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La aventura del misterio

Secretos de la Historia... algunos de Andalucía

24 nov 2019 / 00:55 h - Actualizado: 24 nov 2019 / 03:55 h.
  • Secretos de la Historia... algunos de Andalucía

En muchas ocasiones se ha hablado que la Historia, tal cual la hemos aprendido, tiene errores e incluso lagunas que sería conveniente o reescribir o rectificar. La Historia, en sus páginas, escrita a sangre y fuego, esconde en muchas ocasiones las pistas para resolver misterios insondables que son objeto de búsqueda por parte de investigadores, historiadores y arqueólogos. Misterios ocultos en la Historia que pueden ir desde un tesoro perdido al cuerpo de un monarca legendario e, incluso, ciudades perdidas que hoy son catalogadas como “invenciones” de pueblos ancestrales, fábulas, hasta que son descubiertas como la Troya de Schliemann.

Si hay un caudillo que fue temido en medio mundo ese fue, sin dudas, Atila, el rey de los Hunos, una tremenda horda de guerreros surgidos del corazón de Asia, de la zona Mongol, y que llegó a las mismas puertas de Roma, sin embargo la historia de su muerte es tan asombrosa como particular guardándose un secreto, un secreto en esta página de la Historia que repasamos: el de su tumba.

El misterio de la tumba de Atila, el rey de los Hunos

Estamos en el siglo V d.C., Europa es azotada por las hordas insaciables de un caudillo que hace temblar a los pueblos que, asustados, pronuncian su nombre: Atila, rey de los Hunos.

Venidos de Asia y con una sed de conquista irrefrenable el pueblo de los Hunos avanza directo al corazón de Roma, del Imperio, nada pueden hacer las tropas romanas para frenarlos. Un Imperio debilitado al dividirse en dos: el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. Uno en decadencia y el otro emergente...

Así Atila no tenía clemencia de sus enemigos ni de los pueblos que conquistaba... Se le llamaba “el azote de Dios”.

Nació en la localidad rumana de Panonia en el 395 d.C., y su garra y empuje lo hicieron merecedor de ser coronado emperador en el año 440 d.C. Así, con tal determinación fue barriendo a todos los pueblos que encontró a su paso hasta llegar a las puertas del corazón del Imperio, a las puertas de Roma y allí se detuvo.

Los sorprendidos romanos, desarbolados, no sabía cómo reaccionar y sólo les quedaba realizar ofrendas y rezar para que Atila no terminase con ellos.

Atila no atacó, se estuvo acampado allí, frente a Roma, sus generales estaban impacientes por atacar, pero Atila no mostraba deseos de conquistar la ciudad eterna. Atila celebró durante semanas sus conquistas con todo tipo de banquetes..., y excesos, mujeres y hombres...

Así una noche tomaba esposa, Ildico, hija de uno de los líderes locales conquistados. La noche de los esponsales Atila estaba especialmente jovial, bebió en exceso, y durante las semanas anteriores no se había encontrado bien preocupando su estado a sus generales conocedores del precario estado de salud en el que se encontraba el caudillo.

Al entrar en la tienda donde esperaba Ildico el rey de los hunos comenzó a sangrar por la boca y la nariz... Abundantemente,... tanto que Ildico pidió ayuda a los generales de campo quién tomaron aquella petición de ayuda por un lado más sexual. Pero los alaridos de Ildico hicieron que dos de ellos entraron en la tienda y encontraron en el suelo ahogado en su sangre el cadáver de Atila... Era demasiado tarde...

A Ildico se le perdonó la vida ya que no había causado mal a Atila, era algo que se veía venir.

Comenzaron los preparativos para esconder su cuerpo, iba en tres ataúdes: uno de hierro, otro de plata y el último de oro macizo. Su cuerpo fue llevado a un lugar secreto por algunos guerreros de su guardia personal... Y su último lugar de descanso fue un secreto total. Aquellos que llevaron el cuerpo de Atila a ese lugar eligieron suicidarse para jamás desvelar su ubicación.

Hay expertos que afirman que el cuerpo de Atila fue llevado a su lugar de nacimiento para allí, según la tradición ser enterrado...

La contra la encontramos en los pueblos conquistados quienes hicieron tocar las campanas en señal de alegría.

Los Hunos, al no tener a su caudillo comenzaron a pugnar por el imperio de Atila que pronto se vería desarbolado por los intereses de sus generales. Los acuerdos con otros pueblos quedaron rotos y comenzaron las guerras internas. Duras luchas internas.

En pocos años el imperio de Atila era sólo un recuerdo... Como recuerdo y misterio es el lugar de reposo del temible Atila, rey de los Hunos, “el azote de Dios”.

El secreto de Almanzor

Uno de los mayores enigmas de la Antigüedad, en torno a la tumba de un importante personaje histórico, Almanzor, lo encontramos en la localidad de Medinaceli pues no son pocos los que opinan que en algún punto de su geografía se esconden los restos del caudillo de Al-Ándalus.

Almanzor – Abu Amir Muhammad ben Abi ‘Amir al-Ma’afirí o Almansur, “el victorioso”– era el hombre fuerte del Califato de Córdoba, conquistador de ciudades como León o Zamora entre otras. La Historia nos dice que Almanzor murió cerca de Bordecorex el 10 de agosto de 1002 siendo enterrado en Medinaceli (Soria), aunque para muchos la historia de su muerte y sepultura no deja de ser una leyenda. Bajo una de las colinas de este hermoso paraje castellano se encontraría su tumba y las riquezas que podría contener, el problema estriba en que el paisaje de Medinaceli está jalonado de colinas.

Bordecorex dista medio centenar de kilómetros de Medinaceli y en Bordecorex el temple erigió una iglesia en honor a san Miguel, con un gran simbolismo. Cuentan que Almanzor resultó herido en la batalla de Calatañazor (Soria) -murió a los 65 años de edad- e iba envuelto en una mortaja tejida por las hijas del general y junto a él fueron enterrados tesoros como una armadura de oro y pedrería o su espada. El luto por la muerte de Almanzor duró varios días y dentro de la especulación se apunta a un entorno llamado “Cerro del Cuarto” o el patio del Alcázar de Medinaceli como lugar de sepultura junto a una lápida blanca donde se podía leer el epitafio escrito por Ibn Adari: “Sus hazañas te enseñarán sobre él, como si lo vieras con tus propios ojos. Por Alá que jamás volverá a dar el mundo nadie como él, ni defenderá las fronteras otro que se le pueda comparar”.

Según narra Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, los restos de Almazor reposarían bajo el Alcázar pero también hay otras corrientes históricas que indican que habría sido trasladado a un lugar no muy distante del Monasterio de Santa María de Huerta, incluso se cree que podrían estar sepultados bajo el patio del castillo.

Bajo el suelo de esta localidad soriana hay auténticas joyas de la arqueología por descubrir y sobre el patio del castillo se pueden encontrar el cementerio, que en tiempos de la dominación musulmana también pudo marcar el cementerio árabe con la tradición en enterrar los cuerpos con orientación a La Meca o Damasco -que también había casos-.

He tenido la suerte de pasear por las calles de Medinaceli y hablar con historiadores y conocedores de las leyendas locales y todas coinciden en la alta posibilidad que Almanzor esté enterrado en tierras sorianas y que, algún día, sea encontrado para mayor grandeza de esta localidad.

La Historia oculta de Don Rodrigo

Se dice que la invasión árabe de Andalucía fue más rápida de lo que cabía esperar debido a la traición del conde don Julián contra el rey don Rodrigo, puede que ese concepto esté muy equivocada y la Historia no haya sido veraz en este aspecto.

Parece que, en torno al conde don Julián, hay dos poderosas razones que comienzan a limar ese concepto erróneo: don Julián no era español y tampoco tenía el rey don Rodrigo autoridad sobre él. Don Julián era griego, un gobernador, que el emperador de Bizancio había enviado a mandar en la colonia de Tingis (Tánger), así en el año 681 ya disponía un ejército para gobernar todo el norte de África.

Cuando las huestes árabes llegaron a la zona que gobernaba don Julián esté presentó batalla, primero a través de la lucha armada, luego con sobornos. Ocha, el emir, pactó con don Julián que reconoció su soberanía en la zona. Pero con el paso del tiempo los musulmanes fueron ganando terreno y a don Julián apenas le quedaban efectivos salvo una guardia personal, así contactó con Witiza, rey cristiano de España y cierra con él un acuerdo entre el comes de Bizancio (gobernador) y el rey español. Sería un intercambio: Witiza protegería a don Julián de los invasores norteafricanos y don Julián –en caso de invasión- pondría barcos contra una rebelión de la nobleza de la corte de Witiza.

Don Rodrigo usurpa el poder y don Julián debe atender las peticiones, en virtud del acuerdo, de los hijos de Witiza y de don Oppas, prelado de Sevilla; así don Julián estaba obligado a cumplir con su acuerdo y compromiso.

Achila, Olmundo, Asdabasto (hijos de Witiza) y don Oppas contratan tropas mercenarias árabes con el fin de restituir la monarquía en Toledo; pactan con Tarik quién consultó con Muza Ben Nusair, con el que compartía el mando de jefe político-religioso. Muza no tomó una decisión al respecto ni facilitó tropas a los visigodos, y los remitió al califa de Damasco.

El califa escuchó atentamente a aquellos y tomó nota de las riquezas de aquel reino alimentando la conquista árabe de España e incorporarla al califato. El califa hizo creer que les iba a ayudar pero realmente le alimentaba el ánimo de la conquista. Don Julián facilita los barcos para desplazar las tropas de una orilla a otra del Estrecho de Gibraltar.

El 28 de Abril del 771 desembarcan en la bahía de Calpe, en Gibbr-al-Tarik (Gibraltar). Pasan varios días en la “isla verde”, en Al-ya-cirat) con 12.000 jinetes y 60.000 hombres... todos dispuestos a un único objetivo: conquistar aquel reino cristiano.

Con la amenaza árabe a las puertas don Rodrigo decidió salir al encuentro de la fuerza invasora con casi 100.000 soldados. Se decidió dividir los efectivos en tres secciones, una –la izquierda- sería mandada por Teodomiro, la sección central mandada por el propio don Rodrigo, rey; la sección derecha mandada por el general Sisberto quién era acompañado por el obispo don Oppas y los hijos de Witiza...

Frente a ellos los árabes: la sección izquierda mandada por Tarik, la sección derecha mandado por Mughit El Rumi, la sección central mandada por don Julián.

El escenario de la batalla sería el río Barbate, la “batalla de Guadalete” o de la “laguna de La Janda”, en el lecho seco, entre el 19 y el 26 de julio del año 711. Se entra en combate y la caballería goda consiguen adaptarse mejor y cobrar ventaja; los musulmanes, inteligentes, cambian la estrategia y hacen táctica de guerrilla con sus jinetes.

A mitad del combate el general Sisberto por el ala derecha, junto al obispo don Oppas y los hijos de Witiza se unen a don Julián. Tarik asila a Teodomiro y lo comienza a empujar al Este... El resto de tropas musulmanas más los refuerzos desertores rodean a la sección de don Rodrigo.

Lo que sucedió después es un enigma: unos pidieron clemencia a los musulmanes, otros huyeron al abrigo de la noche. Del rey godo don Rodrigo no se supo más, su caballo galopaba solo portando el manto de éste cubierto de sangre...

¿Dónde está el cuerpo de Don Rodrigo?

Unos creen que se pudo salvar y huir al vecino reino lusitano, ocultándose para siempre en Salmántica o Micróbiga. Otros creen que murió en combate y su cabeza enviada al califa de Damasco, otros que fue hecho prisionero y enviado a Marruecos. Pero hay otras opciones no menos interesantes y más desconocidas como, por ejemplo, aquella que nos dice que Don Rodrigo estaría enterrado en la ermita o santuario de Santa María de España en la zona de Beas (Huelva), allí habría aparecido una lápida de mármol donde podía leerse: “Hic requiesctie Rudericus rex gothorum”. El historiador onubense Diego Lorenzo Becerril explicaba la leyenda en torno a este lado oculto de la Historia: “En el análisis de dos documentos que nos refieren el acontecimiento, llama la atención, en primer lugar, la referencia a la propia imagen de la Virgen, a la que se califica con el superlativo de “antiquísima”. Para reforzar el carácter antiguo e histórico de la talla y de su santuario, así como de la veneración de la Virgen, en el cuerpo del texto documental del edicto se recoge “la tradición que de oídas... afirma que esta ermita estaba fundada mucho antes de la pérdida de España por el rey Don Rodrigo... y que este godo rey, viniendo fugitivo de Sevilla, y estando próximo a la muerte, se mandó embalsamar y depositar en un pilar de uno de los arcos de dicha ermita”.

También se ubica el cuerpo de Don Rodrigo en la Sierra de Aracena (Huelva), Extremadura o Salamanca e, incluso, en Portugal siendo nuevamente una página de lo que la Historia oculta.


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