La leyenda de la aparición de la Virgen del Rocío

Cuenta la leyenda que un cazador furtivo se encontraba cazando con sus perros entre las rocinas de las marismas del Guadalquivir, un lugar destinado a cotos reales y haciendas nobles.

05 jun 2022 / 04:00 h - Actualizado: 05 jun 2022 / 04:00 h.
"Rocío"
  • La leyenda de la aparición de la Virgen del Rocío

TAGS:

En su tarea de caza se encontraba cuando notó que sus perros estaban nerviosos y vio un resplandor extraño entre las cañas... El cazador fue a ver de qué se trataba y comprobó como allí, en un árbol, se encontraba una preciosa imagen de la Virgen.

El cazador se dirigió al pueblo más cercano, a Almonte -para otros la leyenda lo ubica en Villamanrique de la Condesa– y allí, nervioso, emocionado, narró a los religiosos y la autoridad local lo que habían encontrado. Al llegar todos al lugar encontraron la Virgen en el lugar que indicó el cazador y decidieron que sería el lugar para erigir una ermita en su honor llamándola como el sitio donde la encontraron, en las rocinas, por ello su nombre de Virgen del Rocío.

Se dice que la imagen era una Virgen de los Remedios que habrían dejado allí los frailes mercedarios, en muchas ocasiones escondidas en la tierra o en los huecos de los árboles por ser tierras musulmanas y por temor a que estos las destruyeran hasta la llegada de Alfonso X “el Sabio”.

“Entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo Eterno, un hombre que, o apacentaba ganado o había salido a cazar, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio llamado de La Rocina (cuyas incultas malezas le hacían impracticables a humanas plantas y sólo accesible a las aves y silvestres fieras), advirtió en la vehemencia del ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto.

Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y, en medio de las espinas, halló la imagen de aquel sagrado lirio intacto de las espinas del pecado, vio entre las zarzas el simulacro de aquella Zarza Mística ilesa en medio de los ardores del original delito; miró una Imagen de la Reina de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla y su belleza peregrina. Vestíase de una túnica de lino entre blanco y verde, y era su portentosa hermosura atractivo aún para la imaginación más libertina.

Hallazgo tan precioso como no esperado, llenó al hombre de un gozo sobre toda ponderación, y, queriendo hacer a todos patente tanta dicha, a costa de sus afanes, desmontado parte de aquel cerrado bosque, sacó en sus hombros la soberana imagen a campo descubierto. Pero como fuese su intención colocar en la villa de Almonte, distante tres leguas de aquel sitio, el bello simulacro, siguiendo en sus intentos piadosos, se quedó dormido a esfuerzo de su cansancio y su fatiga.

Despertó y se halló sin la sagrada imagen, penetrado de dolor, volvió al sitio donde la vio primero, y allí la encontró como antes. Vino a Almonte y refirió todo lo sucedido con la cual noticia salieron el clero y el cabildo de esta villa y hallaron la santa imagen en el lugar y modo que el hombre les había referido, notando ilesa su belleza, no obstante el largo tiempo que había estado expuesta a la inclemencia de los tiempos, lluvias, rayos de sol y tempestades.

Poseídos de la devoción y el respeto, la sacaron entre las malezas y la pusieron en la iglesia mayor de dicha villa, entre tanto que en aquella selva se le labraba templo. Hízose, en efecto, una pequeña ermita de diez varas de largo, y se construyó el altar para colocar la imagen, de tal modo que el tronco en que fue hallada le sirviese de peana. Aforándose aquel sitio con el nombre de la Virgen de Las Rocinas”.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla