martes, 30 noviembre 2021
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La aventura del misterio

Terror y juegos esotéricos

Se toma un libro, una cuerda y unas tijeras, se sostiene el libro colgando de la cuerda y las tijeras y se formula una pregunta, por la página que se abra el libro será el indicativo de una pregunta... Claro que no siempre sale bien...

02 nov 2021 / 04:36 h - Actualizado: 01 nov 2021 / 13:37 h.
"La aventura del misterio"
  • Terror y juegos esotéricos

Es uno de los juegos más populares entre estudiantes y universitarios, dicen que este “juego” te da las pistas de las preguntas de los exámenes pero también, a veces, se nos puede ir de las manos...

Como tampoco sale bien una variante más “espiritista” de este juego que se realiza invocando a la “Verónica” frente al espejo para ver su imagen...

La leyenda urbana nos dice que debemos ponernos frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica. No seríamos los primeros que se ríen al conocer esta historia, historia que lleva circulando por el mundo desde hace varias décadas. Muchos antes han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia, y han aceptado el desafío, han cargado con una maldición terrible. Pero... ¿Quién es o era Verónica?

Verónica era una chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeo mortalmente en la cabeza...

Sin embargo, Verónica aun no descansa en paz. Su espíritu está condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el más allá, como le sucedía a ella en la vida real.

Nuestra leyenda urbana tiene como personaje central a Ana, era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda del tarot y brujas en su instituto. Sus amigos la picaron, diciéndole que no se atrevía decir a invocar su nombre nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba.

Lo hizo, no pasó nada y el grupo lo olvido enseguida. Menos Ana. Para ella la auténtica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz. Allí solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entro al baño, hacía mucho frío (como estaban en invierno no le dio importancia) y una capa de vaho cubría el espejo.

Ana lo limpió con la mano para comprobar horrorizada que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Ana rio nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejó helada. Al borrarse el vaho una frase había permanecido escrita: “Soy Verónica. No debiste invitarme a volver”.

Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.

Una noche en el cementerio

Los cementerios suelen ser lugares, generalmente, tranquilos. El curioso que se acerca hasta ellos buscando grabar una psicofonía o vivir un hecho paranormal suele regresar con las manos vacías y el tiempo perdido. Pero si he de reconocer que los cementerios suelen ser lugares que sugestionan en alto grado al que hasta allí se desplaza para realizar algún acto fuera de lo normal...

Es lo que le ocurrió al protagonista de nuestra siguiente historia: eran dos amigos que siempre estaban en una porfía para ver cuál de los dos superaba al otro. Una noche, una noche de fuerte tormenta, decidieron ver cuál de los dos tenía más valor.

Llovía “a mares”, los truenos iluminaban ocasionalmente el cielo y entre vinos uno le dijo al otro: “¿A qué no eres capaz de ir al cementerio esta noche y clavar en la tumba más reciente una estaca?”, el amigo, temeroso pero envalentonado por el alcohol le respondió: “Claro que sí, eso demostrará que soy más valiente que tu”.

EL joven cogió el impermeable y se dirigió al cementerio en las afueras del pueblo, saltó la tapia y comenzó a buscar la tumba más “caliente”, la tumba más reciente. Mientras su amigo se reía en la taberna del pueblo con los amigos de la “misión” que le había encomendado.

La noche se ponía cada vez peor, arreciaba la tormenta y en el cementerio el amigo ya había localizado la tumba más reciente, aun con la tierra removida y empapada por el agua. Sacó una estaca de madera de pino y la clavó en la tierra...

Pasaban las horas y las gracias en la taberna se tornó en preocupación, los amigos se miraban y se decían: “éste nos está gastando una broma”. Pero pasaba el tiempo y no aparecía y decidieron acercarse al cementerio a ver qué había sucedido.

Al llegar se encontraron el coche aparcado en el aparcamiento y fueron buscando calle a calle, al final vieron un bulto en el suelo y corrieron hasta él. Se encontraba en una tumba reciente, con la mirada perdida y su cuerpo sin vida...

El médico, la policía y la Guardia Civil llegaron al cabo del tiempo determinando que había muerto de un infarto... Posiblemente originado por que al clavar la estaca lo hizo atravesando el impermeable.

Cuando la hubo clavado se levantó y trató de irse sin percatarse que el chubasquero estaba clavado al suelo, entonces creyó que alguien, desde la tierra de la tumba le estaba agarrando. Fue tal la impresión que el hombre creyó que desde la tumba le reclamaban dándole un infarto y muriendo allí mismo..., de miedo.

El tablero maldito

El tablero de la ouija es uno de esos elementos queridos y odiados al 50%. Un grupo de chicos que habían tratado de realizar psicofonías en una vieja casa en ruinas en las afueras de Sevilla (unas de esas casas apreciables desde la carretera), cuando hacía ouija...

La cosa no tenía más importancia, a priori, hasta que Salvador Delgado y Carlos Torres -dos de los chicos que realizaban la sesión- comenzaron a leer el mensaje el supuesto ser o entidad contactada, les decía claramente que «me habéis despertado de mi letargo, a partir de hoy seré vuestra compañía allá donde vayáis... “La supuesta entidad contactada decía llamarse Fernando de Medina que había vivido en nuestra región y que tenía un supuesto peso específico en la sociedad del tiempo en el que vivió. Los chicos no hicieron demasiado caso al supuesto mensaje recordando las palabras: «la ouija hay que tomarlo como un juego...» pero olvidaron nuestra coletilla «pero nunca a broma...»

A menudo, durante nuestras investigaciones hemos podido comprobar cómo debido a la psicología del grupo y a su inmadurez lo que simplemente debía ser un pasatiempos se convirtió casi en una tragedia creada y relacionada por su propio subconsciente. No es ni será el único caso parecido o similar a este que nos encontremos en nuestro discurrir y transitar por el mundo de la investigación de lo paranormal, a buen seguro habrá más...

Creer en la veracidad de los mensajes recibidos es una cuestión de fe ciega, cierto es que en un número elevado de ocasiones, la entidad contactada parece conocernos bastante bien, pero también puede que la entidad contactada sea en realidad uno de los participantes a la sesión. La ouija no es ningún juego y tampoco debe de tomarse a broma aunque asistamos a ella como un juego, siempre es mejor asistir con esta mentalidad que con una elevada dosis de temor y miedo. En estos casos la propia sugestión hace que la ficción se convierta en dura realidad.

¿Cuántas historias hemos oído o nos han contado acerca del «peligro» y misterios del famoso tablero denominado como ouija? Son muchas las historias sobre los contactos con entidades de otros planos a través de éste famoso tablero y es mucha la leyenda negra que cubre la práctica contactista a través del mismo. ¿Quizás esas mismas historias son las que han perjudicado en un movimiento involuntario al famoso tablero? Pero no es menos cierto que la propia actitud de sus participantes ha hecho el resto y créanme que sentimos decir esto pero muchos de los que hoy tratan de hacer Ouija no está preparado psicológicamente para ello... se dejan arrastrar por el miedo y esto desequilibra sus mentes.

Hablar sobre casos de la ouija es prácticamente repetir lo mismo una y otra vez y siempre cuando se repite un caso de psicología débil que sucumbe a la «presión» de su propio mensaje, es repetir una y otra vez los mismos riesgos, los mismos peligros y los mismos desencadenantes causa-efecto...

Nuestros seis jóvenes amigos habían acudido en sus ciclomotores en la noche de un sábado 25 de noviembre a un viejo caserón cercano a la localidad de Alcalá del Río cercano a una famosa presa de agua. Los chicos acompañados por tres chicas se pusieron a jugar con el tablero en un alarde de «valentía» y rememorando la película de «El proyecto de la Bruja Blair», con esta dosis de miedo interno que ninguno quería reconocer, tremendo respeto a lo que iban a hacer, débiles, muy débiles psicológicamente pero jugando a ser mayores y siguiendo, o más bien, desoyendo los consejos que se habían dado al respecto en un programa radiofónico sevillano se propusieron realizar un contacto sin igual.

En un principio las chicas no aceptaban jugar alegando que había «cosas más divertidas que hacer un Sábado noche que ponerse a hacer tonterías con un tablero» pero los chicos insistían una y otra vez en el tema y en su participación.

Las tres chicas reconocieron abiertamente el miedo que sentían por este tipo de sesiones contactistas y aún más tras la noche anterior haber visto la película referida, si a ello le sumamos lo oído en la radio sobre la precaución que debían de tener con este tablero hacía que tuvieran una actitud negativa al respecto. Los chicos, los dos citado, también reconocieron su temor interno pero «no podíamos aparentar miedo ante las parientas...», el tercer chico se mantiene sin querer hablar del tema.

La sesión comenzó y tras recibir aquel lacónico mensaje del ser «despertado» la inquietud se apoderó del grupo y se comenzaron a perder los nervios, las chicas comenzaron a desvariar pensando que para siempre tendrían un fantasma a su vera y la imaginación comenzó a volar en voz alta por los rincones de aquel viejo caserón... Tremendamente asustados dieron por finalizada la sesión bruscamente, montaron en su motos y en un mare-magnum de circunstancias comenzó una tormenta seca con estelas de rayos que aún encresparon más los nervios de los chicos.

En un histerismo casi sin igual las chicas oyeron un último ruido en la casa y creyeron ver sombrasen la fachada de la casa ante lo cual salieron de allí a todo lo que daban sus vehículos de dos ruedas. Entre llantos se dirigían a Sevilla no sin antes ver a lo lejos una extraña forma luminosa que creyeron todos que se trataba del «fantasma» anunciado -realmente no era más que un impermeable fluorescente sobre un poste junto a la carretera a una distancia de unos 50 metros de la posición de frenado de los ciclomotores.

La histeria se hizo aún mayor y en un acto casi suicida giraron sobre la misma calzada para dar un rodeo hasta sus hogares en San Jerónimo (barriada de Sevilla) .Al llegar se dieron cuenta como habían olvidado la grabadora en el viejo caserón y pensaron que debían de volver a por ella...quizás otro día. Tardaron en hablar del tema casi una semana y llegaron a la conclusión de que debían de hacerlo con profesionales y expertos en el tema. Sabían de nuestro programa de radio y gracias a ello se pusieron en contacto con estos dos investigadores vía correo electrónico. Tras facilitarnos un número de teléfono pudimos hablar con todos ellos, a los cinco que manifestaron su miedo ante la sesión sólo nos restó recordarles que no había que ir con miedo jamás a una sesión de ouija, que su miedo había obrado el histerismo y los nervios, que la película visionada tiene poco de real y les recordamos lo que es la ouija y todo lo que la rodea. El sexto participante aceptó hablar, con una evidente actitud negativa hacía estos dos investigadores no soportó la presión de un «interrogatorio» y ante la actitud sospechosa que mantenía decidimos apretar un poco nuestra línea de actuación...

El chico se derrumbó y reconoció haber movido él el máster de la tabla con el mensaje, le gustó la historia de «Tomás Bonilla» (el típico nombre en la ouija), una historia y una entidad con la que contactaba cuando realizaba ouija.

De esa guisa decidió llevar a cabo su propia trama para llevar emoción a aquella noche y dejándose llevar por la película vista ideó algo que llevará nervios al grupo... como él mismo reconoció, las cosas se le fueron de las manos y se contagió de aquel extraño ambiente de tal forma que creyó que su «broma» estaba cobrando realidad y fue el que más se dejó llevar por el miedo, la histeria y los nervios desmedidos...

Después de aquello el sentimiento de culpa interno lo llevó a encerrar en lo más oscuro de su recuerdo ese episodio no queriendo hablar de él, como si lo hubiera olvidado o que jamás hubiera sucedido, pero llevándolo siempre presente. La confesión ante nosotros lo alivió a la vez que la obligación moral de confesar ante sus amigos. La grabadora desapareció del lugar, evidentemente alguien se encontró con el regalo dejado allí por nuestros seis amigos...


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