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La aventura del misterio

Viaje, voluntario, más allá de muerte

31 ago 2021 / 04:20 h - Actualizado: 30 ago 2021 / 11:21 h.
"La aventura del misterio"
  • Viaje, voluntario, más allá de muerte

La muerte es un momento que a todos nos asusta, a todos nos da miedo cruzar esa línea en la que no sabemos que nos depara o que hay más allá. Por ello resulta tan sugerentes los relatos sobre experiencias cercanas a la muerte y todo lo que es ese paso que describen aquellos que han estado en el umbral de la vida y la muerte.

El tema de puso de moda -y contemplado con otras perspectivas- a raíz de una película llamada «Línea Mortal» (Flatliners) de 1990 dirigida por Joel Schumacher y con un sensacional reparto en el que destacaban jóvenes actores -ya consagrados- como Kiefer Sutherland, Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin y Oliver Platt.

El argumento era tan inquietante como posible de realizar: un grupo de cinco estudiantes interesados en casos de personas que han estado clínicamente muertos, ese interés les lleva a querer experimentar por ellos mismos que ocurre cuando se está en tan delicado trance y se someten a una experiencia de muerte clínica voluntaria forzando la paralización del corazón y el cerebro siendo monitorizados en todo momento. Cuando el monito da una línea plana es que ese momento ha llegado y se comienza la reanimación. Tras «volver a la vida» cada uno de los chicos comenta su experiencia siendo más o menos traumáticas y no libres de «efectos secundarios».

Pero... ¿Es posible? La respuesta es un SI rotundo. Hay personas que han realizado ese viaje de forma controlada. Evidentemente no es legal ni está permitido, lo prohíben las normas y la ética médica pero cierto es que hay quienes se han sometido a este tipo de experiencias y los resultados han sido impactantes. Hace cuestión de un año y medio tuve la ocasión de hablar con un grupo de médicos muy interesados en este tema. Fue a raíz de una conferencia que di sobre «Experiencias Cercanas a la Muerte» cuando en el turno de «preguntas» me consultaron por todo ello. Ya había escuchado este mismo tema en ocasiones anteriores y el dilema moral que ello provocaba pero también el avance en este tipo de cuestiones y, la verdad, siempre entendí que en lo que Medicina y Ciencia se trata siempre hubo un punto de riesgo, como aquellos que se inoculan una vacuna para saber sus efectividad y efectos, este caso no es mucho más que todo eso aunque lo que se pone en juego pueda ser la propia vida. La contraprestación es una experiencia que puede ser fascinante pero, ¿merece la pena?

Me sorprendió cuando acabé aquella experiencia y una persona, junto a una acompañante, me esperaban iniciando una conversación en la que le interesaba vivamente mi opinión sobre determinados temas. Me pidió que nos sentáramos en unos asientos en el exterior del recinto donde se dio la conferencia y me pidió mi opinión sobre unos casos. Pensé que se trataba de una persona apasionada de estos temas. De una carpeta que llevaba, de las típicas azules de elásticos, sacó una serie de documentos, hojas de informes, me llamó la atención que eran cuadros médicos, diagnósticos, todo con nombres tapados y sin desvelar identidades, documentos oficiales. No pude reprimir mi curiosidad y le dije: «Una de dos: o te has encontrado todo esto tirado en un contenedor o lo has sacado de un hospital». Sonrió y me dijo que más bien lo segundo. Que era médico y que le interesaban mucho estas cosas, que estuvo en contacto con el difunto doctor Enrique Vila, que para mi fuera un buen amigo y orientador en este tema, sobre todo a raíz de su obra póstuma «Yo vi la luz» (Absalon Ediciones). Así leí todo detenidamente y eran personas que habían sido declaradas clínicamente muertas y que, sin saber cómo, habían logrado regresar de un viaje sin aparente retorno.

Me pidió mi opinión sobre este tema y le expresé mi convencimiento que las experiencias de todas esas personas habían sido reales, otra cosa es descubrir la naturaleza de las mismas y debido a qué. Le expliqué que en el año 2010, en octubre, sufrí un tremendo accidente de tráfico con mi motocicleta, quedé mal parado y durante el trayecto al hospital, pese a ir fuertemente anestesiado, podía escuchar todas las conversaciones que tenían en la ambulancia, de la preocupación por llegar rápido al centro médico, de ver una escena como fuera de mi cuerpo o de ver una luz lejana que, posteriormente, quise atribuir al efecto de los fármacos que me introdujeron para mitigar dolor o estabilizar las constantes.

De esta forma la conversación quedó emplazada al despacho profesional y poder hablar más tranquilamente de todo ello. Por eso me dirigí al día siguiente a la dirección facilitada y derivó todo a un viaje voluntario a esa frontera de la «vida y la muerte», viaje controlado con reanimación posterior. Me pareció de locura e interesante al 50% y de como, él mismo, había tenido la oportunidad de experimentar ese viaje con un completo cuadro e informes de todo ese viaje en el que coincidía con lo que eran los estereotipos de ECM que muchos narraban. Además había coincidido en un hospital con colegas interesados en esta materia y en esas experiencias donde redactaban informes sobre ello de los llamados «Tanatonautas».

Incluso hablamos del libro-novela de Bernard Werber donde un anestesista consigue reducir las constantes vitales de una persona hasta llevarla a un estado de muerte inducida y despertarla para contar su experiencia. Así la posibilidad de inducir un estado de estas características, que para mí era impensable, más propio de un guion de cine que de la realidad, cobró un nuevo significado.

Un quirófano con todos los requisitos y fármacos adecuados, un personal preparado, abundante información sobre el tema, cuadros clínicos estudiados y experiencias en un terreno no apto para personas con apego a esta vida. «¿Y tú te atreverías?» me preguntó mirándome a los ojos. Mi respuesta fue rápida: «Sí«, pero eso es ya otra historia a la que supe enfrentarme y que les contaré en otro momento...

Experiencia Cercana a la Muerte

En el diario Los Ángeles Times se recoge la experiencia de una persona que atraviesa por lo que es una experiencia cercana a la muerte que refleja bien todos esos estadios vitales que se atraviesan al cruzar el umbral con la muerte.

Mary Neal, una cirujana ortopédica de la columna, es una de estas personas, quien dio su testimonio ocurrido en 1999, en un viaje por medio de un kayac en Chile. Sostuvo que cayó directo hacia una cascada y su cuerpo se sumergió complemente en el agua mientras sentía que sus huesos se quebraban y narró: “Mi torso estaba absolutamente pegado a la cubierta delantera del barco y podía sentir mis huesos rompiéndose. Pensé que debería estar gritando, pero no lo estaba. No tenía dolor, ni miedo, ni pánico, me sentí más viva de lo que nunca me sentí”.

“Podía sentir que mi espíritu se despegaba de mi cuerpo y que se liberaba a los cielos. Inmediatamente fui recibida por un grupo de personas, espíritus, no sé cómo llamarles. No los reconocía, pero ellos habían sido importantes en mi vida”, reveló.

Al mismo tiempo, la mujer podía mirar hacia el río y ver como su cuerpo estaba sumergido en el agua. Ella estuvo sin oxígeno un total de 30 minutos. “Pero los seres me dijeron que no era mi momento, que tenía que volver a mi cuerpo”, dijo.

Le negaron la muerte asistida y su despedida fue espantosa, ahora su esposa sufre de estrés postraumático. “Una experiencia cercana a la muerte a veces se llama ECM, una experiencia profunda que muchas personas tienen cuando se acercan al fin de la vida. Probablemente, entre el 10 y el 20 por ciento de los individuos cuyos corazones se detienen en realidad informarán sobre estas dramáticas experiencias”, dijo Bruice Breyson, profesor emérito de psiquiatría y ciencias neuroconductuales de la Universidad de Virginia.


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