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Náufragos en un mundo virtual: La adicción a los videojuegos aumenta

La Fundación Hay Salida, especializada en el tratamiento de adicciones, ha visto cómo se multiplicaban por cuatro las peticiones de ayuda respecto a años anteriores

Julio Mármol julmarand /
03 abr 2021 / 04:47 h - Actualizado: 31 mar 2021 / 20:50 h.
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  • Adolescente jugando al Call of Duty: Warzone/ Julio Mármol.
    Adolescente jugando al Call of Duty: Warzone/ Julio Mármol.

Verdansk es una ciudad en la que hay censadas más de 80 millones de personas. Con una media de edad muy joven (apenas un 6% supera los 60 años) y una población mayoritariamente masculina, los habitantes de Verdansk cuentan con aeropuerto, centro comercial o estadio de fútbol. Es, en definitiva, una de tantas metrópolis a lo largo y ancho del mundo. Excepto que Verdansk es una ciudad en permanente estado de guerra.

El motivo por el que quizá nunca haya oído hablar de ella es porque Verdansk no existe. Es un lugar ficticio, producto de la célebre franquicia de juegos bélicos Call of Duty. Mientras usted lee este artículo, en Verdansk se han desplegado en torno a 300.000 soldados virtuales, comandados por un teclado o un mando de Play Station. Su número rara vez desciende.

Warzone es un juego gratuito que nació en marzo de 2020. En apenas un mes, sumaba 50 millones de usuarios. En nuestro país, como en otros en los que imperaba el confinamiento total, Verdansk se convirtió en el único lugar adonde ir cuando ya no quedaba ninguno.

Los expertos suelen señalar que el videojugador busca, en el mundo más allá de la pantalla, una evasión de la realidad. Esta huida hacia la ficción tiene una duración indeterminada. Para la mayoría es cosa de unas pocas horas. Para otros, en cambio, su realidad pasa a ser la del juego; su vida, la de su personaje; y sus amigos, aquellos extraños con los que interactúa, de los que sólo conoce una voz y el nombre que estos han decidido atribuirse y con los que, acabada la partida, no volverá a hablar.

Adicciones 2.0

En 2015, la fundación madrileña para el tratamiento de adicciones Hay Salida recibió un nuevo paciente. Padre de una hija a la que prácticamente había desatendido, este hombre jugaba hasta catorce horas seguidas, de día o de noche. Para la Fundación Hay Salida, fue el primer adicto a los videojuegos al que trataron. “Seis años después”, dice Antón Durán, su director, “esta persona ha superado su adicción. Ha recuperado su vida, su casa y su trabajo”.

La adicción a los videojuegos es definida como una adicción comportamental. Al igual que ocurre con la adicción al sexo o la ludopatía, no implica el consumo de sustancias, pero los síntomas son idénticos. “Nosotros”, explica Antonio, “no distinguimos entre adicciones. Aquí tratamos la enfermedad de la adicción. El que sea a los videojuegos o al alcohol no varía, ya que el tratamiento es el mismo”.

En Japón, existe una palabra, “hikimori”, que describe el aislamiento social extremo al que se someten algunos jóvenes. Recluidos en su habitación, evitan el contacto con otras personas, más allá del que puedan obtener a través de videojuegos o Internet. Como una epidemia silenciosa, este fenómeno se ha extendido por el mundo. “La madre de un chico de veinte años”, cuenta Antonio Durán, “nos habló de cómo su hijo se encerraba para jugar a League of Legends [un videojuego]. Al parecer, lo único que escuchaba de su hijo eran los gritos que este le daba, durante horas, a la pantalla del ordenador”.

Desde 2019, la OMS reconoce la adicción a los videojuegos como un trastorno de salud mental. Los diez videojuegos más populares en la actualidad son gratuitos, y en siete es necesario matar al contrario para avanzar. ¿Tiene esto último alguna relación con su amplia difusión? Antón Durán cree que sí: “Las frustraciones que se generan en la adolescencia salen por algún lado, y un juego de estas características hace que librarse de toda esta rabia acumulada sea algo más fácil”.

Los creadores de videojuegos tampoco están exentos de responsabilidad. El tiempo que pasa entre el fin de una partida y el comienzo de la siguiente cada vez es más corto, con lo que se limita la capacidad de abandonar el juego. Además, la gratuidad es, generalmente, relativa: Hay accesorios que deben comprarse con dinero real y que, en ocasiones, pueden fortalecer al jugador. “Los niños y adolescentes se reúnen, después, y hablan de lo que lo que sus padres les han comprado, comparándose”, dice Antón Durán. “Es aquí cuando todo comienza a pervertirse, a hacerse algo más sucio”.

Un año de adicciones

En la Fundación Hay Salida, a partir de septiembre, han visto cómo las peticiones de ayuda se multiplicaban por cuatro respecto a años anteriores. “Este año ha desencadenado muchas tensiones y mucho dolor que tendrá que salir por algún lado. Cuando veo a los jóvenes saliendo de fiesta y saltándose las normas, hay una parte de mí que llega a entenderlo. Es muy duro”, explica Durán. “Dicen que el consumo de alcohol ha bajado, pero sólo porque los bares estaban cerrados. Habría que ver lo que la gente tomaba en sus casas, y si ha dejado de hacerlo. Por otro lado, el consumo de psicofármacos, que era muy alto ya en mujeres, ha subido”.


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