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"A las mujeres en la empresa se nos sigue viendo como a unas ocupas"

Presidenta de la Asociación de Mujeres Cooperativistas de Andalucía. Defiende que la idea de crear tu propia empresa debe partir del convencimiento, no de la necesidad.

el 30 jun 2012 / 18:08 h.

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Aspecto de los montes cercanos a la localidad valenciana de Alborache, afectados por el fuego.
–¿La mujer llega a la cooperativa por convencimiento o por necesidad de buscar un trabajo que le permita conciliar su vida familiar con la laboral?
–Hay dos motivos. El primero es que tu tope dentro de la empresa llega pronto. Sales de la facultad muy bien formada, empiezas como becaria, escalas en la empresa... pero llega un momento en el que observas que compañeros con menos experiencia y currículum te pasan por encima. Y te plantas. El segundo motivo es el de la corresponsabilidad. Los horarios son dantescos y el fardo de la familia cae sobre las mujeres.

–¿Y llegando por necesidad, hay más o menos posibilidades de éxito de una empresa?
–Los proyectos por necesidad nunca funcionan. A estos hay que dotarlos de un proyecto empresarial importante. No es bueno acordarnos del mundo empresarial solo en épocas de crisis. Así, siempre tendremos una sociedad endémica de empresarios y empresarias.

–No es un buen caldo de cultivo pese a lo que se dice en estos tiempos.
–Nacerán muchos proyectos pero, ojo, como no tengan un buen sustrato empresarial eso no se sostiene.

–¿Vienen ahora más mujeres a informarse de esta vía de trabajo?
–Sí, sí, pero inmediatamente se topan con el tema de la financiación. Aunque por suerte para las cooperativas te puedes constituir en empresa con 800 euros puestos entre tres personas, a partir de ahí hay que construir. Hay que ir a un banco. La mayoría del capital inicial de nuestras empresarias no procede de bancos sino de préstamos familiares.

–¿Les molesta que les pregunten qué diferencia hay entre una empresa llevada por una mujer y una empresa conducida por un hombre?

–A mí no porque creo que hay formas de dirigir diferentes, que se encuentran por el camino y son complementarias. Lo que sí me molesta es que se nos haga la pregunta de la corresponsabilidad. Estoy convencida de que tenemos maneras de trabajar diferentes a la hora de generar herramientas de trabajo en equipo, pautas de diálogo, distribución del tiempo… Las mujeres tenemos adquiridas esas habilidades probablemente porque nos obligan a estar en un circo de ocho pistas. Los hombres tienen otras, y de lo que se trata es de que en el futuro se parezcan lo más posible.

–El presidente de la patronal de la banca ha dicho que en España hace falta una década de ajustes en los salarios. ¿Eso qué supondría para las mujeres?
–Las cooperativas son distintas a otras empresas. El capital humano es el que rige. Para mantener los sueldos tienes que hacer una política que consiste en que nadie puede cobrar una nómina desorbitada. Un gerente de una cooperativa cobra entre 2.500 y 3.000 euros y quizás la última persona 1.200 euros. Cuando se habla de que hay que adaptar los sueldos, yo creo que hay que hacerlo en el personal ejecutivo y, después, empecemos a ver la productividad. Centrarlo todo en la mano de obra barata es un error porque las personas así producen menos. Hay multitud de fórmulas en la empresa para ser competitivos.

–¿Cuál es el grado de productividad de una cooperativa?
–Con respecto a una empresa normal, suele producir entre un 30% y un 40% más. Si hablamos de mujeres, se duplica con hasta un 55% más.

–¿Existe el techo de cristal también en las cooperativas?
–Claro. Hay cooperativas que están metidas en pueblos donde hay toda una sociedad alrededor que te encasilla, que tiene sus estereotipos… Te encuentras mujeres que abren la brecha y que tiran del carro, pero es toda la sociedad la que tiene que cambiar. A las mujeres en el terreno empresarial se nos sigue viendo como a unas ocupas. Y nosotras además nos seguimos sintiendo raritas en los espacios económicos. Somos muy minoritarias.

–¿Hay que masculinizarse?
–Yo creo que no. Hay que ser habilidosas con las herramientas que tenemos alrededor. Traicionarse a una misma a la hora de ejercer algún tipo de liderazgo es malo.

–Para los jóvenes que están a la espera de un trabajo, ¿cómo convercerlos de que ésta es una salida?
–Con lo más fácil: se tiene trabajo. Los pocos puestos de trabajo que se están creando en Andalucía los está creando la Economía Social.

–La cooperativa tiene el marchamo de empresa buena frente a la empresa depredadora. ¿Se corresponde con la realidad?
–Sí, pero sí existe el mito de la ONG. Las cooperativas somos empresas. ¿Que no tributamos en la seguridad social? Pues claro que sí. ¿Que cobramos todos por igual? Pues no. Depende del trabajo que desempeñes, aunque lo que se busca es que el empleo sea de calidad.

–¿Ese buenismo que se les atribuye es una rémora?
–Claro, claro. Se nos asocia mucho al mundo rural, del que se piensa que está poco formado. Pero la mayoría de las cooperativas son de servicios o sociosanitarias. El perfil es el de hombres y mujeres de entre 30 y 40 años con titulación universitaria. Se nos han ido poniendo etiquetas que ya no existen.

–¿El modelo cooperativista puede ayudar a romper la imagen que se tiene del empresario español?
–De hecho, la economía social andaluza es ejemplo mundial. El presidente de la red de cooperativas del mundo es andaluz. El modelo es exportable pero siempre y cuando podamos producir en nuestra tierra.

–¿Cuál sería su sueño para los próximos años?
–Me gustaría pensar que van a existir el triple de empresas de mujeres, que los consejos rectores serán paritarios, que la financiación fluya y que la sociedad confíe y consuma nuestros productos.

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