicaba la Real Audiencia de Sevilla y próxima a la Cárcel Real en la calle Sierpes.

En el corazón de la plaza estaba el punto donde se leían los cargos y condenas, donde se acudía con el sambenito y las penas podían ir desde simples oraciones a latigazos o la muerte en el próximo Prado de San Sebastián o San Diego, allá donde José María Blanco White escribió en sus “Cartas de España” el terror de los inquisidores y de cómo las llamas se veían extramuros de Sevilla, un relato estremecedor.

Igualmente el crucero en este punto nos recuerda a la última ejecutada de la Inquisición. En 1781 se recoge la última ejecución por brujería en nuestra ciudad, aquella desdichada atendía al nombre de María Dolores López y fue un 24 de agosto del citado año, cuando las llamas ahogarían en el recuerdo de las cenizas su cuerpo. No sabrían justificar los propios inquisidores aquella muerte. La joven descarriada veía pasar sus días, entre actos de locura y prostitución. De ella se decía que era capaz de poner huevos, tras beber una pócima o de calentarle la cama a distintos canónigos de moral no acorde con sus predicaciones.

Debido a la viruela la joven quedó ciega y se las ingeniaba como podía para comer y dormir bajo un techo. El dinero fácil llamó a su puerta, bajo la forma de engañar a incautos con sus falsas dotes para la adivinación, la hechicería y las visiones. Visiones que, depende de quién procedieran, podían ser sagradas o demoniacas. La Inquisición no tardó en hacer caer el peso de su especial justicia sobre aquella joven ciega, acusándola de herejía.

A la joven se le concedieron 30 días de gracia para su confesión. Con los cargos de acusación en poder de los inquisidores, la acusada fue obligada a responder a todos los cargos existentes contra ella, bajo juramento. Pero en el caso de María Dolores López el Sermo Generalis o Auto de Fe estaba, poco manos que dictado de antemano.

El castigo se preveía severo, muy severo, podía ser desde una peregrinación a la hoguera hasta el castigo público. En su caso, se procedió a confiscar todos sus bienes, pocos, y se la excomulgó, lo cual indicaba que se iba a actuar con el máximo de severidad. A lomos de un borrico la trasladaron a la Plaza de San Francisco, junto al Ayuntamiento, que era el lugar elegido para este tipo de juicios en la ciudad. Allí fue encontrada culpable. La joven ciega decidió confesar, acto con el que ganó ser estrangulada y luego quemada, ahorrándose el suplicio de perecer pasto de las llamas. Tras ser estrangulada por un verdugo, su cuerpo se trasladó a la pira inquisitorial en el Prado de San Sebastián, donde los restos de la joven serían devorados por las llamas.

Como último dato, sorprendente, recabamos el testimonio de un agente que nos indica una vivencia diferente: “Una noche me encontraba de servicio junto a un compañero, sentimos ruidos en la parte superior y fuimos a ver. En principio no había nada pero al regresar vimos ante nosotros algo nos dejó helado... Era como una especie de señora vestida de época con un traje gris y muy pomposo. No hablamos siquiera, nos miramos y preferimos dejar a aquel ser en paz y nosotros, también, ir en paz...”, tras ese comentario el compañero nos dijo: “A veces decimos que no es el monje sino la María de las Mercedes, por ponerle un nombre o la misma Duquesa de Montpensier... Pero por identificarla de alguna forma”.

Quizás todo ello esté relacionado con lo que sucede en la actualidad dentro del Ayuntamiento de Sevilla, allá donde los testigos de élite, la Policía Local y sus efectivos, han sido testigos de lo imposible, testigos de hechos que van más allá de la comprensión humana y que encuentran cobijo en otras realidades en las fronteras de la vida y la muerte.


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